
Grupo Lala sabe que en muchas casas mexicanas, tirar el bote de crema cuando queda vacío simplemente no es opción. Todos pueden ser empaques reutilizables y servir para guardar frijoles, salsa, arroz, mole, cebolla picada o cualquier cosa (la creatividad no tiene límites).
La marca también sabe que es un clásico abrirlos y llevarte una sorpresa. Pensando en esto lanzaron una nueva colección de envases reusables que abrazan esta bonita tradición, llevando la nostalgia y el orgullo ‘mexa’ a su estrategia de marketing.
El diseño de los nuevos botes de Lala ahora incluye un pequeño espacio en forma de etiqueta con la frase ‘Aquí se guarda’, para escribir con plumón qué contiene el recipiente. La idea es que el envase se pueda ocupar varias veces, cambiando lo escrito cada vez que cambie su contenido.
Por supuesto, esta forma reciclaje casero no es nueva ni exclusiva de la marca o de los botes de crema. Se trata de una práctica cotidiana y ancestral que también ocurre con recipientes de yogurt, helado y otros alimentos. Sin embargo, parece que Lala y un par de marcas son de las pocas en notarlo, reconocerlo y usarlo a su favor (y se tardaron).
El nuevo diseño llega después de que Grupo Lala incorporó el tema del empaque a su estrategia de sustentabilidad. En julio de 2026, Dairy News reportó que la compañía apostaba por envases ecológicos en un contexto de mayores precios de los lácteos y competencia de marcas propias. El medio señaló que Lala también trabajaba con formatos biodegradables y asépticos para determinados productos.
La compañía ya había documentado antes una estrategia de reducción, reúso y reciclaje de residuos. En su informe de sustentabilidad, Grupo Lala señaló que trabajaba con distintas acciones para disminuir los desechos y reportó que en 2018 recuperó más de 6,800 toneladas de PET y PEAD, equivalentes al 60% de los envases que colocó en el mercado ese año.
En 2022, un estudio de Kantar encontró que 91.5% de las familias mexicanas compraba productos a granel. Dentro de ese grupo, 14% señaló que ya tenía el envase y por eso optaba por rellenarlo, mientras 29% consideró que comprar productos sueltos era una práctica ecológica.
La reutilización también aparece en otros hábitos ambientales. En otro estudio de Kantar, 47% de los mexicanos consideró que utilizar un sistema de refill o llevar un contenedor para guardar productos podía contribuir a reducir el impacto ambiental. La misma medición señaló que 54% veía los empaques reciclados como una alternativa para disminuir el daño al planeta.
Lala entiende que el empaque puede tener una segunda vida, que su función no termina al consumir el producto. Claro que no es la única.
A principios de septiembre, Corn Flakes lanzó en México una colección de cajas con ilustraciones inspiradas en distintos destinos del país. Están diseñadas para conservarse, enmarcarse o reutilizarse como recuerdo.
La propuesta convierte el empaque en algo más que un contenedor: al terminar el cereal, la caja puede permanecer como un objeto decorativo ligado a la identidad mexicana. El concepto se acerca a una práctica mucho más cotidiana: las bolsas de mandado que regalan comercios y pequeños negocios.
Con el nombre, teléfono o logotipo impreso, estas bolsas funcionan como publicidad ambulante mientras cumplen una función práctica durante meses o incluso años. El fenómeno convierte un objeto promocional en parte de la rutina doméstica y demuestra que la utilidad también puede extender la vida de una pieza de marketing.
En ambos casos, el empaque deja de ser un elemento desechable para convertirse en un objeto que permanece, circula y adquiere una función distinta después de cumplir su propósito original.
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