
La moda está cambiando, pero no necesariamente como lo imaginábamos. Mientras millones de consumidores ya adoptan prácticas como reutilizar, reparar o donar su ropa, el reciclaje sigue siendo el eslabón más débil de la economía. Un nuevo estudio global de SHEIN sobre moda cricular revela una paradoja clave: los hábitos responsables existen, pero la infraestructura y las soluciones aún no están a la altura.
El Estudio Global de Circularidad 2025 del marketplace revela que los consumidores ya incorporan prácticas de economía circular en su día a día, especialmente en el uso prolongado de prendas y su reutilización.
El análisis, realizado con más de 15,000 personas en 21 mercados, muestra que la sostenibilidad ya no es un concepto aspiracional, sino una práctica cotidiana. Sin embargo, también deja claro que el cambio estructural en la industria aún está incompleto.
Uno de los hallazgos más relevantes es que las decisiones de compra siguen guiadas por factores prácticos.
El 71.6% de los consumidores prioriza el precio al comprar ropa en línea, seguido por la disponibilidad de tallas (66.7%) y la compatibilidad con su estilo de vida (53.8%).
Esto confirma que, aunque la sostenibilidad es importante, el consumidor promedio no está dispuesto a sacrificar funcionalidad o accesibilidad.
La buena noticia es que las prendas sí se utilizan más tiempo.
Entre el 36% y el 41% de los consumidores afirma usar ciertas prendas más de 50 veces, especialmente básicos, ropa deportiva y calzado.
Esto coincide con tendencias globales de consumo responsable documentadas por organismos como la Ellen MacArthur Foundation, que promueven extender la vida útil de los productos como uno de los pilares de la economía circular.
El estudio muestra que el 82.6% de las personas regala ropa y el 69% la dona, lo que confirma que la reutilización es una práctica ampliamente adoptada.
Sin embargo, solo el 37.2% recicla prendas.
Las principales barreras:
Esto evidencia que el problema no es la intención, sino la falta de infraestructura.
En México, el comportamiento del consumidor refuerza esta tendencia.
Sin embargo, solo el 23.6% accede a sistemas formales de reciclaje.
Esto muestra que el país tiene una base sólida de hábitos circulares, pero enfrenta limitaciones estructurales.
El estudio sugiere que las soluciones más efectivas son aquellas que se integran fácilmente en la vida cotidiana.
Ejemplos reales incluyen:
Un modelo viable podría incluir:
Estimación inicial:
Uno de los insights más claros es que las iniciativas funcionan mejor cuando son prácticas.
Herramientas informativas como etiquetas ambientales o pasaportes digitales generan poco interés, mientras que soluciones tangibles —como reparar, donar o revender— tienen mayor adopción.
Esto redefine el enfoque: la circularidad debe ser fácil, no solo correcta.


