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09-09-2026, 10:15:24 AM

Pagó 1,200 pesos porque sus ojos le parecieron graciosos. Hoy, podría ayudar a revivir al tigre de Tasmania

El hallazgo coincide con los 90 años de la muerte del último tigre de Tasmania conocido, ocurrida el 7 de septiembre de 1936.

Los dientes hicieron sospechar al coleccionista James Cranfield que el supuesto zorro era en realidad un tilacino.
Los dientes hicieron sospechar al coleccionista James Cranfield que el supuesto zorro era en realidad un tilacino. © Auctioneum

Unos ojos de plástico colocados sobre una vieja cabeza disecada hicieron reír a un comprador en un mercado de antigüedades del suroeste de Inglaterra. Pagó 50 libras, alrededor de 1,200 pesos mexicanos, creyendo que se llevaba a casa un zorro mal disecado. Meses después decidió venderlo y lo llevó a Auctioneum, una casa de subastas de Bristol, donde inicialmente también fue catalogado como una cabeza de zorro.

Pero alguien vio algo distinto.

James Cranfield, comerciante y coleccionista británico de objetos de historia natural, encontró la pieza en el catálogo y reparó en sus dientes. Los zorros y perros tienen seis incisivos superiores entre los caninos; aquel supuesto zorro tenía ocho, una característica compatible con el tilacino (Thylacinus cynocephalus), también conocido como tigre de Tasmania.

Cranfield viajó para inspeccionarlo personalmente. Otro comprador aparentemente llegó a la misma conclusión y comenzó una puja que llevó el precio hasta 50,000 libras. Con las comisiones de la subasta, Cranfield terminó pagando 62,600 libras (un millón 400 mil pesos mexicanos).

El propietario original, que ignoraba lo que tenía, quedó sorprendido cuando la casa de subastas le comunicó el resultado. Eso no significa que recibiera las 62,600 libras completas: esa cifra incluye los cargos pagados por el comprador.

Los rayos X confirmaron que no era un zorro

La sospecha de Cranfield todavía necesitaba pruebas.

Después de la subasta se realizaron radiografías y tomografías computarizadas, que revelaron dentro del antiguo montaje un cráneo prácticamente completo y sin cortar. Steven Sleightholme, director de la International Thylacine Specimen Database, confirmó posteriormente que se trataba de un tilacino auténtico y de un ejemplar previamente no documentado.

El descubrimiento es especialmente importante porque las cabezas completas montadas de esta especie son extremadamente escasas. Cranfield ha señalado que quiere poner la pieza a disposición de museos e investigadores, y ABC Australia reportó que también se prevé obtener muestras de ADN para investigación científica.

Los ocho dientes que revelaron que este “zorro” era algo muchísimo más raro | Imagen: Auctioneum
Los ocho dientes que revelaron que este “zorro” era algo muchísimo más raro | Imagen: Auctioneum

Así, el verdadero valor de la pieza ya no depende exclusivamente de lo que alguien esté dispuesto a pagar en una subasta: también se convirtió en material científico de una especie desaparecida.

¿Qué era el tigre de Tasmania y por qué se extinguió?

Pese a su nombre, el tilacino no era un tigre ni un cánido, sino un marsupial carnívoro. Tenía cuerpo parecido al de un perro, una cola rígida y entre 13 y 20 franjas oscuras en la espalda que le dieron el sobrenombre de “tigre de Tasmania”.

La persecución humana fue decisiva en su desaparición. Colonos y ganaderos lo responsabilizaron de atacar al ganado y Tasmania estableció recompensas por matarlo. A esto se sumaron pérdida de hábitat y posiblemente enfermedades. El último ejemplar conocido murió en el zoológico de Hobart el 7 de septiembre de 1936, apenas semanas después de que finalmente se concediera protección legal a la especie.

La noticia de la cabeza reaparece, por tanto, justo cuando se cumplen 90 años de aquella muerte.

¿Podría ayudar incluso a los proyectos para recuperar la especie?

El interés científico tiene además un contexto muy actual.

La empresa de biotecnología Colossal Biosciences, junto con investigadores vinculados a la Universidad de Melbourne, mantiene un proyecto para intentar crear un animal genéticamente similar al tilacino mediante edición genética y tecnologías reproductivas. La compañía asegura que su secuencia genómica del animal está ya más de 99.9% completa, aunque recuperar una especie extinta sigue siendo una tarea experimental, controvertida y sin garantía de éxito.

La nueva cabeza no es el ejemplar con el que se construyó ese genoma, pero podría proporcionar una muestra genética adicional y nuevos datos anatómicos para los investigadores. ABC informó que científicos relacionados con estos esfuerzos están interesados en estudiarla.

El negocio de saber qué estás mirando

La historia tiene además una peculiar lección para quienes compran antigüedades, coleccionables o piezas especializadas.

Los estudios de rayos X confirmaron posteriormente que la pieza conserva un cráneo prácticamente completo de tigre de Tasmania | Imagen: Auctioneum
Los estudios de rayos X confirmaron posteriormente que la pieza conserva un cráneo prácticamente completo de tigre de Tasmania | Imagen: Auctioneum

El objeto no aumentó de valor porque alguien lo restaurara o transformara. Cambió la información disponible sobre él.

Para el primer comprador era una curiosidad barata. Para Cranfield, que conocía la anatomía necesaria para detectar la diferencia, era potencialmente una pieza excepcional. Para los científicos, una vez autenticada, es además un nuevo registro de una especie extinta.

En mercados donde la rareza, procedencia y autenticidad determinan el precio —arte, antigüedades, relojes, fósiles o memorabilia—, el conocimiento especializado puede ser tan importante como el propio objeto.

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Contexto
autor El equipo editorial de EMPRENDEDOR.com, que por más de 27 años ha trabajado en impulsar el emprendimiento.