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Humanos para emprender, agentes para multiplicar.

El pago de la luz, el internet o el celular dejó de hacerse en la sucursal. Hoy se realiza desde una cuenta bancaria y en automático. El cambio revela que el dinero entra y se mueve dentro del sistema financiero y que cada vez más personas tienen inclusión financiera y utilizan una cuenta para programar pagos recurrentes y automatizar gastos cotidianos.
Durante años, la inclusión financiera se centró en el acceso: abrir cuentas, colocar tarjetas de crédito y ampliar cobertura. Ese primer paso ya ocurrió; el reto ahora está en el uso cotidiano.
El sistema financiero avanzó mucho en acceso, pero la verdadera inclusión empieza cuando una cuenta se usa para resolver necesidades del día a día; deja de ser un lugar donde solo se recibe dinero y empieza a funcionar como una herramienta para simplificar transacciones, organizar gastos y automatizar pagos de servicios.
Ese cambio empieza a reflejarse en los hábitos de pago. En 2025, las transferencias por banca electrónica superaron los 8,390 millones de operaciones, según el Banco de México.
Hoy, estos movimientos no son únicamente para mandar dinero a alguien; se usan para pagar servicios. Lo que antes se pagaba en efectivo, después de hacer fila en sucursales, ahora se paga desde la cuenta. En muchos casos, incluso mediante pagos programados o cargos automáticos asociados a una cuenta bancaria.
De acuerdo con nuestra empresa DRUO, este hábito activa tres efectos:
Además, la posibilidad de registrar pagos automáticos desde una cuenta de banco acerca funcionalidades que durante años estuvieron más asociadas a las tarjetas, como las suscripciones o los cobros automáticos sin fricción.
La inclusión financiera ya no se mide por cuántas personas tienen una cuenta bancaria; hoy también importa cuántas la usan.
El pago de servicios básicos impulsa ese cambio y empieza a ordenar la relación de las personas con su dinero.
Programar pagos y utilizar la cuenta bancaria para resolver gastos recurrentes fortalece esa relación y vuelve más útil la experiencia financiera.
El siguiente paso no es tener más productos, es usarlos mejor. Ahí es donde se define el verdadero alcance de la inclusión financiera.

