
Parecen pingüinos papúa normales: espalda negra, vientre blanco, pico anaranjado y la característica mancha blanca alrededor de los ojos.
Pero su ADN cuenta otra historia.
Un equipo internacional de investigadores encontró evidencia suficiente para describir una nueva especie de pingüino, Pygoscelis kerguelensis, que vive en las remotas islas Kerguelen, en el sur del océano Índico.
El descubrimiento forma parte de una revisión mucho mayor del grupo conocido como pingüinos papúa o gentoo. La investigación concluye que las aves que durante años fueron agrupadas bajo una sola especie representan en realidad cuatro linajes evolutivos suficientemente diferenciados para ser considerados especies distintas.
El trabajo fue publicado el 23 de abril de 2026 en la revista científica Communications Biology y volvió a cobrar atención internacional en septiembre después de ser difundido por UC Berkeley y medios especializados.
La recién descrita es conocida como pingüino papúa del sureste y recibió el nombre científico Pygoscelis kerguelensis, en referencia a las islas Kerguelen donde habita.
Es un ejemplo de lo que los científicos llaman una especie críptica: un organismo que luce prácticamente igual que otros parientes cercanos, pero posee diferencias genéticas suficientemente profundas para revelar una historia evolutiva propia.
Los investigadores encontraron algunas diferencias en tamaño y vocalización, pero a simple vista sería difícil distinguir al nuevo pingüino de otros papúa.
Las Kerguelen —también llamadas islas de la Desolación— están entre los lugares más aislados del planeta, a miles de kilómetros de grandes asentamientos humanos.
Ese aislamiento pudo ayudar tanto a que la población evolucionara de forma independiente como a que su verdadera identidad pasara inadvertida durante tanto tiempo.
El equipo analizó genomas completos de 64 pingüinos procedentes de 10 colonias reproductivas, cubriendo prácticamente toda la distribución conocida de los papúa. También comparó características físicas, vocalizaciones, alimentación, comportamiento reproductivo y otros rasgos.
La evidencia llevó a proponer cuatro especies:
El estudio calcula que estos linajes comenzaron a separarse durante los últimos 300,000 a 500,000 años.
El aislamiento entre islas y la llamada Frente Polar Antártica, una zona del océano donde cambian abruptamente temperatura y salinidad, contribuyeron a mantener separadas las poblaciones.
Paradójicamente, una de las claves está en su alimentación.
Los papúa son comedores flexibles: consumen peces, krill, calamares y otras presas. Como pueden alimentarse con lo disponible cerca de sus colonias, no necesitan recorrer distancias tan grandes como otras especies.
Además, suelen regresar a las mismas zonas para reproducirse.
Durante cientos de miles de años, esa combinación ayudó a mantener aisladas distintas poblaciones, que terminaron adaptándose genéticamente a sus respectivos ambientes.
Los científicos encontraron, por ejemplo, que los papúa del sur presentan adaptaciones relacionadas con producción de calor, almacenamiento de grasa y percepción de la luz, útiles en ambientes polares extremos. Otros linajes muestran diferencias vinculadas con metabolismo, oxígeno y capacidades de buceo.
UC Berkeley describe a P. kerguelensis como la primera nueva especie de pingüino nombrada en más de 100 años.
Como referencia, el pingüino saltarrocas septentrional, Eudyptes moseleyi, fue descrito taxonómicamente por Mathews e Iredale en 1921 y actualmente continúa reconocido como especie válida.
Eso no significa que durante un siglo no se hayan revisado clasificaciones de pingüinos. La taxonomía cambia conforme aparecen nuevas evidencias.
La diferencia ahora es que los autores describieron formalmente una especie que no había sido reconocida previamente, además de elevar otras poblaciones de papúa al nivel de especies.
Separar una especie en cuatro no es únicamente una discusión de nombres.
Cuando una población que parecía formar parte de una especie ampliamente distribuida resulta ser una especie independiente con territorio pequeño, su nivel real de vulnerabilidad puede ser mucho mayor.
Las proyecciones realizadas por los investigadores indican fuertes pérdidas de hábitat adecuado para tres de los cuatro linajes conforme avanza el calentamiento global. El papúa del sur podría verse menos afectado e incluso ampliar parte de su distribución.
El nuevo P. kerguelensis, en cambio, pertenece a una población relativamente pequeña y geográficamente aislada.
Por eso los autores sostienen que reconocer correctamente estas especies es importante para que gobiernos y organismos de conservación puedan evaluar sus amenazas por separado.
