
Sam Neill será recordado por enfrentar dinosaurios en Jurassic Park, pero lejos de los estudios desarrolló durante más de tres décadas otro proyecto profundamente ligado a su vida: Two Paddocks, una pequeña empresa familiar que convirtió su afición por el pinot noir en una reconocida bodega orgánica de Nueva Zelanda.
El actor neozelandés Sam Neill murió este 13 de julio de 2026 en Sídney, Australia, a los 78 años. Su familia informó que el fallecimiento fue repentino e inesperado y que el intérprete se encontraba libre del cáncer de sangre que le había sido diagnosticado años antes.
Más allá de una carrera cinematográfica de cinco décadas, Neill dejó también un legado empresarial construido entre viñedos, cosechas y botellas de vino.
En 1993, mientras Jurassic Park lo convertía en una figura reconocida alrededor del mundo, Neill plantó cinco acres —poco más de dos hectáreas— de pinot noir en Gibbston, dentro de la región vinícola de Central Otago, al sur de Nueva Zelanda.
Su objetivo inicial era modesto: producir un vino suficientemente bueno para compartirlo con familiares y amigos. La primera cosecha llegó en 1997 y los resultados lo convencieron de que el proyecto podía aspirar a algo más. Con el tiempo, aquella parcela inicial creció y se complementó con otras tres propiedades ubicadas en Alexandra y Bannockburn.
El nombre Two Paddocks, que puede traducirse como “dos potreros” o “dos parcelas”, surgió porque el director Roger Donaldson, amigo de Neill, había plantado otro terreno junto al suyo. Donaldson abandonó posteriormente el proyecto, pero el actor decidió conservar el nombre.
Two Paddocks no funcionó como una licencia comercial en la que un famoso simplemente prestaba su imagen. Neill se involucró en el desarrollo de los viñedos, las decisiones de producción, la distribución y la identidad de la marca.
En una entrevista con New Zealand Winegrowers, rechazó que su empresa fuera considerada un “vino de celebridad”. Para él, los 30 años dedicados al proyecto demostraban que se trataba de un compromiso serio basado en el origen, la calidad y la integridad del producto. También explicó que, conforme aprendía sobre viticultura, aumentaba su deseo de plantar, producir y participar en cada parte del proceso.
El actor incluso decidió hacerse cargo de la distribución de sus vinos en Nueva Zelanda después de concluir que los distribuidores ganaban más que la propia bodega, pese a que él asumía buena parte del trabajo.
También procuró que el precio se justificara por la calidad del vino y no solamente por su fama.
Two Paddocks se presenta como una pequeña bodega familiar obsesionada principalmente con el pinot noir, aunque también produce riesling. Su portafolio incluye vinos de viñedo único, la etiqueta principal Two Paddocks Estate y la línea Picnic, pensada como una puerta de entrada más cotidiana a los vinos de Central Otago.
La empresa cuenta con cuatro viñedos orgánicos y complementa su comercialización con una tienda digital y un club privado que ofrece acceso anticipado a cosechas y botellas de producción limitada. Ese modelo le permitió combinar distribución tradicional con venta directa a consumidores y coleccionistas.
La transición hacia la agricultura orgánica fue impulsada por el propio Neill.
Two Paddocks recibió nuevamente la certificación BioGro en 2017, después de adoptar prácticas que evitaban el uso convencional de herbicidas y buscaban proteger la tierra de sus propiedades.
Two Paddocks logró desarrollar una reputación independiente de la carrera cinematográfica de su fundador. En la selección New Zealand Wines of the Year 2026 de Wine Blast, cuatro de sus pinot noir recibieron entre 95 y 98 puntos. El Two Paddocks Pinot Noir 2023 fue elegido como el mejor vino tinto de esa evaluación.
Neill también construyó un equipo profesional alrededor del proyecto. Entre sus colaboradores principales figuraban el enólogo Dean Shaw, el responsable de viñedos Mike Wing y la gerente general Jacqui Murphy, a quienes el actor atribuía buena parte de la continuidad y personalidad de los vinos.
Sam Neill construyó Two Paddocks con una lógica muy distinta a la de una extensión promocional de su fama. Fue un proyecto paciente, especializado y profundamente personal que creció al mismo tiempo que su carrera como actor.
No existen cifras públicas suficientes para medir el tamaño financiero de la compañía ni se ha detallado cómo quedará su propiedad o dirección después de su muerte. Sin embargo, su permanencia durante más de 30 años demuestra que Neill no encontró en el vino un simple pasatiempo: encontró una segunda profesión y otra manera de dejar huella.

