
Durante años, Bill Gates ha figurado entre las voces más optimistas sobre el potencial de la inteligencia artificial. Ahora, el cofundador de Microsoft está elevando el tono de sus advertencias.
En un extenso ensayo publicado en Gates Notes, Gates sostiene que la transición hacia la era de la IA podría convertirse en uno de los periodos de mayor turbulencia social y económica de la historia reciente y considera que gobiernos y sociedades todavía no se están preparando suficientemente.
Su argumento central es que esta revolución tecnológica no necesariamente seguirá el patrón de otras anteriores.
La transformación de economías agrícolas en economías industriales y de servicios tomó generaciones. La IA, en cambio, puede implementarse sobre computadoras y teléfonos que ya existen, funciona mediante lenguaje natural y está adquiriendo capacidades que anteriormente requerían trabajo cognitivo humano.
Eso podría acelerar el cambio de manera radical.
Gates estima que actividades en derecho, servicio al cliente, medicina, programación y manufactura estarán entre las afectadas durante la próxima década. También prevé que robots cada vez más capaces empiecen a competir por tareas físicas en industrias como construcción y hospitalidad antes de que termine la década. Estas son proyecciones de Gates, no estimaciones económicas confirmadas.
El empleo es el primero de los tres grandes riesgos que Gates identifica.
Su preocupación se concentra particularmente en trabajadores jóvenes, puestos de entrada y posiciones de nivel medio. Una diferencia crucial, argumenta, es que la pérdida de determinados empleos por IA podría ser estructural y no simplemente consecuencia de un ciclo económico.
La evidencia disponible todavía exige cautela.
Una revisión de investigaciones publicada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en junio de 2026 concluyó que los aumentos de productividad relacionados con IA generativa son reales pero desiguales y que, hasta ahora, el desplazamiento laboral a gran escala continúa siendo limitado. Sin embargo, identifica riesgos relacionados con desigualdad y una posible reducción de oportunidades para trabajadores jóvenes.
En otras palabras: la destrucción masiva de puestos que anticipa Gates todavía no ha ocurrido, pero existen señales suficientes para justificar el debate sobre capacitación y transición laboral.
El segundo peligro que plantea Gates es que la inteligencia artificial reduzca el conocimiento necesario para cometer delitos sofisticados.
Fraudes, deepfakes, desinformación, vigilancia y ciberataques podrían hacerse más baratos y accesibles. También menciona amenazas de mayor gravedad, como el uso de IA para facilitar ataques biológicos o localizar vulnerabilidades en infraestructura crítica.
El tercer riesgo es menos económico, pero igualmente inquietante: el impacto de la IA sobre el desarrollo de niños y jóvenes y sobre las relaciones humanas.
Gates teme que compañeros virtuales diseñados para ser permanentemente complacientes sustituyan parte de las interacciones que permiten desarrollar habilidades sociales. También señala investigaciones preliminares que relacionan un uso intensivo de IA con menor pensamiento crítico, aunque reconoce que la evidencia disponible todavía es limitada y mixta.
Una de sus propuestas más llamativas consiste en crear una categoría que denomina “Human Reserved”, o reservada para humanos.
La idea sería decidir como sociedad que determinados trabajos deben continuar siendo realizados por personas aun cuando una máquina pueda técnicamente hacerlos.
Gates pone como ejemplo tareas de cuidado, salud, educación y atención de situaciones emocionalmente delicadas. No plantea una lista definitiva y reconoce que cada país tendría que decidir dónde colocar esos límites.
También recupera una propuesta que ha defendido anteriormente: cobrar impuestos a robots y al uso de IA, incluyendo los llamados tokens utilizados para operar modelos.
Su razonamiento es económico. Si una empresa paga impuestos vinculados al empleo de trabajadores, pero obtiene beneficios fiscales al comprar maquinaria, el sistema puede incentivar la sustitución de personas. Los nuevos gravámenes servirían, según Gates, para financiar capacitación y redes de protección social.
Por ahora, son propuestas personales del empresario y filántropo, no políticas aprobadas.
