
En 1945, Miguel Álvarez Ochoa detectó un problema que hoy parecería elemental: en México casi no había medicamentos formulados específicamente para niños y era común dividir dosis creadas para adultos. Con médicos de Guadalajara fundó Productos Infantiles, S.A., origen de PiSA Farmacéutica. De esos laboratorios surgirían después las soluciones de rehidratación oral que desembocaron en Electrolit, hoy una marca mexicana que compite en Estados Unidos.
Los primeros productos de PiSA incluían gotas contra cólicos, analgésicos, antipiréticos y jarabes para la tos.
La historia corporativa conserva además un detalle revelador sobre el estilo del fundador: Álvarez Ochoa supervisaba desde la compra de materias primas hasta fabricación, almacenamiento, distribución, promoción y venta. En 1950 se establecieron instalaciones especializadas en productos pediátricos en la colonia Moderna de Guadalajara, donde continúa el corporativo del grupo.
Diez años después de la fundación, la compañía evolucionaría hacia Laboratorios PiSA.
Aquí es donde la historia viral necesita un matiz.
La página oficial de Electrolit afirma que la historia de la marca comenzó en 1950, cuando en los laboratorios de Grupo PiSA se creó una solución destinada originalmente a combatir la deshidratación infantil.
Sin embargo, la cronología oficial de PiSA coloca en 1960 otro hito: señala que fue entonces cuando se convirtió en el primer laboratorio farmacéutico en desarrollar e introducir soluciones para rehidratación oral en el mercado mexicano.
Posteriormente, PiSA desarrolló las soluciones de rehidratación que terminaron convirtiéndose en uno de sus productos emblemáticos.
La escala actual contrasta con aquel pequeño proyecto tapatío.
PiSA reporta actualmente alrededor de 30,000 colaboradores, más de 1,500 marcas de medicamentos, 17 líneas de especialidad y 14 plantas de producción en México.
Su crecimiento no se limitó a Electrolit. La compañía se expandió hacia soluciones parenterales, diálisis, medicamentos especializados, dispositivos médicos y otros segmentos del sector salud.
Pero Electrolit terminó transformándose en la marca con mayor reconocimiento entre consumidores fuera del terreno estrictamente farmacéutico.
Electrolit llegó al mercado estadounidense en 2014. En 2023, Grupo PiSA firmó con Keurig Dr Pepper (KDP) un acuerdo de largo plazo para ampliar su venta y distribución en Estados Unidos.
Cuando se anunció la alianza, KDP informó que la marca ya generaba más de 400 millones de dólares en ventas minoristas estadounidenses y que había multiplicado sus ventas más de diez veces en cinco años.
En 2026, su integración al mercado deportivo estadounidense dio otro salto: Electrolit se convirtió en bebida oficial de electrolitos del US Open. Datos de Beverage Digest citados por Sports Business Journal colocaron su participación de 2025 en aproximadamente 1.8% del mercado estadounidense de bebidas deportivas por volumen. Gatorade continuaba muy adelante con 58.8%, pero la marca mexicana ya competía dentro del mismo anaquel.
Miguel Álvarez Ochoa no comenzó intentando construir una marca global de bebidas.
Comenzó intentando resolver un problema pediátrico.
Esa diferencia ayuda a entender por qué su historia resulta relevante para emprendedores: PiSA nació a partir de una necesidad específica y desatendida, no de la búsqueda de una categoría de moda.
Ocho décadas después, la compañía que empezó fabricando diez medicamentos infantiles emplea a decenas de miles de personas y una de las marcas que surgieron de sus laboratorios compite en Estados Unidos con gigantes internacionales.
No podemos acreditar que Álvarez Ochoa haya formulado personalmente Electrolit. Sí podemos afirmar algo igualmente potente: construyó la empresa mexicana en la que esa innovación pudo nacer.

