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28-08-2026, 1:00:00 PM

Good Good Golf: cómo un anuncio puso en jaque una marca de 45 millones de dólares

De una inversión de 45 millones de dólares a perder a Callaway como socio: Good Good Golf enfrenta las consecuencias de una campaña que desencadenó una crisis de marca.

Good Good Golf
Good Good Golf © Captura de pantalla

Good Good Golf pasó de ser un canal de YouTube creado por un grupo de amigos a convertirse en una compañía con una inversión de 45 millones de dólares, productos en grandes cadenas comerciales y alianzas con Callaway, una marca global de equipamiento de golf, Golf Channel y el PGA Tour. Pero un anuncio de aproximadamente un minuto, que mostraba a un hombre empujando y derribando a una mujer, provocó acusaciones de que la campaña trivializaba o promovía la violencia de género. La crisis ya le costó una de esas alianzas y puso en riesgo varios de sus proyectos.

Construir una marca requiere años de trabajo: encontrar una audiencia, generar confianza, convertir esa comunidad en clientes y conseguir que otras empresas estén dispuestas a asociarse con ella. Good Good Golf había logrado avanzar en cada uno de esos frentes. En apenas seis años, la compañía pasó de producir videos para YouTube a desarrollar ropa y accesorios, organizar eventos, vender productos de golf, participar en producciones de televisión y establecer relaciones comerciales con algunas de las organizaciones más importantes de este deporte. En 2025, además, consiguió una ronda de inversión de 45 millones de dólares.

Good Good había construido una audiencia joven alrededor de una manera distinta de consumir golf, con partidos, desafíos, humor y competencias protagonizadas por sus propios creadores. Callaway, una empresa estadounidense conocida por fabricar palos, bolas y otros productos de golf, identificó el potencial de esa comunidad para acercarse a una nueva generación de jugadores y comenzó a trabajar con la compañía en 2023. Golf Channel siguió un camino similar y amplió su colaboración con Good Good en 2025.

En octubre de 2025 se anunció el Good Good Championship, un nuevo torneo del PGA Tour que debía celebrarse en Austin del 12 al 15 de noviembre de 2026. Para una empresa nacida en YouTube, el acuerdo representaba un salto decisivo: significaba entrar directamente en el circuito profesional de golf y llevar su marca desde las plataformas digitales hasta uno de los escenarios institucionales más importantes del deporte. Todo ese proceso quedó en entredicho por una campaña publicitaria.

El anuncio que desencadenó la crisis

La noche del 20 al 21 de agosto, Good Good y Callaway publicaron un video destinado a promocionar uno de los nuevos drivers Quantum desarrollados conjuntamente. Según explicó posteriormente Good Good, la pieza pretendía ser una parodia de la película de terror Obsession y presentar a Garrett Clark como un jugador obsesionado con su nuevo palo.

La ejecución provocó la reacción del público. En el video, Alexis Miestowski, antigua jugadora universitaria de Indiana y colaboradora de Good Good, se acercaba a la bolsa de Clark e intentaba sacar el driver. Clark corría hacia ella, la empujaba y la derribaba sobre el césped. La escena continuaba con Clark sobre ella y una advertencia para que nadie tocara su nuevo palo.

Aficionados, periodistas y personas vinculadas con el golf criticaron que la campaña utilizara la representación de violencia contra una mujer como recurso de entretenimiento. La controversia adquirió mayor dimensión porque Good Good y Callaway habían construido parte de su propuesta alrededor de la apertura del golf a nuevas audiencias y de una imagen más inclusiva del deporte.

Callaway reconoció posteriormente que había revisado, aprobado y compartido el video antes de su publicación. El anuncio fue eliminado esa misma noche, pero para entonces ya había sido copiado y comenzó a circular de forma independiente por las redes sociales.

El caso dejó una pregunta central para cualquier empresa en crecimiento: ¿qué controles deben existir antes de que una idea creativa llegue al público? En Good Good, la respuesta quedó expuesta cuando una campaña aprobada por los equipos involucrados desencadenó una crisis que pronto alcanzó a sus socios comerciales.

Cuando el crecimiento exige nuevos controles

Good Good publicó una primera disculpa el 22 de agosto y reconoció que el video mostraba acciones incompatibles con los valores de la compañía. Callaway hizo lo mismo, aunque las primeras respuestas dejaron abiertas preguntas sobre el proceso que permitió que una campaña de esas características superara los filtros de producción y marketing de ambas empresas.

El CEO de Good Good, Matt Kendrick, asumió la responsabilidad y reconoció que la empresa necesitaba controles más sólidos. La compañía anunció una revisión de sus procesos creativos y Kendrick decidió supervisar personalmente, durante un periodo indefinido, los contenidos publicados por los departamentos de comunicación y marketing.

Callaway también tuvo que revisar sus procedimientos. Su CEO, Chip Brewer, explicó que Good Good había producido el anuncio, pero que Callaway lo había aprobado antes de su publicación. La compañía abrió una investigación y anunció cambios en sus sistemas internos.

El episodio expuso una dificultad habitual en las empresas que crecen rápidamente. Una organización pequeña puede depender durante mucho tiempo del criterio de sus fundadores y de una comunicación informal. Cuando empieza a trabajar con grandes corporaciones, distribuidores, medios de comunicación e instituciones deportivas, cada decisión creativa puede comprometer relaciones comerciales que sostienen el crecimiento.

