
¿Pagarías a alguien para que visite a tus padres, cocine para ellos o los acompañe al médico porque tú no puedes estar ahí?
En China, algunos jóvenes ya lo están haciendo. Una creciente oferta de “life stand-ins” o “sustitutos de vida” permite contratar personas para realizar desde pequeños recados y tareas domésticas hasta actividades con una carga mucho más personal, como visitar a familiares hospitalizados o acompañar a adultos mayores.
El fenómeno forma parte de lo que medios chinos han bautizado como “economía del sustituto”: consumidores que prefieren pagar para que alguien más invierta el tiempo, esfuerzo o habilidades necesarios para resolver determinadas tareas. La tendencia empezó a llamar la atención de medios nacionales desde 2024 y durante 2026 amplió considerablemente la variedad de servicios disponibles.
Los precios dependen de la tarea.
En Shenzhen, un proveedor citado por South China Morning Post cobra 300 yuanes —unos 45 dólares— por una visita de dos horas a una persona adulta mayor, que incluye conversación y preparación de comida.
Otro usuario de la misma ciudad declaró pagar 2,500 yuanes mensuales, alrededor de 370 dólares, para recibir comida casera todos los días.
La oferta es mucho más amplia. Hay personas que cobran entre 10 y 30 yuanes por formarse en restaurantes populares; otras ensamblan sets complejos de Lego por entre 200 y 1,000 yuanes. También existen servicios para recoger paquetes, alimentar mascotas durante vacaciones e incluso discutir con otra persona en representación del cliente.
No se trata todavía de una profesión claramente delimitada. Muchos acuerdos se realizan directamente entre particulares mediante redes sociales, plataformas de segunda mano o servicios de recados.
La parte más llamativa del fenómeno aparece cuando la tercerización deja de involucrar simples recados y entra en el terreno de los cuidados.
Servicios de acompañamiento hospitalario, cocina a domicilio y visitas a adultos mayores pueden resolver un problema concreto para personas que trabajan lejos de su familia o carecen del tiempo necesario para atender determinadas necesidades.
Y el contexto demográfico ayuda a explicar esa demanda.
China cerró 2025 con 323.38 millones de personas de 60 años o más, equivalentes al 23% de su población; 223.65 millones tenían al menos 65 años, según la Oficina Nacional de Estadísticas.
Una encuesta poblacional oficial publicada en 2026 registró además 357.88 millones de personas dentro de la denominada población flotante, una categoría que refleja la enorme movilidad interna del país, aunque esa cifra no permite determinar cuántos jóvenes viven específicamente lejos de sus padres.
Hay indicios de que la demanda de servicios personalizados va más allá de casos virales aislados.
Datos de la plataforma china de segunda mano Xianyu citados por Zhejiang Online indican que sus pedidos de servicios crecieron 87% durante el último año, mientras categorías como recados y gestiones personales se colocaron entre las más populares. La cifra corresponde específicamente a esa plataforma y no equivale al tamaño total de la llamada economía del sustituto en China.
La lógica es sencilla: unas personas tienen dinero pero carecen de tiempo; otras disponen de tiempo o habilidades específicas y pueden venderlos.
Para trabajadores independientes aparecen así nuevas fuentes de ingresos en actividades que antes difícilmente se consideraban un negocio: cocinar en casas ajenas, acompañar pacientes, hacer compras, esperar en filas o cuidar temporalmente a familiares y mascotas.
Comprar tiempo también tiene riesgos.
Muchas de estas operaciones son acuerdos privados entre particulares, lo que puede complicar reclamaciones por fraude, daños, incumplimiento o uso indebido de información personal. El problema se vuelve especialmente sensible cuando el prestador entra en una vivienda, conoce datos médicos o tiene contacto con personas vulnerables.
China, de hecho, está impulsando paralelamente una mayor profesionalización del cuidado de adultos mayores. Su estrategia nacional contempla ampliar servicios domiciliarios de alimentación, limpieza, movilidad, atención médica y emergencias, además de fortalecer a proveedores profesionales y redes comunitarias.
Eso marca una diferencia relevante: un “sustituto de vida” puede resolver un recado o brindar compañía, pero no necesariamente posee capacitación para realizar cuidados médicos o asistenciales especializados.
