
Vivimos en una época donde pensar distinto parece motivo suficiente para romper vínculos, cancelar conversaciones o dividir comunidades. Sin embargo, la científica y conferencista Guadalupe Nogués propone recuperar algo esencial: la capacidad de dialogar incluso cuando no coincidimos.
La autora del libro “Pensar con otros. Una guía de supervivencia en tiempos de posverdad” explica que la posverdad ocurre cuando las emociones o creencias pesan más que la evidencia. Y aunque parezca un fenómeno lejano, está presente en decisiones cotidianas, debates públicos y conversaciones personales.
Guadalupe Nogués asegura que una de sus primeras decepciones ocurrió al descubrir que la evidencia científica no siempre cambia opiniones. Aunque existe amplio consenso sobre el cambio climático o la seguridad de las vacunas, muchas personas siguen rechazando estos temas por motivos emocionales o ideológicos.
Convencida de que el problema podía resolverse mediante educación, dejó el laboratorio para dedicarse a la docencia. “Amo enseñar”, afirma. Sin embargo, incluso en el aula encontró la misma dificultad: las personas no modifican fácilmente sus creencias solo porque reciben información nueva.
Durante una clase sobre vacunas, una estudiante confesó que no se vacunaba porque consideraba peligrosas las vacunas. Guadalupe creyó que bastaría con explicar la evidencia científica para cambiar su postura, pero no ocurrió así.
Ese momento transformó su perspectiva. Comprendió que ni la evidencia ni la educación bastan cuando las opiniones están vinculadas con la identidad personal. Entonces comenzó a investigar cómo conversamos con quienes deciden pensar distinto y por qué ciertos diálogos fracasan antes de comenzar.
La especialista explica que diversos experimentos muestran un patrón preocupante: cuando las personas interactúan únicamente con quienes piensan igual, sus posturas se vuelven más extremas y menos abiertas al intercambio.
Para una democracia saludable no hace falta que todos piensen igual, sino que existan conversaciones honestas entre personas con diferencias. El problema aparece cuando cada desacuerdo se interpreta como una batalla entre buenos y malos.
“Las opiniones dejan de ser puentes y se convierten en trincheras”, advierte. Entonces el diálogo desaparece y las conversaciones se llenan de agresión, desconfianza y silencios incómodos.
Según Guadalupe Nogués, muchas discusiones actuales están dominadas por el tribalismo: la tendencia a defender únicamente al grupo con el que nos identificamos y rechazar automáticamente cualquier postura externa.
El tribalismo explica por qué incluso las mejores evidencias pueden resultar inútiles. Cuando una idea se vuelve parte de nuestra identidad, cuestionarla se siente como un ataque personal. Por eso, muchas personas reaccionan con enojo o rechazo ante opiniones diferentes.
La autora plantea un ejemplo cotidiano: llegar a una reunión social y evitar ciertos temas por miedo al conflicto. Ese silencio no surge por indiferencia, sino por agotamiento, temor o rechazo al clima hostil de las conversaciones actuales.
Cuando las personas dejan de expresar sus opiniones para evitar ataques, el debate público se empobrece. Poco a poco, desaparecen voces distintas y se crea la falsa sensación de que todos piensan igual.
Guadalupe Nogués advierte que este fenómeno puede convertirse en una forma de censura social. No ocurre desde el poder político, sino desde la presión colectiva que castiga el desacuerdo y premia la obediencia grupal.
El resultado es peligroso: cualquier opinión distinta comienza a percibirse como una amenaza que debe eliminarse. Y así, la conversación desaparece.
La conferencista sostiene que existe una salida diferente al falso dilema entre callar o atacar. Es posible mantener convicciones firmes sin caer en discursos intolerantes ni dinámicas agresivas.
La clave consiste en distinguir entre lo que creemos y la manera en que sostenemos nuestras creencias. Cuando tenemos posturas definidas (incluso muy intensas), aprendemos a defender ideas sin subirnos a la dinámica del discurso intolerante. De esta manera, reaparecen los matices y el diálogo vuelve a ser posible. Ese cambio permite construir acuerdos reales, incluso entre personas que deciden pensar distinto.
Conversar mejor no significa renunciar a las propias ideas, sino aprender a sostenerlas sin destruir la posibilidad de escuchar al otro. Guadalupe Nogués propone herramientas simples para reducir el tribalismo y recuperar conversaciones más honestas, abiertas y productivas.
La autora considera fundamental visibilizar la diversidad de opiniones. Cuando distintas voces participan en la conversación, el consenso deja de ser una imposición y se convierte en un acuerdo auténtico construido desde la diferencia.
Aceptar el pluralismo implica reconocer que una sociedad democrática necesita desacuerdos visibles y conversaciones incómodas para evolucionar.
Para convivir con quienes prefieren pensar distinto, también hace falta valentía. Muchas personas se autocensuran por miedo a críticas o ataques sociales, lo que limita el intercambio de ideas.
Guadalupe sostiene que defender la libertad de expresión requiere crear espacios donde las personas puedan hablar sin temor a ser castigadas socialmente.
Conversar no consiste en esperar turno para responder. Escuchar implica intentar comprender lo que la otra persona piensa, siente y teme, incluso cuando no compartimos su postura.
Sin escucha genuina, cualquier conversación termina convirtiéndose en una competencia por imponer opiniones.
Uno de los mayores problemas del tribalismo es que transforma cualquier diferencia en un ataque personal. Bajo esa lógica, cuestionar una idea equivale a rechazar a quien la sostiene.
Guadalupe Nogués propone separar ambos elementos. Las personas merecen respeto; las ideas, en cambio, deben estar abiertas al análisis, la crítica y la discusión.
La autora compara las conversaciones con el fuego. Ambos pueden extinguirse o descontrolarse si no aprendemos a manejarlos correctamente. Durante siglos la humanidad aprendió a dominar el fuego para sobrevivir. Ahora, dice, necesitamos aprender a conversar otra vez.
En un mundo donde pensar distinto parece motivo de división, recuperar el diálogo podría convertirse en una de las habilidades más importantes del futuro.
Escuchar antes de reaccionar quizá sea el primer paso para construir relaciones, empresas y sociedades mucho más humanas.
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