
Uno de los documentos más importantes para comprender el origen y la memoria histórica de los mexicas salió temporalmente de México rumbo a Francia. El Códice Boturini o Tira de la Peregrinación se exhibe en la Biblioteca Nacional de Francia (BnF), en París, como parte de un intercambio cultural que también permitió el regreso temporal a México del Códice Azcatitlan, conservado en Francia desde el siglo XIX.
El intercambio forma parte de las celebraciones por los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia y fue acordado por los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Emmanuel Macron durante la visita del mandatario francés a México en noviembre de 2025.
Más que un préstamo de piezas antiguas, la operación se ha planteado como un ejercicio de diplomacia cultural, investigación y conservación patrimonial entre instituciones de ambos países.
El Boturini relata la migración de los mexicas desde la legendaria Aztlán hasta el Valle de México. También es conocido como Tira de la Peregrinación y constituye una fuente fundamental para estudiar la memoria histórica y la construcción del relato de origen mexica.
Conviene hacer una precisión frente a algunas descripciones periodísticas que lo identifican simplemente como “precolombino”: la documentación oficial francesa lo fecha alrededor de 1540, es decir, a comienzos del periodo colonial, y lo clasifica como una obra de cultura azteca-colonial. Está elaborado sobre papel amate, con tinta negra y roja, y forma una tira de aproximadamente 5.48 metros de longitud, integrada por 22 hojas dobladas en acordeón.
El manuscrito pertenece al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y normalmente se encuentra bajo custodia de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México.
El códice se presenta en la Galerie Mazarin del museo de la Bibliothèque nationale de France, en su histórica sede Richelieu.
El documento también declara al códice inembargable durante su estancia en territorio francés, una protección habitual para préstamos internacionales de alto valor patrimonial.
Su traslado representa uno de los gestos culturales más significativos del bicentenario franco-mexicano.
Mientras el Boturini viajó a Francia, México recibió temporalmente el Códice Azcatitlan, custodiado por la BnF y exhibido en el Museo Nacional de Antropología.
La muestra abrió el 17 de septiembre y permanecerá disponible hasta el 6 de diciembre de 2026, según el comunicado más reciente de las secretarías de Cultura y Relaciones Exteriores. Es la primera vez que el manuscrito original se exhibe en México desde que salió del país en 1840.
El códice fue elaborado entre finales del siglo XVI y principios del XVII y combina elementos pictográficos mesoamericanos con recursos de escritura europea. El Museo Nacional de Antropología explica que sus 20 fojas cuentan la migración mexica desde Aztlán, la fundación de México-Tenochtitlan, la sucesión de gobernantes y acontecimientos relacionados con la llegada española, la conquista y la evangelización.
La Biblioteca Nacional de Francia posee uno de los fondos de manuscritos mexicanos más importantes fuera de México.
Una parte sustancial procede de la colección del investigador francés Joseph Marius Alexis Aubin, quien llegó a México en 1830, aprendió náhuatl y reunió numerosos documentos relacionados con la historia mesoamericana. En 1889, Eugène Goupil adquirió su colección con la intención de entregarla a la Biblioteca Nacional francesa; su viuda cumplió esa voluntad mediante un legado en 1898.
El Azcatitlan forma parte de esa historia. La BnF destaca que el manuscrito llegó a Francia en el siglo XIX y que se convirtió en una fuente esencial para comprender cómo los propios mexicas narraban su pasado después de la conquista.
El intercambio de los códices no busca únicamente colocar piezas históricas detrás de vitrinas.
La Secretaría de Relaciones Exteriores ha planteado que la cooperación puede extenderse a investigación conjunta, digitalización en acceso abierto, intercambio de conservadores y formación de especialistas.
Además, forma parte de una agenda mucho mayor. La denominada Gran Fiesta Franco-Mexicana contempla cerca de 200 actividades culturales relacionadas con los dos siglos de relaciones entre México y Francia.
Para museos e instituciones culturales, iniciativas de este tipo también muestran el valor económico y diplomático del patrimonio. Exposiciones temporales movilizan turismo, investigación, conservación, seguros especializados, transporte de alta seguridad, museografía y programas educativos.
El Boturini y el Azcatitlan comparten el relato de la migración mexica, pero pertenecen a momentos y formatos diferentes.
El primero conserva una narrativa predominantemente pictográfica de la peregrinación. El segundo incorpora ya la influencia europea y extiende la historia hasta la conquista y el periodo colonial temprano.
Vistos juntos —aunque hoy estén separados por el Atlántico— cuentan también otra historia: la forma en que el patrimonio mexicano salió del país, fue conservado en colecciones extranjeras y ahora regresa temporalmente mediante nuevas relaciones de cooperación cultural.

