
Esperar a sentir dolor de pecho para pensar en la salud cardiovascular puede significar llegar tarde.
Buena parte de los factores que aumentan el riesgo de infarto, evento cerebrovascular y otras enfermedades cardiovasculares —como hipertensión, colesterol elevado o diabetes— pueden evolucionar durante años sin causar síntomas claros.
En México, el asunto tiene una dimensión considerable. Las enfermedades del corazón fueron la primera causa de muerte durante el primer semestre de 2025, con 95,935 defunciones registradas, por encima de diabetes y tumores malignos, de acuerdo con datos preliminares del INEGI.
Por eso, la prevención cardiovascular no empieza necesariamente con una tomografía o una prueba sofisticada. En muchas personas comienza con controles mucho más sencillos: presión arterial, colesterol, glucosa y una revisión de factores como tabaquismo y antecedentes familiares.
El cardiólogo preventivo Mahmoud Al Rifai, del Houston Methodist Hospital, explica que el propósito de estas evaluaciones es identificar factores de riesgo antes de que exista una enfermedad cardiovascular manifiesta.
La presión arterial es uno de los primeros datos que conviene conocer.
La recomendación de la U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) es realizar detección de hipertensión en todos los adultos a partir de los 18 años. Para quienes tienen 40 años o más o presentan mayor riesgo, sugiere una revisión anual; en adultos de 18 a 39 años con bajo riesgo y una medición previa normal, pueden considerarse intervalos de tres a cinco años.
En México, la necesidad de vigilancia es especialmente relevante. La Ensanut Continua 2021-2024 estimó una prevalencia de hipertensión de 29.1% entre los adultos, pero 40.5% de quienes tenían la condición no sabían que vivían con ella.
Una lectura elevada aislada no necesariamente equivale a un diagnóstico. La USPSTF recomienda confirmar las mediciones anormales fuera del consultorio, mediante monitoreo domiciliario o ambulatorio, antes de iniciar tratamiento.
El colesterol es otro componente básico de la evaluación cardiovascular porque niveles elevados de ciertas lipoproteínas favorecen la formación de placa en las arterias.
La American Heart Association (AHA) recomienda que los adultos conozcan sus niveles de colesterol desde aproximadamente los 20 años y, si tienen bajo riesgo, repitan el estudio cada cuatro a seis años; la periodicidad debe aumentar cuando existen otros factores de riesgo.
Este punto introduce una precisión frente al artículo original de Houston Methodist, que propone edades iniciales diferentes para hombres y mujeres. Esa división no coincide con la recomendación general actual de la AHA, que plantea valoración desde la adultez joven independientemente del sexo.
Además, las guías estadounidenses de dislipidemias publicadas en 2026 incorporaron nuevas herramientas para afinar el riesgo, como la recomendación de medir lipoproteína(a), o Lp(a), al menos una vez en la vida, especialmente útil para identificar riesgo hereditario que puede pasar inadvertido con un perfil tradicional.
En cuanto a la glucosa, la USPSTF recomienda detectar prediabetes y diabetes tipo 2 entre los 35 y 70 años en adultos con sobrepeso u obesidad, y valorar un inicio más temprano cuando existen factores adicionales de riesgo. Las pruebas pueden incluir glucosa en ayuno, hemoglobina A1c o una prueba de tolerancia oral a la glucosa.
Las edades son referencias clínicas generales, no calendarios universales: antecedentes familiares, obesidad, hipertensión, embarazo con diabetes gestacional u otras condiciones pueden justificar estudios antes o con mayor frecuencia.
Un chequeo cardiovascular no se limita al laboratorio.
El tabaquismo continúa siendo un factor modificable importante para infarto y evento cerebrovascular, y la evaluación médica también debe considerar el uso de cigarrillos electrónicos y otros productos con nicotina.
La AHA señala que fumar favorece la formación de coágulos y la acumulación de placa, mientras que la nicotina puede elevar temporalmente frecuencia cardiaca y presión arterial.
Los antecedentes familiares también importan. Una historia de enfermedad cardiovascular prematura o trastornos hereditarios del colesterol puede modificar la edad de inicio, la frecuencia de los análisis y las pruebas que un médico considere apropiadas.
No todas las personas necesitan una tomografía cardiaca.
Cuando los controles básicos no ofrecen una respuesta suficientemente clara, el médico puede recurrir a herramientas que estiman el riesgo cardiovascular. Una de ellas es PREVENT, desarrollada por la American Heart Association.
La calculadora utiliza información como edad, presión arterial, colesterol, función renal, diabetes y tabaquismo para estimar riesgo de enfermedad cardiovascular. Puede utilizarse en adultos de 30 a 79 años sin enfermedad cardiovascular conocida y generar estimaciones a 10 años y, en determinados grupos, a 30 años. Sus ecuaciones fueron desarrolladas utilizando datos de más de 6.5 millones de adultos.
Cuando todavía existe incertidumbre, puede considerarse una puntuación de calcio coronario, obtenida mediante tomografía computarizada. El estudio detecta calcio asociado con placas en las arterias coronarias y puede ayudar a reclasificar el riesgo.
Pero no es un estudio de rutina para toda la población.
Al Rifai advierte que una puntuación de calcio debe utilizarse de manera selectiva: en personas jóvenes, por ejemplo, puede existir placa que todavía no se ha calcificado y, por tanto, no aparecer en el estudio.
La prevención cardiovascular tampoco consiste en comprar el paquete médico más grande disponible.
Para una persona sin síntomas, el punto de partida suele ser mucho más sencillo: conocer presión arterial, colesterol, glucosa, hábitos y antecedentes, y utilizar esa información para decidir con un profesional de salud si hacen falta evaluaciones adicionales.
Esa diferencia es importante. Un chequeo preventivo bien dirigido intenta encontrar riesgo, no buscar enfermedades indiscriminadamente mediante estudios costosos.
En un país donde casi tres de cada 10 adultos viven con hipertensión y una proporción importante no lo sabe, las mediciones básicas continúan siendo una herramienta relevante antes de pensar en pruebas de imagen más complejas.
