
¿Te ha pasado que el miedo al fracaso te lleva a dejar pasar una oportunidad o que aceptas más trabajo del que puedes asumir por miedo a perder un cliente? Al emprender, la forma en que gestionas tus emociones (inteligencia emocional) influye en cómo vendes, delegas, lideras y mantienes un balance entre tu vida personal y laboral.
Regular tus emociones juega un papel fundamental en el emprendimiento y en el liderazgo porque, cuando gestionas lo que sientes, puedes comunicarte asertivamente, vender con seguridad, manejar constructivamente los conflictos, mostrar empatía, escuchar activamente, trabajar en equipo y ejercer un liderazgo efectivo.
Además, las investigaciones sobre inteligencia emocional han encontrado relaciones con el desempeño y el manejo del estrés en el trabajo. Esto es importante si quieres sacar tu empresa o emprendimiento adelante y sostener un alto rendimiento a largo plazo.
Desde 2008 he trabajado con miles de emprendedores, empresarios y líderes. En mi trabajo como coach profesional y como CEO de mi empresa, Amayaco, he visto muchas veces cómo el miedo lleva a líderes y emprendedores a evitar conversaciones y les impide aprovechar oportunidades de negocio, vender y tocar puertas para dar a conocer el producto o servicio que están ofreciendo.
También he visto cómo el miedo a delegar o poner límites lleva a muchos profesionales a sobrecargarse de trabajo, afectando su bienestar.
Afortunadamente, es posible fortalecer tu habilidad para gestionar estas emociones. Veamos cuatro claves que te pueden ayudar a regular lo que sientes para obtener mejores resultados:
Cuando experimentes emociones incómodas o difíciles, como miedo, frustración o enojo, puedes hacer una pausa y tomarte un momento para observar qué estás sintiendo y por qué lo estás sintiendo.
Una vez que identifiques qué sientes, dale un nombre específico a la emoción. Esto es algo que se conoce como etiquetar las emociones.
Las investigaciones sobre etiquetado emocional señalan que poner en palabras lo que sientes puede ayudarte a regular tu experiencia emocional.
Adicionalmente, puedes preguntarte por qué te sientes así o qué fue lo que disparó esa reacción emocional en ti. Por ejemplo, puede que descubras que el disparador fue una suposición que realizaste sobre el comportamiento de otra persona o la manera en que interpretaste una situación.
Tomemos como ejemplo algo que les sucede a muchos emprendedores. Supón que las cosas no se están dando de la manera en que tú querías y esto te genera frustración. Empiezas a dudar de tu emprendimiento, te preguntas si deberías continuar, si deberías renunciar o si sería mejor volver a emplearte.
Esa frustración puede generarte desmotivación, afectar tu desempeño y producir otras emociones, como miedo o inseguridad, las cuales impactan tus decisiones y, por lo tanto, tu comportamiento y tus resultados.
Por eso, antes de decidir qué hacer con tu emprendimiento, puedes empezar por reconocer lo que estás sintiendo e identificar qué pensamientos están generando esas dudas. Adicionalmente, puedes recordar todo aquello que has logrado a nivel personal y profesional y las fortalezas que te han permitido alcanzar esos logros.
Hacer este ejercicio puede ayudarte a disminuir la frustración y aumentar tu automotivación y la confianza en que puedes lograr lo que te propones.
Es normal que, al experimentar emociones incómodas, tu reacción natural sea querer deshacerte de ellas. Sin embargo, pelear con tus emociones puede generar mayor tensión emocional dentro de ti.
Entonces, en vez de interpretar lo que sientes como una amenaza, una forma más efectiva de gestionar tus emociones es observarlas con curiosidad y aceptación. Puedes lograrlo respirando profundamente y enfocando tu atención en sentir las emociones en tu cuerpo, sin juzgarlas.
Además, la respiración profunda, así como otras técnicas de meditación y mindfulness, pueden favorecer la respuesta de relajación de tu organismo. Harvard Health incluye la respiración abdominal profunda entre las prácticas que pueden favorecer esta respuesta de relajación.
