
Durante años, la llamada Dead Internet Theory —o teoría de la internet muerta— fue tratada como una hipótesis marginal: una web en la que cada vez menos actividad proviene de personas reales y cada vez más de bots, algoritmos y contenido automatizado.
La versión más extrema de esa teoría sigue sin estar demostrada. Sin embargo, una parte de aquella predicción ya dejó de pertenecer al terreno de la especulación: las máquinas pueden generar más solicitudes a páginas web que los humanos.
Datos de Cloudflare Radar muestran actualmente que los bots representan alrededor de 58.7% de las solicitudes HTTP dirigidas a contenido HTML, frente a 41.3% generado por humanos. Es importante el matiz: la cifra mide solicitudes a páginas HTML observadas por Cloudflare, no significa que 58.7% de las personas que “usan internet” sean robots.
La tendencia, sin embargo, aparece también en otras mediciones. Thales reportó que durante 2025 los bots representaron 53% del tráfico web observado, frente a 47% correspondiente a humanos; además, clasificó 40% del tráfico total como proveniente de bots maliciosos.
El cambio más importante no es simplemente que existan más bots. Es qué están haciendo.
Durante años, buena parte del tráfico automatizado correspondía a crawlers de motores de búsqueda, herramientas de monitoreo o programas dedicados a recopilar información. Los nuevos agentes de inteligencia artificial, en cambio, pueden navegar páginas, comparar productos, llenar formularios, acceder a cuentas y comenzar procesos de compra.
HUMAN Security encontró que el tráfico generado por agentes de IA y navegadores agénticos aumentó 7,851% interanual. La compañía advierte que el crecimiento parte de una base pequeña, por lo que el porcentaje debe leerse con cautela, pero la aceleración es significativa.
En 2025, 77% de la actividad de estos agentes se concentró en páginas de búsqueda y productos; 8.8% llegó a páginas de cuentas, 5% a procesos de autenticación y 2.3% a páginas de checkout. HUMAN detectó además que más de 95% del tráfico de IA analizado se concentró en retail y e-commerce, streaming y medios, y viajes y hospitalidad.
Para empresas mexicanas en esas industrias, la transformación es especialmente relevante.
La web comercial se construyó alrededor de un intercambio bastante sencillo: un buscador rastreaba un sitio, mostraba un enlace y enviaba personas hacia él. Esas visitas podían convertirse en publicidad, suscripciones, ventas o clientes.
La IA está rompiendo ese equilibrio.
Cloudflare señala que, en junio de 2026, 52% de las solicitudes de crawlers que identificó estaban destinadas al entrenamiento de IA, frente a 22% en la primavera de 2025. Otro 36% correspondía a crawlers de uso mixto que combinan búsqueda, entrenamiento y funciones agénticas.
El problema para medios, blogs, marketplaces y empresas que producen información es que una IA puede consultar su contenido, resumirlo y responder al usuario sin que esa persona visite posteriormente el sitio original.
Cloudflare asegura que algunas de las categorías más rastreadas han experimentado caídas de tráfico humano de hasta 40% en menos de un año y señala que ya existen más de 50 acuerdos entre publishers y empresas de IA firmados desde 2023. La propia compañía reconoce, sin embargo, que estas licencias difícilmente compensarán por sí solas la pérdida potencial de ingresos por publicidad, afiliación o tráfico referido.
PitchBook considera que esta transición está dando lugar a una “machine economy”, una economía en la que los agentes no solo consultan información sino que empiezan a utilizar APIs, contratar servicios y realizar tareas entre sistemas.
Su análisis calcula que alrededor de 20 billones de dólares —trillion en inglés— de trabajo global podrían estar expuestos a la IA, aunque por ahora solo cerca de 1% estaría pasando por flujos gestionados por agentes. Además, aproximadamente 25% de los desarrolladores ya diseña APIs pensando en agentes como usuarios principales.
Para una empresa, esto implica empezar a distinguir entre dos audiencias: la persona que visita una página y la máquina que consulta esa misma información en su nombre.
Eso puede obligar a revisar analítica, atribución, SEO, ciberseguridad, APIs y estrategias de monetización. También abre una nueva discusión: si una inteligencia artificial utiliza contenido para responder preguntas o realizar una transacción, ¿quién captura el valor económico de esa interacción?
