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RoRo construyó una marca perfecta hasta que internet empezó a tirar del hilo

COLUMNA

RoRo convirtió una estética, una voz y una forma de contar historias en una marca reconocible. Su crisis muestra por qué construir una identidad poderosa sirve de poco si la reputación no puede sostenerla.

RoRo convirtió su particular estilo de videos en una identidad inmediatamente reconocible dentro de TikTok.
RoRo convirtió su particular estilo de videos en una identidad inmediatamente reconocible dentro de TikTok. © Whoisroro vía Instagram

Hay algo fascinante en las marcas personales que funcionan realmente bien: podemos reconocerlas incluso antes de ver el nombre. RoRo consiguió exactamente eso.

Una voz suave. Lentes grandes. Elaboradísimas recetas hechas desde cero. La frase que comenzaba contando qué le apetecía a Pablo. Una estética femenina y doméstica que en 2024 la convirtió en fenómeno de TikTok y, para bien o para mal, en protagonista de una discusión mucho mayor sobre las llamadas tradwives. Ella rechazó repetidamente esa etiqueta, pero la conversación contribuyó a hacerla todavía más conocida.

@roro.bueno nunca los había hecho pero quedaron muy bonitos🤍 #homemade #chocoflakes #homecooking #recetafacil #recetarapida #comidacasera #comidasaludable #healthy #foodtok #parati #desayuno ♬ New Home (Slowed) – Austin Farwell

Desde la perspectiva del branding, aquello era oro: RoRo había conseguido algo por lo que las empresas pagan millones: diferenciación inmediata.

Dos años después, esa misma precisión se convirtió en una vulnerabilidad.

Porque cuando una marca está construida alrededor de una personalidad tan específica, cualquier duda sobre la autenticidad de esa personalidad deja de ser una polémica periférica. Golpea directamente el producto.

Y eso es precisamente lo interesante de la crisis que hoy enfrenta Rocío López Bueno.

El primer problema apareció cuando la historia dejó de coincidir con la percepción

La participación de RoRo en La Velada del Año VI debería haber ampliado su personaje. Mostraba disciplina, capacidad deportiva y una faceta distinta a la joven que preparaba elaboradas recetas para su novio.

Terminó haciendo algo muy diferente: abrió la primera grieta importante en la confianza.

Horas antes de su combate contra la mexicana Samy Rivers surgió una disputa por el casco especial que RoRo quería utilizar para proteger su nariz después de una cirugía. Rivers sostuvo que su equipo desconocía esas condiciones y llegó a poner en duda su participación. Finalmente hubo acuerdo y RoRo ganó por decisión unánime, pero la discusión siguió después del combate.

@roro.bueno

🤍

♬ sonido original – RoRo

Más tarde, Sandor Martín, coordinador técnico y deportivo de La Velada, afirmó que el equipo de RoRo había comunicado el uso del casco apenas unos días antes y relató otros desacuerdos relacionados con las condiciones del pesaje. Rivers también cuestionó públicamente la versión de su rival.

Podemos discutir durante horas quién tenía razón.

Para la marca RoRo, el problema era otro: había dejado de controlar el significado de la historia.

Una creadora cuya imagen estaba asociada con dulzura, transparencia y sencillez apareció repentinamente dentro de una discusión sobre ventajas, reglas, negociaciones y versiones contradictorias.

Cuando una crisis contradice el atributo central de una marca, el daño potencial se multiplica.

Internet no investiga una polémica: investiga tu pasado

Entonces ocurrió algo que cualquier persona que construye una marca personal debería tener presente.

El público empezó a tirar del hilo.

Resurgió una publicación antigua en la que, ante la pregunta de si era peruana, RoRo respondió “Never” acompañada de un emoji de vómito. Ella reaccionó el 3 de agosto, explicó que tenía 17 años cuando hizo el comentario, se definió entonces como “una niña ignorante” y pidió disculpas.

Creo que esa respuesta contiene una buena lección de comunicación: reconoció el comentario, contextualizó cuándo ocurrió y pidió perdón sin negar que lo había escrito.

