
Pelón Pelo Rico convirtió un dulce popular mexicano en una pieza que parece salida de una boutique de lujo. La marca presentó Pelón Nº1, una edición limitada de 600 piezas con hojuelas de oro comestible, botella de cristal y certificado de autenticidad.
La campaña, protagonizada por Aislinn Derbez, juega con una contradicción bastante clara: tomar un producto cotidiano y ponerlo en un escenario asociado con exclusividad, sin cambiar su sabor de tamarindo picosito.
La otra parte de la jugada está en el precio y la ubicación: cada pieza cuesta solo $20 pesos, pero se venderá exclusivamente en El Palacio de Hierro Polanco, la sucursal más ostentosa de la firma. Además, solo podrán comprarlo quienes logren pasar una prueba. Eso es FOMO.
Pelon Number One conserva el sabor que identifica a la marca, pero cambia por completo el lenguaje visual del producto. En lugar del envase habitual, la edición utiliza una botella de cristal con acabados inspirados en productos premium, acompañada por hojuelas de oro comestible, numeración y certificado de autenticidad.
La elección de El Palacio de Hierro Polanco tampoco es un detalle menor. El concepto coloca a Pelón Pelo Rico dentro de un espacio asociado con marcas de alta gama y productos exclusivos, creando un contraste deliberado entre el origen popular del dulce y la estética que normalmente acompaña al lujo.
La propia marca presentó la edición como “una revolución en indulgencia” y la describió como “un lujo al alcance de todos”. La campaña tiene a Aislinn Derbez como protagonista y utiliza el concepto #DolceEPicosita, mezclando italiano y español tal como mezclaron el tamarindo con la haute couture.
José Antonio Lie, director de Marketing e Innovación de The Hershey Company para América Latina y el Caribe, explicó a Merca2.0 que la estrategia busca acercar Pelón a consumidores más jóvenes mediante propuestas basadas en novedad y disrupción.
Aquí aparece la segunda parte de la estrategia. Aunque Pelón Nº1 utiliza cristal, oro comestible y una edición limitada a 600 unidades, cada pieza cuesta solamente $20 pesos. El precio es parte central del concepto porque rompe con la expectativa que generan los elementos de lujo del producto.
Pero comprarlo no será tan sencillo como llegar al mostrador y pagar. La edición estará disponible únicamente el 25, 26 y 27 de septiembre en El Palacio de Hierro Polanco, donde habrá una dinámica para acceder a las piezas.
La activación contempla 90 unidades por día y los participantes deberán superar una prueba para obtener el derecho de compra. Además, la dinámica está vinculada con la tarjeta departamental de El Palacio de Hierro, por lo que la experiencia de compra también forma parte del concepto de exclusividad.
La estrategia, entonces, no consiste simplemente en cubrir el ponerle oro al Pelón. La marca tomó los códigos que normalmente hacen reconocible al lujo: edición limitada, materiales especiales, certificación, distribución exclusiva y una experiencia de acceso, y los puso sobre un dulce que cuesta $20 pesos.
Ahí está el chiste de Pelón Nº1: durante tres días, un producto de consumo masivo juega a ser artículo de lujo sin dejar de ser el Pelón de tamarindo que todos conocen. Y para probarlo habrá que pasar primero por la prueba.
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