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La Ciudad de México recibirá del 15 al 23 de agosto de 2026 la segunda edición de Festival Jammin’, un encuentro dedicado al lindy hop, el solo jazz y la cultura swing que combinará formación, competencias, conciertos y baile social.
La comunicación inicial de los organizadores estimaba más de 200 participantes. El sitio oficial actualizado proyecta ahora alrededor de 250 asistentes procedentes de siete países, además de más de 150 competidores. El festival es organizado por The Swing Spirits, colectivo integrado por Irlanda Castillo, Anuar Ibarra y Eduardo Mercado.
Jammin’ es un festival especializado en lindy hop, un baile social desarrollado por la comunidad afroamericana de Harlem durante la era del jazz y el swing. Su historia está estrechamente relacionada con el Savoy Ballroom, espacio inaugurado en 1926 que se convirtió en uno de los principales centros de innovación dancística de Nueva York y en un punto de convivencia racial poco común para la época.
El encuentro capitalino está diseñado para personas con distintos niveles de experiencia. No es necesario asistir con pareja, porque las clases y el baile social funcionan mediante rotación. Además, los talleres se impartirán en español y habrá un nivel para personas que nunca han practicado esta disciplina.
El programa académico estará encabezado por Asael Muñoz, bailarín mexicano radicado en Berlín; Elle Brenecki, de Australia, y Agustina Zero, de Argentina. Los talleres incluirán lindy hop y solo jazz para niveles principiante, principiante-intermedio, intermedio y avanzado.
El primer fin de semana, 15 y 16 de agosto, estará dedicado a ocho horas de talleres. Sin embargo, el sitio oficial todavía presenta como pendiente la sede de estas clases, por lo que no debe asumirse que todas las actividades se celebrarán en República de Guatemala 90.
Del 17 al 19 de agosto habrá clases adicionales, de 20:00 a 22:00 horas, en Cracovia 32. El 20 de agosto se realizará una fiesta de apertura en ese mismo espacio.
Las competencias y fiestas principales tendrán lugar el viernes 21 y el sábado 22 de agosto en República de Guatemala 90, Centro Histórico. El programa incluye categorías como Mix and Match, Strictly Open, Duo Jazz, Rhythm and Blues, batallas y presentaciones por equipos. El festival cerrará el domingo 23 con un brunch y baile social, cuya sede no estaba detallada en la información oficial consultada.
Las noches del 21 y 22 contarán con música de Sam Ghezzi Blues Band y Jake Sanders Swingtet, además de DJ, alimentos y bebidas.
El comunicado también menciona a Toni Sax y a un ensamble de músicos mexicanos, pero sus nombres no aparecían en el programa vigente del sitio oficial al 3 de agosto; por ello, su participación deberá confirmarse con los organizadores.
Al 3 de agosto, el festival se encontraba en su segunda fase de venta, programada hasta el 9 de agosto. El Full Jammin’ Pass, que incluye talleres, las dos fiestas principales y la fiesta de apertura, tenía un precio de 3,800 pesos. El pase exclusivo para talleres costaba 2,800 pesos y el Party Pass para las dos noches, 1,400 pesos.
Las entradas para una sola noche se ofrecían en 850 pesos, mientras que las clases adicionales costaban 650 pesos por día. Las competencias requieren un pago separado: 80 pesos para categorías individuales, 160 pesos por pareja y 400 pesos por equipo. Los precios pueden aumentar en la siguiente fase o en taquilla.
Los pagos pueden realizarse con tarjeta o transferencia SPEI. La política publicada establece que las inscripciones no son cancelables ni reembolsables, salvo transferencias autorizadas en casos extraordinarios, un punto que conviene revisar antes de comprar.
Jammin’ muestra cómo una comunidad especializada puede convertirse en una plataforma de emprendimiento cultural. El evento genera ingresos a través de talleres, fiestas, competencias, alimentos, bebidas, patrocinios y experiencias complementarias.
Alrededor del festival participan profesores, músicos, productores, técnicos, espacios culturales, diseñadores, fotógrafos, servicios de hospedaje y negocios del Centro Histórico. Aunque los organizadores no publicaron una estimación de derrama económica, la llegada de participantes de otros estados y países puede beneficiar a hoteles, restaurantes, transporte y comercios cercanos.
El modelo también reduce la dependencia de una sola fuente de ingresos: una persona puede comprar únicamente talleres, asistir a una fiesta, competir o adquirir la experiencia completa. Esta segmentación permite atender desde principiantes hasta bailarines experimentados y visitantes interesados principalmente en la música en vivo.
El contexto económico es relevante. El sector mexicano de servicios de esparcimiento, cultura, deporte y recreación registraba 68,321 unidades económicas en mayo de 2026 y alrededor de 1.04 millones de personas ocupadas durante el primer trimestre del año, aunque estas cifras abarcan actividades mucho más amplias que los festivales de danza.


