
La NASA se prepara para el regreso sin control de uno de sus observatorios espaciales más importantes. El telescopio Swift, que durante casi 22 años estudió algunas de las explosiones más poderosas del universo, tiene previsto reingresar a la atmósfera terrestre este miércoles 4 de noviembre de 2026.
La agencia espacial estadounidense estima que la mayor parte de la nave se desintegrará por las temperaturas extremas que encontrará durante su descenso. Sin embargo, algunos componentes podrían sobrevivir y llegar a la superficie.
El observatorio, oficialmente llamado Neil Gehrels Swift Observatory, pesa aproximadamente 1,450 kilogramos y permanece bajo vigilancia de la NASA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
Aunque todavía se desconoce el punto exacto de reentrada, las autoridades consideran que el riesgo para la población es bajo.
De acuerdo con los cálculos de la Fuerza Espacial estadounidense, Swift podría ingresar a la atmósfera alrededor de las 3:30 de la madrugada del miércoles 4 de noviembre, hora del este de Estados Unidos.
En el centro de México, esta estimación equivale aproximadamente a las 2:30 de la madrugada del mismo día.
Sin embargo, los especialistas advierten que existe un margen de incertidumbre de 11 horas, por lo que el momento exacto podría modificarse considerablemente.
La incertidumbre es importante porque el telescopio continúa desplazándose alrededor del planeta a gran velocidad.
Un pequeño cambio en el momento de su reentrada puede modificar significativamente la región donde podrían caer los fragmentos.
Por ello, la NASA continuará actualizando los cálculos conforme se acerque el descenso.
La trayectoria orbital del telescopio limita la posible caída de restos a una franja ubicada entre los 20.6 grados de latitud norte y los 20.6 grados de latitud sur.
Esta región abarca principalmente grandes extensiones oceánicas, aunque también incluye territorios de Centroamérica, el Caribe, el norte de Sudamérica, África y Asia.
En México, la zona de latitud considerada alcanza parte del territorio del sur del país.
Sin embargo, esto no significa que la NASA haya pronosticado una caída en México, ya que todavía no existe una ubicación específica confirmada.
La agencia calcula que la probabilidad de que alguna persona resulte lesionada es de aproximadamente una entre 2,100.
El riesgo se refiere a la posibilidad estimada de daño humano durante la reentrada, no a la probabilidad de que los fragmentos caigan en un país determinado.
La mayoría de los componentes debería consumirse durante el paso por la atmósfera, aunque algunos materiales más resistentes podrían sobrevivir.
Swift fue lanzado en noviembre de 2004 con una misión inicial de apenas dos años.
Su principal objetivo era estudiar los estallidos de rayos gamma, fenómenos que liberan cantidades extraordinarias de energía en periodos muy breves.
El observatorio contaba con tres instrumentos científicos que le permitían detectar explosiones y orientar rápidamente sus telescopios hacia las regiones donde ocurrían.
Durante su operación identificó más de 2,000 estallidos de rayos gamma y observó más de 1,400 supernovas.
Sus datos contribuyeron a alrededor de 7,000 investigaciones científicas, además de permitir nuevas observaciones sobre agujeros negros, estrellas y otros fenómenos cósmicos.
Uno de sus descubrimientos más importantes ocurrió en 2005, cuando captó el resplandor de un estallido de rayos gamma de apenas 0.03 segundos.
El hallazgo aportó evidencia sobre la relación entre este tipo de explosiones y las fusiones de estrellas de neutrones.
El final de Swift estuvo relacionado con la pérdida progresiva de altura de su órbita.
La actividad solar de los últimos años aumentó la resistencia atmosférica que afecta a los satélites de órbita baja, acelerando su descenso.
Para intentar prolongar su funcionamiento, la NASA contrató a la empresa estadounidense Katalyst Space Technologies.
La compañía desarrolló una misión robótica mediante la nave LINK, diseñada para acercarse al telescopio, capturarlo y elevar su órbita.
Sin embargo, el intento fue cancelado en agosto después de que LINK presentara problemas de control y orientación.
La nave no consiguió capturar Swift ni elevarlo a una posición más estable.
El telescopio continuó realizando observaciones científicas hasta el 20 de octubre, cuando quedó a unos 275 kilómetros de altura y las condiciones orbitales impidieron mantener sus instrumentos orientados correctamente.
La NASA decidió entonces terminar sus operaciones y preparar la reentrada.
Aunque el observatorio está por desaparecer físicamente, sus descubrimientos seguirán disponibles para investigadores de todo el mundo.
La misión deja un archivo científico público de aproximadamente 12 terabytes, con más de 1.5 millones de imágenes.
Su capacidad de detectar fenómenos repentinos y enviar alertas a otros telescopios permitió coordinar investigaciones internacionales durante más de dos décadas.
La NASA estudia cómo mantener esas capacidades mediante otras misiones científicas.
El caso también demuestra los desafíos de operar satélites durante periodos mucho mayores de los previstos originalmente.
Para la industria espacial, tecnologías como el mantenimiento robótico, la reparación en órbita y el retiro seguro de satélites se están convirtiendo en áreas relevantes de desarrollo.
Con información de EFE, NASA y Associated Press.
