
Un robot humanoide rojo y dorado terminó convertido en una pieza de evidencia policial en Alemania después de un incidente que las propias autoridades reconocen como un terreno nuevo.
La Policía de Colonia investiga a dos jóvenes de 16 y 19 años después de que un robot presuntamente tocara los glúteos de una adolescente de 16 años e hiciera movimientos de connotación sexual detrás de ella durante la noche del 10 al 11 de octubre de 2026
Según el reporte policial, los jóvenes también habrían grabado, comentado y transmitido en vivo el incidente a través de redes sociales.
La investigación busca determinar ahora una cuestión fundamental: si alguien controló deliberadamente los movimientos del robot, si estos estaban programados previamente o cómo funcionaba el dispositivo en ese momento.
La adolescente se encontraba con dos amigas, de 17 y 18 años, frente a un restaurante de comida rápida en la zona de Hohenzollernring, una conocida área de vida nocturna de Colonia.
De acuerdo con la policía, entre las 23:45 y la medianoche el robot, de aproximadamente 1.20 metros de altura, se acercó a la joven por detrás, la tocó en los glúteos y realizó posteriormente movimientos de empuje contra ella.
El robot pertenecía presuntamente a un adolescente de 16 años procedente de Wegberg, que estaba acompañado por un joven de 19.
Cuando llegaron los agentes, localizaron a ambos cerca del lugar. El robot ya había sido guardado dentro de la cajuela de un Volkswagen.
Las autoridades confiscaron tanto la máquina como dos teléfonos celulares para analizarlos como evidencia.
Todavía no está demostrado.
Aunque algunas coberturas describen al dispositivo como “controlado a distancia”, la formulación oficial es más cautelosa.
El portavoz policial Christoph Bermel explicó a Associated Press que los investigadores analizan si los movimientos fueron preprogramados o controlados en tiempo real. Los dos jóvenes son considerados sospechosos, pero hasta el momento no han sido acusados.
Videos que circulan en internet muestran al robot aproximándose a varias mujeres mientras los jóvenes lo acompañan. En algunas imágenes aparecen personas riéndose de sus acciones.
La Policía de Colonia posteriormente criticó los comentarios que trivializaban el episodio y advirtió que compartir o convertir situaciones de este tipo en una broma puede profundizar el daño a una víctima.
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes del caso.
La Policía de Colonia informó que abrió una investigación por sospecha de “ofensa de carácter sexual” (Beleidigung auf sexueller Grundlage).
La legislación alemana contempla además el delito de acoso sexual en el artículo 184i de su Código Penal, que castiga a quien toca físicamente a otra persona de manera sexual y con ello la acosa.
Sin embargo, las autoridades no han anunciado todavía una imputación bajo ese artículo, y la intermediación de una máquina plantea una circunstancia poco habitual.
Por ello sería prematuro afirmar que Alemania ya decidió jurídicamente que un robot puede “cometer” acoso sexual.
La investigación, en realidad, está dirigida hacia las personas que pudieron haber utilizado o controlado el dispositivo.
Bermel reconoció a AP que la policía local no había enfrentado previamente un fenómeno de este tipo y lo describió como un “nuevo territorio” para las autoridades.
La relevancia del episodio supera así la anécdota tecnológica.
A medida que robots humanoides capaces de caminar, manipular objetos e interactuar físicamente comienzan a salir de laboratorios y fábricas, también surgen preguntas sobre responsabilidad, consentimiento y uso indebido.
El robot no necesita poseer intención propia para causar daño.
De la misma manera que una persona puede utilizar un teléfono, un dron u otra herramienta para realizar una conducta ilegal, la cuestión será determinar quién ordenó, programó o controló la acción.
En Colonia, precisamente eso intentan descubrir ahora los investigadores.
