
La Secretaría de Salud quiere construir un ecosistema que permita precisamente ese salto. El titular de la dependencia, David Kershenobich, planteó fortalecer la relación entre instituciones públicas, universidades, compañías y fuentes de inversión para conseguir que descubrimientos realizados en México se transformen en tecnologías, patentes, dispositivos médicos, medicamentos y otros productos de salud.
El planteamiento fue presentado durante el 37 aniversario de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE), organismo que articula buena parte de la investigación biomédica desarrollada en las principales instituciones públicas de salud del país.
Kershenobich puso además dos conceptos que no suelen asociarse directamente con la administración sanitaria en el centro de la conversación: innovación y emprendimiento.
Para emprendedores científicos, investigadores, universidades y compañías de healthtech y biotech, el mensaje resulta relevante: Salud quiere desarrollar mecanismos para que las investigaciones no terminen únicamente en publicaciones académicas, sino que puedan convertirse en soluciones utilizables y, eventualmente, comercializables.
Entre descubrir una molécula y vender un medicamento existen años de pruebas, propiedad intelectual, ensayos clínicos, regulación, financiamiento y manufactura.
Algo parecido ocurre con un dispositivo médico o una plataforma tecnológica.
Un equipo universitario puede construir un prototipo prometedor, pero convertirlo en un producto requiere validar la tecnología, proteger la invención, desarrollar un modelo de negocio, conseguir recursos, superar procesos regulatorios y encontrar capacidad para fabricarlo.
Por eso, Kershenobich señaló que México necesita desarrollar un verdadero ecosistema de innovación y emprendimiento en salud, con participación de instituciones públicas, universidades, empresas y fuentes de inversión.
También planteó ofrecer a investigadores estancias cortas en centros de emprendimiento, compañías farmacéuticas y empresas de dispositivos médicos, además de mecanismos de acompañamiento y financiamiento.
La Secretaría no anunció todavía un fondo específico, montos de inversión ni una convocatoria empresarial derivada de esta estrategia.
El anuncio debe entenderse, por ahora, como una dirección de política pública: crear mejores condiciones para transferir conocimiento científico hacia aplicaciones concretas.
Una de las piezas necesarias para llevar una innovación médica al mercado es la regulación.
En junio, Salud informó que los tiempos de autorización de determinados protocolos de investigación clínica por parte de Cofepris se habían reducido de procesos que podían tardar varios meses a aproximadamente 30 días. La dependencia vincula esta simplificación con la posibilidad de atraer mayor inversión en investigación clínica.
La estrategia pone especial atención en enfermedades con una alta carga para México, como cáncer, diabetes e hipertensión, además de dengue, desarrollo de vacunas y otras necesidades sanitarias.
Para un ecosistema emprendedor, reducir tiempos es importante porque una startup biomédica tiene características muy distintas a una empresa de software convencional.
Una aplicación digital puede lanzar un producto mínimo viable en semanas. Una nueva terapia, dispositivo o tecnología diagnóstica puede requerir años de pruebas y grandes cantidades de capital antes de generar ingresos.
Por ello, además del financiamiento, la predictibilidad regulatoria puede determinar si un proyecto científico consigue sobrevivir hasta llegar al mercado.
La propiedad intelectual es otro cuello de botella.
En marzo de 2026, el IMPI y Cofepris pusieron en marcha un nuevo Portal del Sistema de Vinculación para relacionar información sobre registros sanitarios con patentes utilizadas en medicamentos. La herramienta busca hacer más eficiente la coordinación entre regulación sanitaria y propiedad industrial.
Por otra parte, el IMPI comenzó durante 2026 a reforzar su capacidad con 500 nuevos examinadores especializados para reducir rezagos y acelerar trámites de patentes y marcas, una de las acciones incluidas en el Plan México.
Este punto resulta especialmente importante para universidades e investigadores.
Patentarlo todo no garantiza una empresa, pero intentar comercializar una tecnología biomédica sin definir quién posee los derechos de explotación puede dificultar la llegada de inversionistas o socios industriales.
México también comenzó a desarrollar una Red Nacional de Centros de Apoyo a la Tecnología y la Innovación, en coordinación con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. El primero fue anunciado en agosto en la Universidad Autónoma de Querétaro y entre sus objetivos se encuentra facilitar herramientas de propiedad intelectual y transferencia de conocimiento.
Así, la ecuación que plantea Salud requiere conectar piezas que tradicionalmente han funcionado de manera separada: científico, universidad, patente, regulador, capital y empresa.
La estrategia tampoco ocurre en aislamiento.
El Gobierno federal ha utilizado el Plan México para tratar de fortalecer la producción farmacéutica y de dispositivos médicos dentro del país.
En mayo de 2026 se anunciaron inversiones por alrededor de 21,000 millones de pesos provenientes de compañías como Abbott, Bristol Myers Squibb, Neolpharma, Opella, Kener, Liomont, Sanofi y Bayer. Los proyectos incluyen manufactura, investigación y estudios clínicos.
Un año antes, el Gobierno había anunciado cambios para utilizar parte del poder de compra pública de medicamentos como incentivo para que empresas farmacéuticas produzcan e investiguen en territorio mexicano.
También existen proyectos específicos de transferencia tecnológica.
Salud, Birmex y Pfizer firmaron en 2026 un memorándum que incluye transferencia de tecnología relacionada con ARN mensajero para vacunas, además de investigación clínica y capacitación científica.
El objetivo mayor es que el país participe en más partes de la cadena de valor: no solamente comprar medicamentos terminados, sino investigar, diseñar, probar y fabricar algunas de esas soluciones.
