
Masayoshi Son no es precisamente un escéptico de la inteligencia artificial. El fundador, presidente y CEO de SoftBank Group lleva años defendiendo que esta tecnología transformará industrias completas y ha colocado a su conglomerado en una de las posiciones financieras más agresivas dentro de la carrera global por la IA.
Por eso llamó la atención la advertencia que lanzó el 4 de octubre en Kioto, Japón.
Durante un evento realizado en el marco del Science and Technology in Society (STS) Forum, Son reconoció su preocupación por los riesgos de seguridad conforme los sistemas de IA adquieren capacidades cada vez mayores. El empresario participó junto con Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca.
Según Bloomberg, Son sostuvo que el crecimiento exponencial de estas capacidades obliga a los países a generar confianza y cooperar. Su advertencia central fue contundente: la superinteligencia en las manos equivocadas puede convertirse en algo “super dangerous”, es decir, “superpeligroso”.
El mensaje no significa que Son haya cambiado de opinión sobre el potencial económico de la IA. Más bien introduce una condición a su entusiasmo: cuanto mayor sea la capacidad de los sistemas, mayor deberá ser también la coordinación para controlar sus riesgos.
La advertencia resulta especialmente significativa por quién la pronuncia.
El 1 de octubre de 2026, apenas tres días antes de las declaraciones en Kioto, SoftBank confirmó que ejecutó un tercer y último tramo de 10,000 millones de dólares de una nueva inversión en OpenAI.
Con esa operación, la inversión acumulada de SoftBank en la empresa creadora de ChatGPT llegó a 64,600 millones de dólares, mientras que su participación se situó en aproximadamente 13%, según información de la propia compañía.
Es decir, Son está advirtiendo sobre los riesgos de una tecnología en la que simultáneamente está colocando decenas de miles de millones de dólares.
Tampoco ha abandonado su visión sobre la llamada ASI o inteligencia artificial superinteligente. En su informe corporativo de 2026, el empresario sostuvo que la revolución de la IA “apenas ha comenzado” y planteó que SoftBank quiere convertirse en el principal proveedor de plataformas para esa nueva etapa tecnológica.
La diferencia es que ahora el discurso de crecimiento viene acompañado de una preocupación más explícita sobre quién controla esos sistemas y bajo qué condiciones.
La preocupación aparece precisamente cuando la IA está dejando de limitarse a responder preguntas o generar imágenes.
SoftBank describe en su propia estrategia una transición hacia agentes de IA capaces de pensar y actuar de manera autónoma, seguidos eventualmente por sistemas conectados con robots y otras máquinas capaces de intervenir en el mundo físico.
Ese salto modifica el debate sobre seguridad. El problema ya no es únicamente que una IA genere información incorrecta, sino qué ocurre cuando un sistema recibe permisos para utilizar software, acceder a información, ejecutar procesos o controlar dispositivos.
Para Son, esa evolución también convierte la seguridad de la IA en un problema internacional, no únicamente empresarial.
Por ahora, las declaraciones de Son no cambian ninguna regulación ni restringen el acceso a herramientas de IA en México. Tampoco anunció SoftBank una reducción de inversiones o un freno a su estrategia.
Sin embargo, el contexto internacional sí está avanzando.
En el mismo encuentro de Kioto, Estados Unidos y otros 16 países respaldaron la llamada Kyoto Vision for a Golden Age of Science, una declaración que propone ampliar el uso de la superinteligencia para acelerar la investigación científica y facilitar el acceso de investigadores a herramientas, datos e infraestructura avanzada.
México no aparece entre los 17 países que respaldaron inicialmente la iniciativa.
Para empresas mexicanas que ya integran IA en procesos internos, atención a clientes, programación o análisis de información, el mensaje es relevante: conforme las herramientas ganen autonomía, también aumentará la importancia de definir permisos, proteger datos sensibles, mantener trazabilidad de las acciones automatizadas y establecer puntos claros de supervisión humana.
La advertencia de Son no plantea abandonar la IA. Plantea que la carrera por desarrollar sistemas cada vez más poderosos tendrá que correr en paralelo con otra: la de construir mecanismos capaces de mantenerlos bajo control.
