
Hay sabores que forman parte de la memoria colectiva de México aunque pocos consumidores conozcan quién los creó. Uno de ellos es la grosella de las paletas, raspados, gelatinas y bebidas, ese perfil dulce, ácido y de intenso color rojo que generaciones de mexicanos han probado desde la infancia.
Detrás de él está Deiman, una empresa mexicana que comenzó operaciones en Ciudad de México en 1938 y que, más de ocho décadas después, fabrica saborizantes, colorantes, esencias y productos semipreparados para la industria de alimentos.
La compañía sigue vendiendo en 2026 su Esencia Grosella Ref. 732, además de concentrados, colorantes y jarabes con ese sabor. Su tienda incluye presentaciones destinadas a gelatinas, bebidas, productos lácteos, raspados y alimentos congelados.
Pero la empresa que hizo popular aquel sabor mexicano ahora tiene una ambición considerablemente mayor: llevar su marca a todos los continentes antes de cumplir 100 años en 2038.
La historia de Deiman comenzó el 7 de noviembre de 1938, cuando Francisco Medina González fundó la compañía en Ciudad de México con el apoyo de sus hermanos Andrés, Mariano y Manuel Medina.
Según la propia empresa, su objetivo inicial era impulsar una industria mexicana de colorantes y saborizantes para alimentos. Con el tiempo también participó en el desarrollo de estándares y procesos para este sector.
Fue dentro de esa familia donde surgió el sabor que terminaría convirtiéndose en uno de sus productos más reconocibles.
Manuel Medina probó distintas variedades de grosella durante sus viajes y, según relatos posteriores de la familia, utilizó sus características para construir un perfil artificial que combinaba diferentes notas de la fruta.
José Medina Flores, integrante de la familia y director de la compañía, explicó años después que Manuel hizo una especie de “resumen de grosellas”: no reprodujo exactamente una sola variedad, sino que desarrolló un perfil propio inspirado en varias.
Por eso, decir que Deiman “inventó la grosella” requiere una precisión: no creó la fruta ni su sabor natural, sino la formulación artificial que terminó popularizándose en México en productos como paletas y raspados.
Reportes empresariales sitúan el desarrollo de esta formulación entre las décadas de 1940 y 1960. Para 2016, la grosella todavía representaba alrededor de 4% de las ventas de saborizantes de Deiman y generaba más de 10 millones de pesos, según cifras proporcionadas entonces por la compañía.
Décadas después, el producto no desapareció del catálogo.
Deiman comercializa actualmente una esencia de grosella destinada a bebidas, gelatinas, productos lácteos y congelados en presentaciones que van desde 120 mililitros hasta 20 litros.
También vende concentrado D-15 de grosella, colorantes denominados Rojo Grosella y un jarabe preparado específicamente para raspados, granitas y aguas frescas.
El sabor que ayudó a construir la identidad de la compañía convive ahora con un portafolio mucho más amplio.
En agosto de 2026, Deiman informó que a lo largo de su historia ha desarrollado más de 4,000 sabores y colores y que actualmente su portafolio reúne más de 1,000 SKUs y ocho marcas activas.
La transformación también puede observarse en su expansión internacional.
En 2017, apenas alrededor de 3% de la producción de Deiman se destinaba a exportación y la empresa buscaba aumentar su presencia en mercados de América Latina como Colombia y Perú.
Para 2019 ya reportaba operaciones en distintos mercados de Centro y Sudamérica y hablaba de incrementar el peso de las exportaciones dentro de su negocio.
En 2026 el escenario es diferente.
La compañía asegura tener presencia en nueve países y cuenta con cinco centros de distribución en América, de acuerdo con la información difundida durante su más reciente renovación de marca.
También reportó abastecer en México a más de 36,000 paleterías y neverías, 67,000 panaderías y 94,000 cafeterías, además de restaurantes, hoteles, cines, estadios, tiendas de conveniencia y compañías de las industrias de bebidas, lácteos, confitería, panificación y botanas.
Estas cifras representan un crecimiento considerable frente a las aproximadamente 30,000 paleterías, 27,000 panaderías y 70,000 cafeterías que la compañía reportaba años atrás.
En agosto de 2026, Deiman presentó una renovación de su plataforma de marca bajo el concepto “Confianza para crear”.
El cambio incluye identidad visual, empaques, materiales comerciales y comunicación digital, y busca unificar la presentación de la empresa en los distintos mercados donde opera.
Pero detrás del cambio gráfico hay una estrategia de crecimiento.
José Medina, director general de Deiman, señaló que la compañía quiere competir globalmente con una identidad común, mientras la directora comercial internacional, Eva Deneken, explicó que la empresa se encuentra ampliando espacios tanto en mercados donde ya tiene presencia como en aquellos donde todavía tiene margen para crecer.
El objetivo de largo plazo es particularmente ambicioso: llegar al centenario de Deiman en 2038 con presencia en todos los continentes.
La historia de Deiman también muestra cómo una empresa mexicana puede construir propiedad intelectual alrededor de algo aparentemente cotidiano: un sabor.
El consumidor quizá nunca vea el nombre de la compañía cuando compra una paleta, toma una bebida o pide un raspado. Su modelo es principalmente el de un proveedor de ingredientes que trabaja detrás de otros negocios.
Ese lugar poco visible no le ha impedido acompañar durante décadas a miles de pequeños establecimientos mexicanos.
Paleterías, panaderías, cafeterías y negocios de alimentos siguen formando parte de una red comercial que comenzó a construirse mucho antes de que palabras como startup, internacionalización o ecosistema emprendedor dominaran el lenguaje empresarial.
Y la grosella funciona como símbolo de esa historia.
La fórmula inspirada en distintas variedades de una fruta extranjera terminó convertida en un sabor que millones de mexicanos identifican con algo completamente local.
Casi nueve décadas después de la fundación de Deiman, esa esencia continúa vendiéndose mientras la empresa que la desarrolló prepara su siguiente apuesta: pasar de ser parte del sabor cotidiano de México a llevar ese portafolio al resto del mundo.
Con información de Ricardo Dorantes.