Por ejemplo, un momento en el que a mí me es muy útil respirar profundo es cuando alguna de las personas de mi equipo se equivoca. Recuerdo una situación en la que una de mis colaboradoras cometió varios errores durante varios días seguidos y yo sentí frustración.
En ese momento fue clave hacer una pausa, respirar y recordarme que todos somos humanos y cometemos errores porque, al hacerlo, fue más fácil para mí escuchar con empatía, poner límites con firmeza y dar retroalimentación con respeto y amabilidad.
Respirar profundo y regular mis emociones me permitió conversar desde la calma y la seguridad.
Pude compartir lo que estaba observando y preguntarle a mi colaboradora cómo estaba, qué estaba pasando y por qué creía que estaba cometiendo esos errores.
También le pregunté con qué acciones específicas y concretas podía comprometerse para evitar repetirlos, y la acompañé a definir acciones para mejorar.
Algo que también me ayuda cuando alguien de mi equipo comete errores o cuando el comportamiento de clientes, proveedores o colegas no es como yo esperaba es revisar cómo estoy interpretando la situación, porque la forma en que interpretamos lo que sucede tiene un impacto directo en nuestras emociones.
Entonces, cuando aparezca una emoción incómoda, puedes empezar por identificar el pensamiento, juicio o suposición que está detrás de lo que sientes.
Después, puedes preguntarte si esta forma de pensar es útil y si puedes tener un 100% de certeza de que lo que piensas es verdad. Al cuestionarlo, trata de encontrar una perspectiva más útil.
Por ejemplo, supón que lo que te frena a arriesgarte y buscar oportunidades es el miedo a que te digan que no, el miedo al rechazo, al ridículo o al fracaso.
Detrás de ese miedo puede haber pensamientos como “si lo intento, voy a fracasar”, “si hago esta presentación, se van a notar mis nervios y voy a hacer el ridículo”, “si me equivoco, se van a poner en riesgo los resultados” o “si me arriesgo, me van a decir que no”.
Esos pensamientos pueden hacer que sientas miedo y que no te arriesgues, no toques puertas y no busques oportunidades. Y si no lo intentas, ya tienes el no ganado. Mientras que, si lo intentas, habrá personas que te digan que no, pero también habrá quienes te digan que sí.
Para cuestionar esos pensamientos o creencias limitantes, puedes preguntarte:
Cuestionar esos pensamientos o creencias que no te son útiles puede ayudarte a cambiar tu estado emocional y sentir más tranquilidad y seguridad. También puede tener un impacto positivo en tus resultados.
Estos miedos no aparecen solamente al vender. También pueden aparecer cuando necesitas poner límites.
Por ejemplo, si piensas “si le digo que no a mi cliente, voy a perder el proyecto”, ese pensamiento puede generarte ansiedad. Esa ansiedad puede hacer que le digas que sí cuando necesitas decir que no.
Como resultado, puedes terminar con una sobrecarga de trabajo, cometer más errores y afectar la calidad de tu trabajo y tus resultados.
A través de las preguntas anteriores, puedes encontrar una forma más útil de pensar que te ayude a poner límites. Por ejemplo: “Puedo negociar con mi cliente los plazos o los entregables y encontrar un acuerdo que nos funcione a los dos, donde yo me cuide y, al mismo tiempo, cumpla con el objetivo y cuide la calidad de los resultados”.
Después de cuestionar los pensamientos o creencias que no son útiles, también puedes hacer pequeños experimentos para ponerlos a prueba. Para hacerlo, puedes construir una escalera de acciones: empezar por las que te generan menos miedo e ir avanzando poco a poco.
Primero, identifica la creencia que quieres cuestionar y haz una lista de acciones que te permitan ponerla a prueba. Ordénalas según el nivel de ansiedad que te generan y empieza por una que te resulte manejable y cuyas posibles consecuencias puedas asumir.
En el ejemplo del cliente, una acción para poner a prueba esa creencia puede ser negociar un plazo. Si te piden una entrega para esta semana, puedes proponer el lunes a primera hora, siempre que sea viable. Negociar unos días podría ser un riesgo manejable; proponer un mes después podría representar uno mucho mayor.
