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La vieja idea de Carlos Kasuga que vuelve a incomodar a las empresas

COLUMNA

La filosofía no busca sustituir salarios ni prestaciones, sino recordar que la relación laboral también se construye desde el trato cotidiano.

Carlos Kasuga planteó que el salario es indispensable, pero no es lo único que una persona recibe de su trabajo.
Carlos Kasuga planteó que el salario es indispensable, pero no es lo único que una persona recibe de su trabajo. © SE | Depositphotos.com

Una empresa puede subir salarios, ofrecer prestaciones y sumar beneficios y, aun así, tener colaboradores que no se sienten conectados con su trabajo.

No es un problema menor. En 2025, apenas 20% de los empleados en el mundo estaba comprometido con su trabajo, de acuerdo con Gallup. La falta de compromiso tuvo un costo estimado de cerca de 10 billones de dólares en productividad perdida, equivalente a 9% del PIB mundial.

Hoy las empresas hablan de engagement, experiencia del empleado, cultura organizacional y sentido de pertenencia para intentar cerrar esa brecha. Pero, décadas antes de que estos conceptos formaran parte del lenguaje corporativo, el empresario mexicano de origen japonés Carlos Kasuga Osaka, conocido por su trayectoria al frente de Industrias Kay y Yakult México, planteaba una idea mucho más sencilla: el salario es indispensable, pero no es lo único que una persona recibe de su trabajo.

A esa otra parte de la relación la llamó “sueldo moral”.

¿Qué es el sueldo moral?

El concepto no busca sustituir salarios, prestaciones o mejores condiciones laborales por reconocimiento; más bien, se refiere a aquello que una empresa puede ofrecer además de la compensación económica y que también influye en la relación de las personas con su lugar de trabajo:

  • Reconocimiento por lo que hacen.
  • Respeto en el trato cotidiano.
  • Confianza y comunicación.
  • Oportunidades de aprendizaje.
  • Cercanía con quienes lideran la organización.
  • Sentido de pertenencia.

Para Kasuga, esta filosofía no se quedaba en el discurso. Cuando estaba al frente de Industrias Kay, todos los días dedicaba 10 minutos antes de iniciar la jornada a conversar con sus colaboradores.

En esas charlas hablaba sobre cómo ser personas de calidad, compartía principios de la filosofía japonesa y reforzaba valores que buscaba llevar a la vida diaria. También aprovechaba ese momento para impulsarlos y motivarlos antes de comenzar el trabajo.

En ocasiones, la relación incluso salía de la fábrica: los jueves, Kasuga iba a cenar a casa de alguno de sus colaboradores. Les decía que ellos pusieran el café y él llevaba el pan; así compartía con ellos y sus familias, sin importar la posición que ocupaban en la empresa.

Esa cercanía con las personas también marcó el trabajo que Carlos Kasuga Osaka impulsó fuera de las empresas. A través de Fundación Kasuga, esa visión encontró un espacio en la educación, donde la organización respalda iniciativas de organizaciones que ya trabajan con niñas, niños y jóvenes para ampliar sus oportunidades de aprendizaje y desarrollo.

Esas escenas forman parte de las historias recuperadas en ¡Gambare! El espíritu japonés que inspiró una vida y un legado: Carlos Kasuga Osaka, libro que reconstruye, mediante testimonios y episodios de su vida personal y empresarial, cómo llevó esta filosofía a la práctica.

A la gente no la retiene solamente el dinero, la retiene sentir que su presencia importa. Carlos Kasuga Osaka entendió eso sin que existiera el término para explicarlo; simplemente actuaba con la convicción de que cada persona en la línea de producción merecía ser tratada con dignidad.

Del sueldo moral al reto actual de las empresas

Décadas después, el nombre del problema cambió, pero la pregunta de fondo sigue presente: ¿cómo lograr que las personas quieran involucrarse con una organización?

La respuesta del sueldo moral no está en elegir entre compensación económica o reconocimiento. Ambos cumplen funciones distintas. El salario y las prestaciones sostienen las condiciones económicas de la relación laboral; la manera en que una persona es escuchada, reconocida y tratada construye otra parte de esa experiencia.

En ese sentido, la filosofía de Kasuga pone el foco en comportamientos que pueden parecer pequeños, pero ocurren todos los días: conocer a las personas del equipo, escuchar lo que necesitan, reconocer sus aportaciones y mantener cercanía más allá de los resultados.

Cuando escuchas a quienes trabajaron con él, notas que muchos recuerdan esos años por la manera en que se relacionaba con ellos, por las conversaciones, por la cercanía que mantenía con su gente y por la forma en que todo eso estaba presente en el trabajo.

Tres ideas detrás del sueldo moral

Más que una fórmula de Recursos Humanos, las experiencias recuperadas en ¡Gambare! permiten resumir la filosofía en tres principios:

1. El salario es fundamental, pero la relación laboral no termina ahí

Las personas también construyen su experiencia a partir del trato que reciben dentro de una organización.

2. Reconocer no es únicamente premiar resultados

Escuchar, conocer y hacer visible la aportación de una persona también forma parte del reconocimiento cotidiano.

3. El liderazgo se construye en acciones pequeñas

Para Kasuga, la cercanía con los colaboradores no dependía de grandes programas corporativos, sino de prácticas constantes dentro y fuera de la empresa.

En un momento en que las organizaciones destinan recursos y estrategias a atraer, comprometer y conservar talento, una idea nacida décadas atrás vuelve a colocar una pregunta sencilla sobre la mesa: ¿qué recibe una persona de su empresa, además de su sueldo?

Lo interesante de volver hoy a las ideas de don Carlos es descubrir que muchas no envejecieron.

Cambiaron los nombres y las formas de hablar del trabajo, pero valores como el respeto, la dignidad, el reconocimiento y la cercanía siguen siendo fundamentales. Su legado también está en haberse adelantado a conversaciones que las empresas continúan teniendo décadas después.

Quizá por eso, en momentos en los que hacen falta referentes que recuerden que dirigir también implica formar personas, la trayectoria de Carlos Kasuga cobra especial sentido. Antes de construir empresas, dedicó buena parte de su vida a construir personas.

Como él mismo decía: “El buen jefe, buen director, buen empresario debe ser el primero en llegar y el último en irse… el ejemplo arrasa, el ejemplo causa admiración, el ejemplo es lo que crea la disciplina de un pueblo, de una empresa, de una nación… el buen ejemplo”.

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autor Karla Taira es empresaria, autora, conferencista y directora de proyectos editoriales, con más de 20 años creando marcas y contenidos que conectan negocios, cultura y valores entre México y Japón.