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Tu lista de pendientes es el primer obstáculo para tu productividad

COLUMNA

Antes de priorizar tareas, es necesario identificar qué actividades ya no deberían ocupar espacio en tu agenda.

Priorizar comienza por eliminar aquello que ya no genera valor.
Priorizar comienza por eliminar aquello que ya no genera valor. © Depositphotos.com

Antes de priorizar lo que tienes, necesitas ver lo que sobr para tener productividada. Querer priorizar y saber cómo hacerlo son dos cosas muy distintas.

La mayoría de los líderes que conozco tienen muy claro que deberían enfocarse más, delegar mejor y dejar de reaccionar todo el día. Lo saben. Lo dicen. Y el lunes siguiente están exactamente en el mismo lugar: con quince proyectos activos, un calendario sin espacio y la sensación de que el día se fue sin avanzar en lo que importaba.

El problema no es la intención. Es la ausencia de un sistema para convertir esa intención en decisiones reales.

En Time Ownership trabajo con cuatro herramientas de priorización que uso constantemente conmigo mismo y con los equipos a quienes acompaño. No son herramientas complicadas, pero aplicadas juntas cambian completamente cómo atacas tu semana.

Primero limpia el plato

Antes de hablar de cómo ordenar lo que tienes, hay que hablar de algo que casi nadie hace: eliminar lo que no debería estar ahí.

Una de las herramientas más simples y más poderosas que conozco para esto se llama Start / Continue / Stop.

Es exactamente lo que suena: te sientas (solo o con tu equipo) y te haces tres preguntas:

  1. ¿Qué deberíamos empezar a hacer que no estamos haciendo?
  2. ¿Qué estamos haciendo bien y debemos continuar?
  3. ¿Y qué deberíamos dejar de hacer?

En la tercera pregunta es donde está el oro. Y es la que casi nadie llena con honestidad.

Porque siempre hay proyectos que siguen vivos por inercia. Reuniones recurrentes que nadie cuestionó si siguen siendo necesarias. Iniciativas que arrancaron con mucho entusiasmo y ahora solo consumen tiempo sin producir nada relevante.

Antes de agregar más cosas a tu lista de prioridades, haz espacio.

Lo que no pasa el filtro de Continue o Start no debería estar compitiendo por tu atención con lo que sí importa.

La matriz que lo ordena todo

Una vez que limpiaste el plato, el siguiente paso es ordenar lo que queda. Para eso yo utilizo la Matriz Impacto-Esfuerzo.

Es simple, con dos ejes. En el vertical, el impacto (qué tanto mueve la aguja). En el horizontal, el esfuerzo (cuánto cuesta hacerlo). Eso te da cuatro cuadrantes y cada uno te dice algo diferente.

  • Alto impacto, bajo esfuerzo: tus victorias rápidas. Estas van primero, siempre. Son las que más retorno dan con menos inversión. Si tienes alguna en tu lista y no la estás haciendo hoy, algo está mal.
  • Alto impacto, alto esfuerzo: tus apuestas estratégicas. Requieren planeación y tiempo bloqueado. Son las que construyen resultados de largo plazo y casi siempre son las más postergadas.
  • Bajo impacto, bajo esfuerzo: proyectos de relleno. A veces hay que hacerlos, pero con conciencia de que no son prioridad.
  • Y bajo impacto, alto esfuerzo: trampas de productividad. Estas hay que eliminarlas o delegarlas sin culpa. Te consumen energía sin mover nada que importe.

Lo más valioso de esta herramienta no es el análisis individual, es la conversación que se genera con tu equipo. En lugar de discutir si algo es importante o no, lo mapean juntos. Y de repente todos están viendo lo mismo.

El Pareto dentro del Pareto

Ya con la matriz clara, llega el momento más incómodo: elegir de verdad.

El principio de Pareto dice que el 20% de tus acciones generan el 80% de tus resultados. Aplicarlo a tu lista ya es un avance. Pero hay una versión más radical que yo llamo el Pareto Extremo: tomas ese 20% y vuelves a aplicar el 80/20.

Si tienes veinticinco proyectos activos, aplicas Pareto y te quedas con cinco. Luego aplicas Pareto otra vez sobre esos cinco y te quedas con un proyecto. Ese es el proyecto que, si solo pudieras hacer uno esta semana, movería más la aguja.

No es para que literalmente hagas solo eso. Es para que sepas, con claridad, qué es lo más importante cuando el día se complica y tienes que elegir en tiempo real.

Warren Buffett lo decía distinto: escribe tus veinticinco objetivos más importantes, elige los cinco que más te importan e ignora completamente los otros veinte. Porque esos son los más peligrosos: no parecen distracciones, pero te alejan de lo que realmente importa.

El hábito que activa todo lo anterior

Las tres herramientas anteriores son poderosas. Pero de nada sirven si no hay un momento en la semana donde las activas.

Ese momento se llama Weekly Review. Cuarenta y cinco minutos, una vez a la semana, en un horario fijo. Tiene tres pasos: revisar la semana que acaba de terminar sin juicio, solo datos: ¿qué logré, qué no logré y por qué?

La Weekly Review es el momento más productivo de mi semana. No porque esté haciendo algo, sino porque estoy pensando. Y en un mundo donde nadie para a pensar, quien lo hace tiene una ventaja real.

No necesitas implementar las cuatro herramientas esta semana. Empieza con una.

Si nunca has hecho un Start / Continue / Stop con tu equipo, esa es tu tarea de esta semana.

Si tu lista de proyectos no tiene un orden claro, pásala por la matriz. Si sabes cuál es tu prioridad más importante, pero no la estás atacando primero, aplica el Pareto Extremo. Y si quieres un hábito que sostenga todo lo anterior, agenda tu primera Weekly Review hoy mismo.

La diferencia entre los líderes que ejecutan y los que siempre están a punto de arrancar no es el talento ni el tiempo: es el sistema.

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autor Diego Laínez Jamieson, speaker y líder en productividad, es un referente internacional en aprendizaje corporativo y desarrollo de talento. Como CEO de Dare2Learn, ha transformado la cultura de trabajo en empresas aplicando su metodología Time Ownership. Su experiencia no viene de la teoría académica, sino de la trinchera corporativa y el emprendimiento, ayudando a líderes a optimizar y gestionar su recurso más valioso: el tiempo