Después de conversar, observa qué pasó realmente: ¿se cumplió lo que temías?, ¿qué aprendiste?, ¿qué podrías hacer la próxima vez?
Repite ese paso para seguir aprendiendo de tu experiencia. Cuando te resulte más manejable, puedes avanzar a otro de la lista. Si un paso resulta demasiado difícil, puedes dividirlo en acciones más pequeñas. Se trata de ir tomando pequeños riesgos calculados y avanzar de forma gradual.
Así puedes encontrar evidencias para desafiar esas creencias limitantes, demostrarte que eso que estás pensando y te genera preocupación no necesariamente va a pasar, y reconocer los recursos que tienes para afrontar lo que suceda.
Ese aprendizaje puede ayudarte a construir formas más útiles y realistas de pensar que fortalezcan tu autoconfianza y automotivación para poner límites, delegar, mantener un balance entre tu vida personal y laboral, buscar oportunidades, exponer tus ideas y vender.
Siempre hay más trabajo por hacer. Lo sé porque yo también tengo mi propia empresa. Siempre hay más oportunidades que perseguir, cosas por mejorar e ideas para implementar. A su vez, para mantener un alto desempeño a largo plazo necesitas mantener una higiene emocional.
Mantener una higiene emocional implica tener hábitos que te ayuden a cuidar el balance entre tu vida personal y laboral. Esto incluye reservar espacios para descansar, recuperar tu energía física, mental, emocional y espiritual, y conectarte con lo que te gusta.
He visto en muchos clientes emprendedores, líderes y dueños de empresas que su alto nivel de compromiso y orientación al logro va acompañado de perfeccionismo, una excesiva necesidad de control y dificultad para delegar.
Aceptan más responsabilidades, trabajan jornadas muy largas y aumentan su carga de trabajo sin aumentar el equipo, delegar o subcontratar.
En algunos casos, esa sobrecarga y ese nivel de estrés empiezan a afectar su salud física y su estado emocional. Y no solamente lo he visto en otros. También ha habido varios momentos en mi vida en los que he caído en esto.
Para muchos de mis clientes, encontrar este balance se complica porque les cuesta delegar. Detrás de esto puede haber miedo a que se pongan en riesgo los resultados y, detrás de ese miedo, creencias como “si no lo hago yo, no va a quedar bien hecho”.
Para delegar necesitas aprender a confiar en otros y trabajar en esas creencias limitantes, cuestionando tu perspectiva, como lo vimos en el punto anterior.
Además de trabajar con las creencias que generan esos miedos, necesitas incluir en tu rutina actividades que te permitan mantener una higiene emocional.
En mi caso, camino todos los días en el parque para conectarme con la naturaleza y hacer ejercicio, medito, oro, leo y me aseguro de tener espacios diarios para compartir tiempo con mi familia.
También me aseguro de dormir entre ocho y nueve horas diarias y de tener espacios familiares y sociales los fines de semana.
En general, además de realizar actividades que te permiten renovar tu energía, también es importante recargarte realizando actividades que disfrutas.
Un ejemplo es el de Joel Gascoigne, fundador de Buffer, una empresa de herramientas para gestionar redes sociales. En un relato publicado en 2019, compartió que en 2017 llegó a un nivel de agotamiento que le dificultaba seguir liderando su empresa.
Decidió delegar responsabilidades y tomar una pausa de seis semanas. Durante ese tiempo buscó apoyo terapéutico y retomó actividades que disfrutaba. Entre sus aprendizajes destacó la importancia de desconectarse del trabajo y tener espacios para sus hobbies.
Adicionalmente, como parte de tu higiene emocional, puedes incorporar prácticas de mindfulness y meditación para enfocar tu atención en el momento presente y observar lo que estás sintiendo con aceptación y sin juicio.
En conclusión, fortalecer tus habilidades de inteligencia emocional no solamente impacta tu capacidad para producir los resultados que buscas, sino que te ayudará a disfrutar mucho más el camino hacia lograr lo que te propones.

