
Durante 75 años, quienes vivían o trabajaban en Kagurazaka podían entrar a KIMURAYA para comprar verduras, comida preparada, productos importados, vino o simplemente resolver las compras del día.
El 30 de junio de 2026, esa rutina llegó a su fin.
El supermercado situado en Kagurazaka 6-50, Shinjuku, Tokio, cerró definitivamente después de operar desde 1951. La prensa local reportó que numerosos clientes habituales acudieron durante su último día y expresaron tristeza y agradecimiento por un negocio que había acompañado al barrio durante varias generaciones.
Pero fue una fotografía de los últimos momentos del establecimiento la que resumió mejor la despedida: una persona del equipo de KIMURAYA aparece en la entrada, inclinándose profundamente ante quienes estaban fuera del local.
Una última reverencia antes de cerrar las puertas.
No fue una quiebra repentina ni una retirada provocada por falta de clientes.
La publicación comunitaria Kagurazaka de Kaguramura informó que el inmueble sería demolido debido a su envejecimiento y deterioro, lo que provocó el cierre de KIMURAYA el 30 de junio.
El establecimiento había abierto durante el periodo de reconstrucción de Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial, en 1951, y terminó convirtiéndose en uno de esos negocios difíciles de separar de la identidad cotidiana de un vecindario.
Vendía productos frescos, alimentos preparados y artículos domésticos, pero también se distinguía por su selección de productos importados y bebidas alcohólicas. Medios locales recuerdan incluso que era frecuentado tanto por vecinos como por trabajadores de los numerosos restaurantes de Kagurazaka.
En Japón, inclinarse puede expresar saludo, respeto, disculpa o agradecimiento dependiendo del contexto y la profundidad del gesto.
En el caso de KIMURAYA, la imagen fue publicada por Ichigaya Keizai Shimbun bajo el título de “el último saludo de KIMURAYA”. La fotografía muestra una profunda inclinación frente al acceso del supermercado ya prácticamente vacío y con avisos de cierre colocados en la fachada.
No fue la única señal del vínculo con la comunidad.
Durante la última jornada, clientes dijeron que extrañarían el establecimiento y agradecieron sus años de servicio. La publicación vecinal Kaguramura describió a KIMURAYA como una presencia incorporada a la vida diaria: un lugar para comprar el almuerzo, buscar ingredientes o llevar productos importados de regreso a casa.
El cierre adquiere mayor significado por el lugar donde ocurrió.
Kagurazaka es uno de los barrios históricos de Tokio. Fue un importante distrito de geishas y hoy mezcla calles empedradas, restaurantes tradicionales, tiendas antiguas, gastronomía francesa, galerías y nuevos comercios. La oficina oficial de turismo de Tokio lo describe incluso como el “Pequeño París” de la ciudad.
Esa combinación entre negocios de toda la vida y establecimientos contemporáneos forma parte de su atractivo.
Por eso, perder un supermercado de barrio puede tener un impacto distinto al cierre de una sucursal convencional. No desaparece únicamente un punto de venta: también se modifica una parte de la infraestructura cotidiana que permite que una zona turística continúe funcionando como un lugar donde realmente vive gente.
La historia tuvo además un pequeño epílogo empresarial.
KIMURAYA tenía productos propios que los vecinos asociaban con la tienda, entre ellos Kagurazaka Ebi-Pī, una botana de camarón y cacahuate, y su Giant Corn.
Después del cierre, el comercio cercano Kagurazaka Sada acordó continuar vendiéndolos.
La operación mantuvo tanto al fabricante como la receta original. Las ventas comenzaron el 25 de julio de 2026, apenas unas semanas después de la desaparición del supermercado.
La conexión surgió precisamente de una relación vecinal: el establecimiento Sada se encuentra muy cerca de la antigua KIMURAYA y sus responsables conocían al encargado de compras del supermercado. Esa relación permitió que parte de la marca sobreviviera incluso después de desaparecer el negocio que la creó.
