Durante décadas, Ciudad Juárez construyó buena parte de su economía alrededor de la maquila. Su posición frente a El Paso, Texas, una red de cientos de plantas y generaciones de trabajadores especializados la convirtieron en una pieza relevante de las cadenas productivas entre México y Estados Unidos.
Ahora esa ventaja está entrando en una segunda etapa.
Un documento de promoción económica sobre la ciudad plantea que Juárez busca evolucionar desde la manufactura tradicional hacia ingeniería, automatización, tecnología y actividades de mayor valor agregado. También coloca al talento, la conectividad con Estados Unidos y el nearshoring como las principales cartas de la región.
La narrativa coincide parcialmente con lo que está ocurriendo sobre el terreno, pero necesita un matiz importante: la transformación tecnológica también está reduciendo el número de trabajadores que algunas fábricas necesitan.
Brookings describe a Juárez en su análisis del T-MEC de 2026 como un caso emblemático de transición manufacturera: la ciudad enfrenta automatización, mayores costos laborales e incertidumbre comercial, al mismo tiempo que avanza hacia electrónica de mayor valor, circuitos integrados, equipos de procesamiento y dispositivos médicos.
La ubicación continúa siendo difícil de replicar.
Juárez forma con El Paso y el corredor de Santa Teresa, Nuevo México , una región industrial en la que mercancías, proveedores y trabajadores se mueven diariamente a ambos lados de la frontera .
El documento proporcionado sostiene que por la zona transita alrededor de 17% del comercio México -Estados Unidos y menciona un intercambio cercano a 219,000 millones de dólares durante 2025.
Esa última cifra no pudo corroborarse con la misma definición en estadísticas federales estadounidenses.
El Bureau of Transportation Statistics (BTS) reportó para 2025 un comercio de mercancías de 112,403 millones de dólares en Ysleta, 26,858 millones en El Paso y 33,380 millones en Santa Teresa. En conjunto, esos tres cruces suman alrededor de 172,600 millones de dólares y representan cerca de 19.8% del valor reportado para los principales corredores terrestres entre ambos países.
Más allá de la diferencia metodológica, la escala confirma el argumento central: para una empresa que produce en Juárez, Estados Unidos no es un mercado lejano, sino un mercado ubicado literalmente al otro lado de la ciudad.
El otro gran número requiere actualización.
Autoridades municipales reportaron a finales de 2025 330 plantas industriales activas en unos 26 giros productivos. El documento base habla además de más de 300,000 empleos ligados directamente a manufactura.
Sin embargo, la fuerza laboral se ha reducido de manera considerable.
Datos del programa IMMEX del INEGI retomados en agosto por El Diario de Juárez muestran que las maquiladoras locales empleaban 253,863 personas en junio de 2026. Aunque ese mes recuperaron 2,617 puestos, el sector todavía acumulaba una pérdida de 72,525 empleos frente al máximo de 326,388 trabajadores alcanzado en junio de 2023.
Esto no significa necesariamente que Juárez esté dejando de fabricar. Parte de la paradoja es que puede producir y exportar más utilizando menos mano de obra, gracias a automatización, robótica y procesos de mayor productividad.
Para trabajadores, universidades y gobiernos, esa transición cambia la pregunta: ya no basta con atraer plantas; importa qué tipo de empleo generan.
El documento identifica semiconductores, electrónica, dispositivos médicos, automotriz y aeroespacial entre las áreas con potencial de mayor valor.
En agosto apareció una señal concreta.
La taiwanesa Pegatron anunció una inversión de 330 millones de dólares para ampliar sus operaciones en Ciudad Juárez entre 2026 y 2029, con una nueva planta enfocada en componentes electrónicos para electromovilidad y tecnología destinada a centros de datos. El Gobierno de Chihuahua prevé la creación de 1,000 empleos especializados.
La administración estatal sostiene además que Chihuahua concentra cerca de la mitad de los circuitos producidos en México . La cifra procede del propio gobierno estatal y no de una medición independiente, por lo que debe presentarse con esa atribución.
Brookings sí identifica una evolución verificable de Juárez hacia productos electrónicos de mayor complejidad, incluidos circuitos integrados, procesadores y equipo de redes, además de una base consolidada de instrumentos médicos.
Juárez tiene también una escala demográfica relevante.
Las proyecciones de COESPO, basadas en CONAPO, estimaron 1,661,295 habitantes en el municipio durante 2025, equivalentes a 41.1% de la población de Chihuahua . Además, 31.7% tiene entre 12 y 29 años.
Eso proporciona una cantera laboral grande, pero manufactura avanzada necesita perfiles distintos a los que sostuvieron históricamente la maquila intensiva en mano de obra.
El reto será formar más técnicos e ingenieros en automatización, electrónica, semiconductores, análisis de datos y mantenimiento avanzado, además de reconvertir a trabajadores desplazados por procesos automatizados.
El propio documento reconoce que la siguiente etapa debería concentrarse en empleos mejor remunerados, generación de conocimiento, talento local y cadenas de proveedores más sofisticadas, no únicamente en acumular inversiones.
Estar junto a Estados Unidos continúa siendo una ventaja, pero 2026 ha demostrado que la geografía por sí sola no garantiza crecimiento.
Brookings advierte que Juárez enfrenta al mismo tiempo incertidumbre por política comercial, mayores costos laborales y automatización. El potencial del nearshoring dependerá también de desarrollar mano de obra especializada y resolver cuellos de botella de infraestructura y energía.
La próxima revisión del T-MEC añade otra variable.
Por eso, la apuesta de Juárez puede resumirse de una manera distinta a la narrativa tradicional de “más maquilas”: menos dependencia del volumen de trabajadores y más competencia por ingeniería, electrónica avanzada, proveedores locales y propiedad intelectual.





