
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se reunió con Jensen Huang, fundador y CEO de Nvidia, durante la reunión de ministros de Innovación del G20 celebrada el 2 de septiembre en Chapel Hill, Carolina del Norte.
Ambos acordaron organizar una visita de Huang a México para avanzar en el desarrollo de capacidades y despliegue de inteligencia artificial en el país, informó la Secretaría de Economía. Hasta ahora no se ha anunciado la fecha del viaje ni una nueva inversión específica de Nvidia derivada del encuentro.
Durante la reunión, Huang destacó además que parte de las supercomputadoras de inteligencia artificial de Nvidia ya se construyen en México.
La relación coloca al país frente a una oportunidad mayor que simplemente fabricar hardware: ¿puede México utilizar su posición dentro de la cadena tecnológica para crear empresas propias de inteligencia artificial?
Ebrard no se reunió únicamente con Nvidia.
Durante el encuentro del G20 sostuvo conversaciones con Sam Altman, CEO de OpenAI, y directivos de Anthropic, además de reuniones con funcionarios de Estados Unidos, la Unión Europea y Corea del Sur.
Con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, abordó el desarrollo tecnológico de América del Norte y temas de la agenda comercial bilateral. Con la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen, acordó establecer una agenda coordinada de innovación entre México y la Unión Europea.
La inteligencia artificial ocupó un lugar central en las discusiones del G20.
Ebrard comparó su impacto económico con el cambio provocado por la incorporación de la electricidad a la industria y planteó que México necesita fortalecer rápidamente sus capacidades.
Para un emprendedor, esa transformación no significa únicamente tener acceso a ChatGPT o automatizar tareas.
La nueva economía de IA necesita infraestructura de cómputo, centros de datos, energía, talento especializado, software, modelos, datos, ciberseguridad, integración empresarial y proveedores.
Es precisamente en esos eslabones donde pueden aparecer nuevas compañías.
El vínculo con Nvidia no parte de cero.
La compañía estadounidense ha trabajado con Foxconn para ampliar la producción y prueba de sistemas basados en su arquitectura Blackwell en instalaciones de Estados Unidos, México y Taiwán. Nvidia ha señalado que Foxconn utiliza además su plataforma Omniverse para diseñar y optimizar digitalmente estas plantas.
Esto muestra una ventaja mexicana: el país ya participa en la manufactura electrónica necesaria para la expansión de la IA.
Sin embargo, fabricar equipos y desarrollar empresas propias de software, servicios o propiedad intelectual son dos niveles distintos de la cadena.
La oportunidad para México consiste en aprovechar su base manufacturera para desarrollar más ingeniería, aplicaciones y empresas alrededor de esa infraestructura.
La segunda pieza del ecosistema está creciendo rápidamente.
En septiembre de 2025, CloudHQ anunció una inversión de 4,800 millones de dólares para desarrollar seis centros de datos en Querétaro, con 7,200 empleos durante la construcción y 900 puestos permanentes previstos una vez completado el proyecto.
En abril de 2026, Flex informó de otros 1,000 millones de dólares entre 2026 y 2028 para desarrollar infraestructura destinada a centros de datos de inteligencia artificial, con más de 5,000 nuevos empleos directos proyectados en Guadalajara, Aguascalientes y Ciudad Juárez.
Amazon Web Services también mantiene infraestructura de nube en territorio mexicano y anunció previamente una inversión de 5,000 millones de dólares para ampliar su presencia tecnológica en el país.
Querétaro se ha convertido en un nodo especialmente importante. Ebrard señaló en agosto que el estado concentra cerca de 80% de los centros de datos instalados en México.
La infraestructura, por lo tanto, empieza a aparecer.
Pero construir centros de datos no garantiza automáticamente un ecosistema emprendedor.
Para que la inversión tecnológica produzca nuevas empresas mexicanas, el país necesita conectar varias piezas.
La primera es talento.
