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Humanos para emprender, agentes para multiplicar.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente informó del aseguramiento de 13 ejemplares conocidos como “dragón mexicano” dentro de instalaciones de una empresa de paquetería en la Ciudad de México.
La intervención evitó que los animales continuaran en la cadena de transporte y comercialización. La denominación “dragón mexicano” o “dragoncito” suele aplicarse a distintas lagartijas arborícolas del género Abronia, por lo que la identificación precisa debe proceder del dictamen técnico de Profepa.
Los dragoncitos son lagartijas de la familia Anguidae que viven principalmente en árboles y bosques húmedos de montaña. Sus escamas, cabeza triangular, cola prensil y coloración verde, azulada o turquesa les dan una apariencia que recuerda a los dragones de la ficción.
El género Abronia comprende 29 especies: 19 se distribuyen en México y 18 de ellas son endémicas, es decir, únicamente habitan de manera natural en el territorio nacional. Debido a su demanda comercial y situación de conservación, las 29 especies están reguladas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, CITES.
Esto no significa que toda posesión o traslado sea automáticamente ilegal. Los criaderos, unidades autorizadas y propietarios deben contar con documentos que demuestren el origen legal, además de los permisos y sistemas de identificación aplicables.
Los colores intensos y la apariencia poco común de las abronias las han convertido en animales atractivos para coleccionistas de reptiles. Esa demanda puede incentivar su extracción de los bosques y su transporte en condiciones inadecuadas.
Una investigación publicada en 2026 sobre Abronia graminea identificó como principales amenazas la deforestación, el tráfico ilegal y la muerte de ejemplares motivada por creencias o percepciones negativas. La especie estudiada tiene una distribución restringida en zonas montañosas de Veracruz, Puebla y Oaxaca.
Los autores también advirtieron que publicar ubicaciones demasiado precisas puede facilitar la extracción ilegal. Esto plantea un reto para científicos y organizaciones: compartir información suficiente para proteger la especie sin revelar datos que permitan localizar poblaciones vulnerables.
El aseguramiento en la CDMX no es un caso aislado. En enero de 2021, una empresa de mensajería detectó seis dragoncitos escondidos dentro de una media colocada en un peluche, junto con dulces. El paquete pretendía viajar de México a Alemania y no incluía documentos que acreditaran la procedencia legal de los animales.
Los reptiles estaban hacinados y presentaban una condición física aparentemente regular. Profepa los dejó bajo resguardo para determinar su destino y continuar el procedimiento correspondiente.
En 2016, autoridades alemanas también interceptaron cuatro ejemplares vivos de Abronia graminea enviados desde Guadalajara dentro de un paquete etiquetado como ropa y dulces. Ese mismo año, Profepa aseguró 29 lagartos de esa especie transportados desde la Ciudad de México hacia Nuevo Laredo sin documentación.
Estos antecedentes muestran que las empresas de logística pueden ser utilizadas para conectar la extracción, el comercio digital y la entrega final. También evidencian la importancia de capacitar al personal, revisar paquetes sospechosos y mantener canales directos de aviso con las autoridades ambientales.
El artículo 420 del Código Penal Federal contempla penas de uno a nueve años de prisión y de 300 a 3,000 días multa para quien realice actividades ilícitas de tráfico, captura, posesión, transporte, acopio, importación o exportación de especies endémicas, amenazadas, en peligro, sujetas a protección especial o reguladas por tratados internacionales.
Además del proceso penal, Profepa puede imponer medidas administrativas, asegurar precautoriamente los ejemplares y definir su traslado a una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre o a una instalación autorizada para su atención.
Profepa recomienda no adquirir fauna silvestre sin verificar su procedencia. El vendedor debe entregar documentación que permita rastrear al ejemplar hasta una UMA, un Predio o Instalación que Maneja Vida Silvestre, un importador o un establecimiento autorizado.
Una nota de venta sin datos verificables, la ausencia de marcaje, los precios inusualmente bajos o la petición de enviar al animal oculto dentro de otro producto son señales de alerta.
La dependencia también recuerda que muchas especies necesitan alimentación, temperatura, espacio y atención veterinaria altamente especializados.
Incluso cuando el origen es legal, comprar un animal silvestre implica responsabilidades que difícilmente pueden cumplirse en una vivienda convencional.
Para plataformas de comercio electrónico, redes sociales y empresas de paquetería, el caso plantea la necesidad de fortalecer la revisión de publicaciones, verificar vendedores reincidentes y conservar información que pueda ser solicitada en una investigación.

