
Una campaña diseñada para “cortar el ruido” terminó generando muchísimo. El 9 de septiembre de 2026, la plataforma estadounidense de predicciones deportivas Novig presentó su primera campaña nacional, “Just Sports”, protagonizada por Sydney Sweeney.
En el comercial, la actriz aparece con poca o ninguna ropa mientras utiliza balones, raquetas, palos de hockey y otros implementos deportivos para cubrir partes de su cuerpo. El concepto pretende remarcar que Novig se concentra únicamente en deportes y no permite predicciones sobre política, guerras o muertes.
Sweeney explicó antes de que estallara la polémica que la idea buscaba ser divertida, segura de sí misma y juguetona.
Su participación va más allá de prestar su imagen: se incorporó como socia estratégica y accionista de Novig y colaboró en el desarrollo creativo de la campaña.
La respuesta más fuerte llegó desde el deporte femenino.
La nadadora australiana Ariarne Titmus, cuatro veces campeona olímpica, criticó que se siga utilizando el cuerpo femenino como recurso comercial dentro del deporte. La velocista británica Amy Hunt, la gimnasta estadounidense Gracie Kramer, la boxeadora Skye Nicolson y otras atletas se sumaron al rechazo.
Kramer impulsó además una respuesta viral en la que deportistas comenzaron a publicar imágenes de entrenamientos y competencias bajo la idea de “así es como se ven las mujeres en el deporte”.
Las críticas no cuestionan únicamente la desnudez. El argumento central es que una campaña de apuestas deportivas eligió representar a una mujer principalmente mediante su atractivo sexual en un momento en el que el deporte femenino lucha por ganar audiencia, inversión y reconocimiento por desempeño.
@itsemraine THIS is what women in sports look like… YEARS of fighting for a seat at the table. #sydneysweeney #womeninsports #sportscontentcreator #girlbossofsports #sportsad ♬ original sound – Emily Jane Fairs
Sweeney respondió indirectamente compartiendo imágenes de antiguos números especiales de ESPN en los que atletas como Serena Williams, Ronda Rousey y otros deportistas posaron desnudos.
Los datos disponibles apuntan a que sí hubo una caída abrupta, aunque conviene no atribuir automáticamente cada baja al anuncio.
Según cifras de Social Blade citadas por Infobae, Sweeney ganó alrededor de 50,000 seguidores durante los primeros tres días posteriores al lanzamiento.
Después llegó el desplome: el domingo perdió 136,848 seguidores y el lunes otros 68,000, una reducción superior a 200,000 cuentas en dos jornadas.
El número es llamativo, pero representa menos de 1% de una audiencia superior a 25 millones de seguidores.
Las métricas muestran correlación temporal con el escándalo, no permiten comprobar por qué cada usuario decidió dejar de seguirla.
Aquí aparece la paradoja empresarial.
Business Insider reportó, con datos de PeakMetrics, que las menciones de Novig aumentaron más de nueve veces después del lanzamiento. Además, la proporción de publicaciones favorables superó a las negativas.
Pero existe una señal menos favorable: solo alrededor de 4% de las conversaciones sobre la campaña mencionaban directamente a Novig. Gran parte de la atención quedó concentrada en Sydney Sweeney y la discusión sobre sexualización.
Ese dato resume uno de los problemas clásicos del marketing de controversia: una campaña puede volverse viral sin que el consumidor recuerde claramente qué producto estaba vendiendo.
La apuesta es especialmente importante para Novig. La startup levantó 75 millones de dólares en una Serie B en febrero, alcanzó una valuación de aproximadamente 500 millones de dólares y asegura haber superado 250,000 usuarios.
Su CEO, Jacob Fortinsky, reconoció que esta campaña representa una parte importante de su inversión publicitaria para la temporada de futbol americano.
Provocar conversación no es necesariamente malo.
Campañas controversiales pueden generar cobertura mediática equivalente a millones de dólares en publicidad y colocar a marcas desconocidas frente a audiencias enormes.
Pero el costo aparece cuando la provocación entra en conflicto con los valores de consumidores que la empresa podría querer atraer.
En este caso, el crecimiento del deporte femenino también significa crecimiento potencial de aficionadas y consumidoras de productos deportivos. Una campaña percibida como reductiva puede ganar clics entre una audiencia y simultáneamente alejar a otra.