Desarrollar inteligencia artificial exige científicos de datos, ingenieros de software, especialistas en machine learning, ciberseguridad, nube y profesionales capaces de combinar tecnología con conocimiento de industrias específicas.
La segunda es acceso a cómputo.
Entrenar y desplegar determinados modelos requiere infraestructura que puede resultar demasiado costosa para una startup. La expansión de servicios de nube y centros de datos puede reducir algunas barreras, siempre que existan productos accesibles para empresas pequeñas.
La tercera es capital.
Economía intenta trabajar este punto mediante iniciativas como InnovaFest, donde conecta emprendedores e innovadores con fondos de inversión. En marzo, la dependencia informó que el ecosistema del programa vinculaba a más de 80 fondos y proyectos en áreas que incluyen inteligencia artificial, salud, energía y manufactura avanzada.
Y la cuarta es convertir tecnología en soluciones empresariales reales.
Una startup mexicana no necesita competir directamente con Nvidia u OpenAI.
Puede desarrollar aplicaciones de IA para manufactura, agricultura, logística, salud, turismo, comercio, finanzas, atención a clientes o ciberseguridad.
La inteligencia artificial no será relevante para México únicamente si aparecen compañías que construyan modelos fundacionales.
También importa cuánto consiguen aprovecharla las empresas tradicionales.
Durante InnovaFest Querétaro, Economía incorporó talleres de Nvidia, Meta, Amazon Web Services, KIO y empresas mexicanas para explicar aplicaciones de IA dirigidas a compañías pequeñas, medianas y grandes.
Para una pyme, las oportunidades pueden comenzar en terrenos mucho más cotidianos:
automatizar atención a clientes, analizar inventarios, generar pronósticos de ventas, optimizar rutas, clasificar documentos, detectar fraude o acelerar tareas administrativas.
Esto crea un segundo mercado para emprendedores: ayudar a otras empresas a adoptar inteligencia artificial.
Consultoras especializadas, integradores, desarrolladores verticales y compañías de software pueden encontrar ahí una demanda mucho más amplia que la industria tecnológica tradicional.
Durante el G20, Ebrard destacó también la necesidad de proteger la propiedad intelectual asociada con la nueva economía.
Economía reportó que los cambios realizados dentro del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial permitieron incrementar en casi 50% el otorgamiento de nuevas patentes entre 2024 y 2025.
El dato importa para el emprendimiento tecnológico.
Una empresa de IA puede construir valor mediante software, algoritmos, bases de datos, modelos especializados, diseños, marcas y otros activos intangibles.
México incluso salió en 2026 de la lista de vigilancia prioritaria del reporte Special 301 de Estados Unidos sobre propiedad intelectual, una decisión que Ebrard vinculó con mejores condiciones para atraer inversión.
La futura visita de Jensen Huang puede atraer reflectores, pero no será por sí misma una estrategia nacional de inteligencia artificial.
México todavía necesita resolver desafíos relacionados con energía, conectividad, talento, acceso a cómputo, financiamiento, regulación y adopción empresarial.
Incluso Ebrard ha advertido que llenar el país de centros de datos no puede ser la única respuesta. En agosto señaló que esta infraestructura es necesaria, pero debe formar parte de una estrategia económica más amplia.
Ahí está la diferencia entre simplemente recibir la revolución tecnológica y aprovecharla.
México ya ensambla parte de las máquinas que hacen posible la inteligencia artificial, atrae inversiones multimillonarias para alojar capacidad de cómputo y comienza a conectar emprendedores con grandes empresas tecnológicas.
El siguiente paso es conseguir que alrededor de esa infraestructura aparezcan productos, patentes, startups y compañías mexicanas capaces de vender inteligencia artificial al mundo.
Porque la verdadera oportunidad no consiste solamente en que Nvidia mire hacia México.
Consiste en que la próxima generación de empresas mexicanas pueda construir negocios sobre la misma revolución tecnológica.
