
Los paneles solares ya cubren techos, desiertos e incluso superficies flotantes. Ahora, científicos chinos quieren llevar la generación fotovoltaica a un lugar mucho menos intuitivo: debajo del mar.
Un equipo encabezado por investigadores de la Universidad de Yunnan logró operar módulos solares de perovskita a una profundidad real de 10 metros frente a las islas Weizhou, en el mar de China Meridional. El trabajo fue publicado el 11 de septiembre de 2026 en la revista científica Joule.
El experimento representa la primera demostración práctica a esa profundidad de un sistema fotovoltaico submarino capaz de suministrar energía útil de manera estable, de acuerdo con la universidad.
El principal problema es que el agua actúa como filtro.
La luz roja y las longitudes de onda más largas desaparecen rápidamente conforme aumenta la profundidad, mientras que sobreviven principalmente componentes azules y verdes del espectro visible. Los paneles convencionales de silicio no están optimizados para aprovechar esas condiciones.
Los investigadores utilizaron células de perovskita de haluro de plomo con una banda prohibida de aproximadamente 1.96 electronvoltios, ajustada precisamente al espectro de luz disponible entre cinco y 10 metros bajo el agua.
En condiciones de laboratorio que simulaban una profundidad de 10 metros, las células alcanzaron una eficiencia de conversión de 34.71%. Esa cifra no debe compararse directamente con el rendimiento de un panel convencional bajo luz solar terrestre estándar: corresponde a un espectro submarino específico y de mucha menor intensidad. Bajo el estándar solar AM 1.5G, el dispositivo obtuvo una eficiencia certificada de 16.79%.
La prueba clave ocurrió fuera del laboratorio.
Los científicos fabricaron módulos de perovskita con 115 centímetros cuadrados de superficie activa y los llevaron al mar con ayuda de vehículos submarinos.
Después de dos horas de exposición generaron:
A la máxima profundidad probada, la electricidad almacenada permitió cargar baterías de ion-litio y mantener luces LED funcionando.
Esto demuestra algo diferente a producir electricidad para una ciudad: el objetivo inicial es alimentar dispositivos de bajo consumo que ya operan bajo el agua.
Las aplicaciones potenciales incluyen sensores oceanográficos, cámaras, equipos de comunicación, sistemas de acuicultura y vehículos submarinos autónomos.
Actualmente, muchos de estos equipos dependen de baterías que deben recuperarse y reemplazarse, conexiones por cable o sistemas de generación instalados en superficie. Una fuente fotovoltaica local podría prolongar misiones y reducir intervenciones de mantenimiento.
Ese es el verdadero potencial de la tecnología: no competir inicialmente con grandes parques solares terrestres, sino proporcionar pequeñas cantidades de energía de manera continua donde conseguir electricidad resulta complicado y costoso.
El equipo realizó también pruebas aceleradas de envejecimiento.
Sus cálculos proyectan una vida T80 de 48,094 horas, equivalente a unos 5.49 años, bajo condiciones simuladas de iluminación a 10 metros y una temperatura de 25 °C. T80 significa el periodo estimado hasta que el dispositivo conserva 80% de su rendimiento inicial.
Eso no significa que un módulo ya haya funcionado cinco años debajo del océano. Se trata de una proyección obtenida mediante ensayos acelerados.
Además, quedan retos técnicos como encapsular materiales durante largos periodos, operar a mayores profundidades y estudiar qué sucede con la acumulación de microorganismos y organismos marinos sobre la superficie.
Los investigadores planean ahora profundizar las pruebas y desarrollar estándares específicos para evaluar dispositivos fotovoltaicos submarinos.