En el caso de Good Good, esa conexión quedó clara pocos días después.

De la polémica en redes al problema comercial

El martes 25 de agosto, el CEO del PGA Tour, Brian Rolapp, habló públicamente sobre el caso. Dijo que el video no estaba alineado con los valores del circuito y consideró insuficiente la primera respuesta de Good Good, que calificó como defensiva y tardía. El torneo de Austin todavía no había sido cancelado, pero la continuidad de Good Good como patrocinador estaba en evaluación.

La crisis también alcanzó a Big Break x Good Good, un proyecto de Golf Channel que buscaba recuperar el conocido programa de televisión y combinar su formato con la audiencia y los creadores de Good Good. El ganador debía recibir una invitación para participar en el Good Good Championship de Austin.

Golf Channel primero aplazó el estreno del programa y necesitó volver a editar los episodios después de que una de las marcas patrocinadoras solicitara eliminar su presencia visual. Posteriormente, tras la salida de Good Good del torneo de Austin, la cadena canceló la temporada 2026 porque ya no podía entregar el premio previsto originalmente. Big Break regresará en 2027.

Mientras tanto, Dick’s Sporting Goods y Golf Galaxy retiraron productos de Good Good de sus establecimientos y plataformas digitales. La controversia ya estaba afectando productos, distribución, televisión y acuerdos deportivos.

La intervención de Garrett Clark tampoco logró detener completamente la crisis. El fundador publicó el 26 de agosto un video de más de ocho minutos en el que reconoció que el anuncio había sido una mala decisión y asumió personalmente la responsabilidad. También explicó que la escena había sido preparada y que Miestowski no había sufrido el golpe que sugería el montaje.

La aclaración sobre la escena no resolvió la controversia. La crítica se centraba en la decisión de utilizar la representación de una agresión contra una mujer como elemento central de una campaña publicitaria.

El costo de perder la confianza

El 27 de agosto llegó la decisión más importante hasta ese momento. Callaway puso fin de manera inmediata a su relación con Good Good, después de tres años de colaboración. La compañía reconoció la gravedad del contenido, asumió que las medidas posteriores no eliminaban el daño y anunció una aportación de un millón de dólares a organizaciones dedicadas a prevenir la violencia contra las mujeres y ayudar a sus víctimas. También anunció cambios en sus sistemas internos de aprobación.

La ruptura tenía una importancia especial porque la relación no se limitaba a la publicidad. Good Good y Callaway habían desarrollado productos conjuntamente y acababan de lanzar una nueva gama de drivers y bolas que debía protagonizar esta etapa de la asociación. Good Good perdió así a un socio comercial integrado en su propia estrategia de producto.

Poco después, Good Good comunicó al PGA Tour que renunciaba a ser el patrocinador principal del torneo de Austin. La compañía explicó que necesitaba concentrarse en revisar su organización, su cultura y sus procesos internos. El circuito aceptó la decisión y el torneo continuará celebrándose entre el 12 y el 15 de noviembre, aunque ahora aparece bajo el nombre provisional de Austin Championship.

La consecuencia resulta especialmente significativa por el punto en el que se encontraba Good Good antes de la crisis. Una empresa que había utilizado su comunidad digital para entrar en el golf profesional perdió, antes de su primera edición, el proyecto que debía representar su llegada definitiva a ese mundo.

La lección para cualquier emprendedor

El caso Good Good muestra que el valor de una marca depende también de la confianza que otras empresas tienen en ella. La compañía conserva una audiencia, productos, reconocimiento y una estructura empresarial construida durante años, pero sus relaciones comerciales quedaron expuestas a una evaluación inmediata después de la campaña.

Good Good había convertido su audiencia en una red de relaciones comerciales. Callaway aportaba productos y credibilidad; las cadenas minoristas aportaban distribución; Golf Channel aportaba exposición televisiva y el PGA Tour aportaba legitimidad dentro del deporte profesional. Cuando esas empresas tuvieron que evaluar el costo de seguir vinculadas con Good Good, la crisis pasó a afectar directamente el modelo de negocio.

El crecimiento modifica el nivel de responsabilidad y también el costo de los errores. Una marca que empieza en redes sociales puede operar con velocidad y asumir ciertos riesgos creativos. Una compañía que ya tiene inversionistas, socios globales, productos en grandes cadenas y acuerdos con instituciones necesita mecanismos más sofisticados para decidir qué representa públicamente.

Good Good llegó a esa escala en apenas seis años, pero la crisis mostró que sus procesos internos todavía necesitaban adaptarse a ella. El anuncio pasó por los equipos de Good Good y por los mecanismos de aprobación de Callaway, y aun así llegó a las redes sociales. Después vinieron las disculpas, las investigaciones, la salida de un socio estratégico, la renuncia al torneo del PGA Tour, la cancelación de un programa de televisión y el retiro de productos de grandes cadenas.

Para los emprendedores, la secuencia contiene una advertencia concreta: una marca se construye con creatividad, audiencia y ventas, pero también con procesos capaces de detectar cuándo una idea entra en conflicto con los valores que hicieron valiosa a la compañía.

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autor El equipo editorial de EMPRENDEDOR.com, que por más de 27 años ha trabajado en impulsar el emprendimiento.