
Las empresas que exigen estar felices el 100% del tiempo no necesariamente motivan; por el contrario, pueden generar estrés y ansiedad entre sus colaboradores. La falta de espacios seguros y el temor al impacto profesional también pueden dificultar que las personas hablen sobre salud mental en el trabajo.
Son muchas las empresas que continúan operando bajo una filosofía de exigir “ponerse la camiseta” o “enfrentar el día a día con buena cara”. Sin embargo, en su búsqueda de motivación y compromiso, omiten un elemento fundamental para su funcionamiento: el estado anímico de sus colaboradores.
El “positivismo tóxico”, contrario a lo que se busca, puede contribuir al agotamiento emocional de las y los empleados.
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra cada año el 10 de octubre, es importante reconocer que la salud mental de un colaborador no solo tiene un impacto a nivel personal; también repercute en el desempeño empresarial, donde fenómenos como el ausentismo, la alta rotación o la baja productividad pueden hacerse presentes.
En este sentido, la International Coaching Federation (ICF) destaca que el coaching está ayudando a las empresas a transformar esta visión y reemplazarla por espacios seguros en los que se pueda hablar sin filtros y utilizar esas emociones para resolver problemas reales.
El positivismo tóxico ocurre cuando una empresa o un líder impone la obligación de mantener una actitud optimista, entusiasta e imperturbable el 100% del tiempo, sin importar lo difícil que sea la realidad.
Entendido por muchos como una búsqueda de motivación, en la práctica puede actuar como una barrera que invalida lo que las personas sienten en su día a día.
Forzar una buena cara tiene un precio. Cuando una organización prohíbe o juzga emociones naturales como el miedo, la frustración o el cansancio, esas sensaciones no desaparecen: simplemente se guardan.
La obligación de reprimir lo que se siente genera un desgaste constante que puede terminar detonando problemas más serios, como estrés crónico y ansiedad.
Según la Organización Mundial de la Salud, se estima que, en 2023, el 16% de los adultos en edad laboral padecía algún trastorno mental. A escala mundial, se calcula que cada año se pierden 12,000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad.
La OMS también destaca que la prevención de los problemas de salud mental requiere ir más allá de las acciones individuales y transformar las condiciones del entorno laboral.
En este sentido, recomienda que las organizaciones identifiquen y reduzcan los riesgos psicosociales mediante medidas como esquemas de trabajo flexibles y protocolos para prevenir y atender la violencia y el acoso en el trabajo.
Con la salud mental como una de las prioridades de la era actual, el coaching profesional está poniendo mayor atención en la seguridad psicológica en los espacios de trabajo.
Para abordar y contrarrestar la tendencia del positivismo tóxico, especialistas de la ICF destacan la necesidad de validar las emociones legítimas de los colaboradores y utilizarlas como una brújula para la toma de decisiones. Para lograrlo sugieren:
Al final, sustituir el positivismo tóxico por una empatía auténtica no solo construye organizaciones más maduras y adaptables, sino que contribuye directamente a devolverles la salud, la tranquilidad y la calidad de vida a los trabajadores.
