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Puedes estar satisfecho con tu vida y aun así no sentirte bien: los datos lo muestran

COLUMNA

Ansiedad, cansancio, presión económica y nuevas exigencias profesionales plantean un reto distinto para quienes comienzan su trayectoria laboral.

La satisfacción con la vida no necesariamente refleja cómo se siente una persona en su experiencia cotidiana.
La satisfacción con la vida no necesariamente refleja cómo se siente una persona en su experiencia cotidiana. © Depositphotos.com

¿Es posible estar satisfecho con la vida y, al mismo tiempo, sentirse emocionalmente agotado? Los jóvenes mexicanos parecen estar demostrando que sí. Los datos más recientes del Módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE) 2026 del INEGI plantean una paradoja que debería llevarnos a revisar no solo cómo hablamos de bienestar, sino también cómo lo estamos abordando desde las empresas.

Mientras la satisfacción general con la vida en México aumentó de 8.65 a 8.75 puntos, las personas de entre 18 y 29 años registraron el balance anímico más bajo de todos los grupos de edad, con 5.02 puntos.

La cifra no debería interpretarse como una generación inconforme. Todo lo contrario. Una persona puede estar satisfecha con su vida, tener expectativas positivas sobre su futuro y valorar lo que ha construido, pero experimentar simultáneamente estrés, cansancio, preocupación o falta de energía en su día a día.

Ahí está, quizá, uno de los mayores desafíos que enfrentan hoy las organizaciones: hemos aprendido a medir la satisfacción, pero todavía estamos aprendiendo a entender el bienestar.

Más allá de las etiquetas generacionales

Durante años, la conversación sobre los jóvenes en el mercado laboral se ha construido alrededor de etiquetas. Se habla de la Generación Z como una generación que quiere flexibilidad, propósito, autonomía, nuevas formas de liderazgo y una relación diferente con la oficina.

Todo eso puede ser cierto, pero resulta insuficiente si no nos preguntamos qué está detrás de esas expectativas.

Para muchos jóvenes, entrar al mundo laboral significa hacerlo mientras enfrentan sus primeras responsabilidades económicas, buscan independencia, construyen una trayectoria profesional y toman decisiones que perciben como determinantes para su futuro.

La presión por avanzar convive con incertidumbre económica, la necesidad de actualizarse constantemente y una exposición permanente a nuevas demandas.

Del catálogo de prestaciones al bienestar cotidiano

Por eso, el bienestar no debería ser una respuesta a una generación, sino una respuesta a las personas.

Desde nuestra experiencia en Betterfly, hemos visto que uno de los cambios más importantes consiste precisamente en pasar de una lógica de beneficios estáticos a una experiencia de bienestar más flexible, preventiva y cercana a la vida cotidiana.

Esto puede parecer sencillo, pero implica cambiar la pregunta. En lugar de preguntarnos únicamente qué prestación adicional podemos ofrecer, deberíamos preguntarnos qué herramientas pueden ayudar realmente a una persona a cuidar de sí misma.

Para un colaborador joven, por ejemplo, el bienestar puede comenzar con algo tan concreto como conocer su estado de salud mediante un check-up preventivo, encontrar una manera accesible de incorporar ejercicio a su rutina o participar en un desafío que lo motive a caminar más, dormir mejor o desarrollar un hábito saludable.

También puede significar contar con herramientas para atender su salud emocional, orientación para manejar mejor sus finanzas o espacios que le permitan encontrar equilibrio entre las diferentes dimensiones de su vida.

Incluso los beneficios pueden adquirir una dimensión adicional cuando conectan el bienestar individual con un propósito colectivo. Los desafíos relacionados con actividad física, por ejemplo, pueden vincularse con donaciones a organizaciones sociales, de manera que una acción personal tenga también un impacto positivo en otras personas.

El bienestar como herramienta de prevención

Lo importante no es el beneficio en sí mismo. Lo importante es lo que permite hacer.

Un check-up puede ayudar a detectar oportunamente un problema. Un desafío puede convertirse en el primer paso para construir un hábito. Una actividad física puede contribuir a reducir el sedentarismo. Una herramienta de salud emocional puede facilitar que alguien pida ayuda. Una acción vinculada con una donación puede generar sentido de propósito.

Cuando se observa de esta manera, el bienestar deja de ser un catálogo de prestaciones y se convierte en una herramienta de prevención.

Y ello es particularmente importante cuando los indicadores nos muestran señales que no deberíamos ignorar. El BIARE 2026 reporta que 21.8% de la población presentó indicios de ansiedad y 13.4%, indicios de depresión.

En el caso de las mujeres, los indicadores fueron todavía mayores: 26.2% presentó indicios de ansiedad y 15.9%, de depresión.

Las personas de 18 a 29 años registraron el balance anímico más bajo entre los grupos de edad analizados por el BIARE 2026 | Imagen: Depositphotos.com
Las personas de 18 a 29 años registraron el balance anímico más bajo entre los grupos de edad analizados por el BIARE 2026 | Imagen: Depositphotos.com

Estos datos no constituyen diagnósticos clínicos, pero sí son señales suficientemente importantes para preguntarnos si estamos actuando antes de que el malestar se convierta en una crisis.

Las empresas no tienen que resolverlo todo

Las empresas no pueden ni deben pretender resolver todos los problemas personales de sus colaboradores. Pero sí pueden crear condiciones que faciliten el cuidado y la prevención.

Eso implica ofrecer acceso a herramientas diversas, promover hábitos saludables, facilitar apoyo profesional, preparar a los líderes para reconocer señales de alerta y construir culturas donde hablar de salud emocional no sea interpretado como falta de compromiso.

También significa abandonar la idea de que todos los jóvenes quieren exactamente lo mismo.

No necesitamos “beneficios para la Generación Z”. Necesitamos beneficios que puedan adaptarse a personas que están en distintos momentos de su vida, con necesidades y prioridades diferentes.

La personalización y la autonomía serán cada vez más importantes en esta conversación.

Medir el bienestar de otra manera

Y habrá que medir el éxito de otra manera.

No basta con saber cuántas personas tienen acceso a un programa o cuántas están registradas en una plataforma. Hay que observar si las herramientas se utilizan, si ayudan a construir hábitos, si facilitan la prevención y, sobre todo, si mejoran la experiencia cotidiana de las personas.

Porque el bienestar no ocurre una vez al año durante una campaña de salud. Ocurre todos los días.

La discusión sobre el futuro del trabajo suele concentrarse en inteligencia artificial, productividad, nuevas habilidades o modelos híbridos.

Sin embargo, existe una pregunta mucho más elemental: ¿qué condiciones estamos creando para que las personas puedan vivir y trabajar mejor al mismo tiempo?

Los jóvenes mexicanos nos están dando una pista. Pueden sentirse satisfechos con su vida y, aun así, experimentar un balance emocional considerablemente menor que otras generaciones.

No deberíamos pedirles simplemente que aprendan a manejar mejor esa contradicción. Deberíamos preguntarnos qué podemos hacer, desde las organizaciones, para que no tengan que elegir entre crecer profesionalmente y cuidar su bienestar.

Porque el verdadero futuro del trabajo no será aquel en el que las personas simplemente puedan permanecer más tiempo en una organización. Será aquel en el que puedan crecer dentro de ella sin dejar su bienestar en el camino.

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autor Lina Vanegas, Head of Marketing de Betterfly México, cuenta con más de 10 años de experiencia en comunicación y marketing, liderando estrategias de crecimiento, posicionamiento y expansión en Latinoamérica.