
En periodos vacacionales, los ciberdelincuentes aprovechan una ventana en la que los usuarios buscan las mejores alternativas para sus reservas. Este verano estamos viendo prácticas que podrían engañar incluso a los ojos más entrenados.
El phishing es un fraude digital diseñado para hacerse pasar por una empresa, un banco o una persona de confianza para robar contraseñas, datos o dinero. Durante mucho tiempo aprendimos a identificar un intento casi por intuición.
Antes, los errores ortográficos, un remitente extraño o una promoción absurdamente buena bastaban para encender las alertas. El phishing ha evolucionado y, sin embargo, muchas organizaciones siguen preparándose para enfrentar una amenaza que constantemente se adapta al entorno y a las nuevas tecnologías.
Ese es, probablemente, el mayor riesgo.
Reservamos vuelos, recibimos confirmaciones, hacemos check-in, autorizamos pagos y resolvemos imprevistos en cuestión de minutos, todo desde el celular o la computadora y, casi siempre, con prisa.
En México, según los datos más recientes, el comercio electrónico alcanzó un valor de 789.7 mil millones de pesos en 2024, con un crecimiento anual de 16.3%, y categorías como viajes y servicios son de las más dinámicas.
Los datos globales van en la misma tendencia. De acuerdo con Check Point Research, los ataques dirigidos al sector de hospitalidad y viajes crecieron 122% durante los últimos tres años, registrando en promedio 2,291 ciberataques por semana.
Un análisis publicado por las firmas Gen Digital y Norton documentó campañas de spear phishing dirigidas contra huéspedes de más de 350 hoteles en 50 países. Los atacantes conocían el nombre del viajero, el hotel donde se hospedaría, las fechas de su estancia e incluso detalles específicos de su reservación para solicitar actualizaciones de pago mediante enlaces casi idénticos a los originales.
Antes, un fraude dependía de inventar una historia convincente; hoy parte de una historia real.
Existe una falsa sensación de seguridad que puede ser peligrosa.
Muchas personas siguen convencidas de que reconocerían un fraude apenas lo vieran, pero los ataques más exitosos son los que no lo parecen.
La inteligencia artificial ha acelerado todavía más esta evolución.
El Verizon Data Breach Investigations Report 2026 señala que 15% de las técnicas de ataque ya incorporan inteligencia artificial y que los dispositivos móviles presentan tasas de clic en amenazas un 40% superiores a las del correo electrónico.
El dato no es menor si consideramos que, para millones de empleados, el teléfono es hoy una extensión de la oficina. Cuando la frontera entre la vida personal y el trabajo desaparece en el mismo dispositivo, la confianza se vuelve el eslabón más vulnerable.
Ante esa realidad, la ciberseguridad no puede depender únicamente de antivirus o firewalls.
Durante mucho tiempo, la pregunta fue cómo proteger los sistemas. Hoy la pregunta es otra: ¿cómo fortalecemos la confianza digital?
Los ciberdelincuentes ya no atacan únicamente servidores o redes, sino también las emociones de las personas para manipularlas con la finalidad de obtener la información deseada.
Por eso, la confianza digital no puede seguir dependiendo de que alguien detecte un error ortográfico o desconfíe a tiempo. Debe construirse mediante canales verificables, autenticación resistente al phishing y protocolos claros para confirmar solicitudes sensibles.
En el sector turístico, la nueva frontera de la ciberseguridad no consiste en enseñar a desconfiar de todo, sino en hacer reconocible y comprobable aquello que sí es legítimo.
Un buen detalle de hospitalidad, que los usuarios estaremos agradecidos de recibir, es un acompañamiento más cercano por parte de agencias, hoteles y portales de reservas. Solo así volveremos a confiar.

