
Para miles de emprendedoras mexicanas, Instagram, Facebook, WhatsApp, TikTok o una tienda en línea no son únicamente espacios personales: también son parte del negocio. Ahí encuentran clientes, construyen una reputación, reciben pedidos y promocionan sus productos. Por ello, la violencia digital puede trascender la esfera privada y convertirse también en un problema comercial.
La Secretaría de las Mujeres y Telefónica Movistar México comenzaron a impartir talleres en los Centros LIBRE para ayudar a las participantes a reconocer y prevenir distintas manifestaciones de violencia digital, como parte de una estrategia para fortalecer el uso seguro de internet y las herramientas tecnológicas.
La iniciativa se desarrolla dentro de una red que alcanzó en junio de 2026 los 1,001 Centros LIBRE en funcionamiento en el país, espacios que ofrecen acompañamiento jurídico, psicológico, social y actividades orientadas a fortalecer la autonomía de las mujeres.
La colaboración con Telefónica se suma a otras acciones que la dependencia ha desarrollado durante 2026 alrededor de los derechos digitales. En marzo, por ejemplo, la Secretaría de las Mujeres y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones alcanzaron un acuerdo voluntario con Google, Meta y TikTok para fortalecer la prevención y agilizar la atención de casos de violencia contra mujeres en sus plataformas.
La capacitación ocurre en un contexto en el que la exposición a agresiones digitales sigue siendo considerable.
El Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025 del Inegi estimó que 21.5% de las mujeres de 12 años o más que utilizaron internet experimentó alguna situación de ciberacoso durante el periodo analizado. Entre las mujeres de 20 a 29 años, la proporción llegó a 28%.
Entre las situaciones reportadas por mujeres estuvieron el contacto mediante identidades falsas, con 36.8%; mensajes ofensivos, 30.8%; insinuaciones o propuestas sexuales, 25.2%; recepción de contenido sexual, 23.5%; y suplantación de identidad, 19.4%.
Para una persona que administra un negocio desde internet, algunas de estas conductas pueden tener consecuencias adicionales.
Una cuenta falsa puede hacerse pasar por la propietaria de una marca. Una campaña de hostigamiento puede llenar de comentarios agresivos las publicaciones del negocio. La exposición de información personal puede revelar domicilio, teléfono o ubicación, y una cuenta comprometida puede utilizarse para engañar a clientes.
La legislación mexicana reconoce la violencia digital dentro de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencias.
El artículo 20 Quáter incluye la difusión o intercambio sin consentimiento de contenido íntimo sexual, pero también contempla actos dolosos cometidos mediante tecnologías que dañen la intimidad, privacidad o dignidad de las mujeres.
Esto significa que la violencia digital no se limita a la publicación de imágenes íntimas.
Puede relacionarse, según las circunstancias, con acciones como hostigamiento persistente, amenazas, vigilancia digital, exposición de datos personales o utilización de tecnología para afectar la intimidad y dignidad de una persona.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana también identifica entre las manifestaciones que deben prevenirse el acoso, hostigamiento, amenazas, suplantación de identidad, vigilancia digital, campañas de desprestigio y manipulación de imágenes mediante inteligencia artificial.
Sin embargo, no todo incidente de ciberseguridad constituye violencia digital por razones de género.
Un correo de phishing enviado indiscriminadamente, por ejemplo, puede ser un intento de fraude. En cambio, una campaña diseñada específicamente para hostigar, intimidar, sexualizar o vulnerar a una mujer puede entrar en otro ámbito jurídico.
En algunos casos ambos problemas pueden cruzarse.
Una pequeña empresaria suele concentrar en pocas cuentas una cantidad considerable de información.
Su teléfono puede contener conversaciones con clientes, fotografías de productos, datos bancarios, contactos de proveedores y accesos a plataformas de venta.
Además, es frecuente que la imagen personal de la fundadora sea también la cara del negocio.
Esto crea una superficie de exposición diferente a la de una compañía grande, donde existen departamentos separados de comunicación, sistemas, legal y atención al cliente.
Un ataque contra una emprendedora puede afectar simultáneamente:
Por eso, la seguridad digital debería formar parte de la operación cotidiana de una microempresa.