Pero para entonces el problema reputacional ya estaba creciendo por acumulación. Porque las crisis digitales tienen una característica brutal: rara vez respetan la cronología.

Un comentario de hace siete años puede aparecer junto a una controversia de hace siete días y una acusación realizada hace siete horas. Para el algoritmo todo pertenece al presente. Y para el público puede empezar a parecer un patrón.

Cuando cuestionan la autenticidad, cuestionan el producto

El golpe más complicado llegó después.

La creadora ecuatoriana Galita Ari acusó a RoRo de haber replicado elementos de un formato que ella asegura utilizar desde 2018: el tono pausado, los lentes, determinados recursos de edición y videos construidos alrededor de preparar cosas para personas cercanas. También formuló acusaciones de acoso digital y presentó capturas y videos para sostener su relato.

Aquí conviene detenerse.

RoRo ha negado las acusaciones. Según diferentes medios, aseguró que no conocía personalmente a Galita, que no consumía su contenido y que las publicaciones que se le atribuían no eran suyas. También surgieron cuestionamientos sobre algunas de las pruebas presentadas por Galita. Hasta ahora no existe evidencia de una denuncia formal por plagio.

Además, desde el punto de vista jurídico, “copiar una personalidad” resulta muchísimo más complejo que copiar una fotografía, un guion o un video. Especialistas consultados por El Economista explican que un estilo no puede protegerse de manera exclusiva, aunque sí pueden estar protegidos contenidos concretos, el nombre, la imagen y determinadas obras.

Sin embargo, para una marca personal aparece un problema que los tribunales no pueden resolver: la duda.

Si el producto que vendes eres tú y alguien cuestiona públicamente cuánto de ese “tú” es auténtico, la discusión deja de ser sobre propiedad intelectual.

Se convierte en una discusión sobre confianza.

Una marca personal necesita algo más que consistencia

RoRo hizo muchas cosas extraordinariamente bien para construir su marca. Encontró un formato reconocible, desarrolló códigos visuales propios, convirtió actividades cotidianas en entretenimiento y consiguió que millones de personas asociaran determinadas expresiones y comportamientos con ella.

Pero la consistencia sin una reputación capaz de soportar contradicciones puede terminar pareciéndose demasiado a un personaje.

Después de semanas de polémica, RoRo prácticamente desapareció de redes y reapareció el 19 de agosto de una manera sorprendentemente discreta: una historia paseando por el campo junto a Pablo. Sin grandes explicaciones sobre las acusaciones de Galita ni una estrategia espectacular de regreso.

Tal vez sea demasiado pronto para saber si esa decisión funcionará.

Pero su caso ya ofrece una lección útil para cualquier fundador, ejecutivo, periodista, creador o profesional que esté construyendo su nombre en internet: tu marca personal no es aquello que publicas sobre ti.

Es la distancia que existe entre lo que dices que eres, lo que haces cuando nadie está cuestionándote y lo que las personas están dispuestas a creer cuando alguien finalmente lo hace.

Puedes diseñar una estética perfecta. Encontrar una voz inconfundible. Construir una comunidad enorme e incluso convertir tu personalidad en un negocio. Pero llega un momento en que la audiencia empieza a mirar detrás del personaje. Y ahí el branding deja de ser una cuestión de imagen: se convierte en reputación.

Tal vez por eso las marcas personales más resistentes no son aquellas cuyos creadores parecen perfectos. Son aquellas capaces de soportar que descubramos que detrás del contenido existe una persona bastante más complicada que el personaje que aprendimos a reconocer en quince segundos.

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autor Periodista web amante de los negocios y los cómics. Martha Violante es maestra por la Universidad Panamericana. Cuenta con una carrera de 17 años en estrategía editorial digital y creación de contenido sobre negocios, innovación y cultura digital en México. Ha entrevistado a figuras de la talla de Randi Zuckerberg, Daniele Lamarre, Zoe Saldana, entre otros. Ha trabajado en medios como Entrepreneur en Español e Inglés, Alto Nivel, Cine PREMIERE, México Desconocido, entre otros.