
Cuando un emprendedor permite que su identidad se fusione con sus ideas, cualquier sugerencia de mejora, feedback o retroalimentación puede percibirse como un ataque personal.
Sé que cuando emprendemos o tenemos un alto rango en una compañía, puede llegar a confundirse el ego con la confianza; sin embargo, la diferencia radica en la observación externa. La confianza es necesaria para emprender; el ego, en cambio, es esa voz interna que nos convence de que nuestra visión es la única válida, no nos permite tener una retroalimentación que nos ayude a crecer y nos estanca.
El ego no es visible, pero sí medible en resultados.
El ego no es un concepto abstracto; tiene un costo financiero y operativo real. Cuando un líder bloquea la retroalimentación, la toma de decisiones se vuelve lenta y sesgada.
Las empresas que implementan una cultura de feedback constante y se enfocan en las fortalezas de sus equipos logran un aumento de hasta el 29% en sus utilidades, de acuerdo con Gallup.
Por el contrario, un líder dominado por el ego genera lo que llamo “ceguera organizacional”. Cuando un equipo de trabajo no tiene la libertad de externar que una estrategia no está funcionando, se seguirá invirtiendo capital en una dirección equivocada.
Liderar no se trata de tener siempre la razón, es tener acceso a mejores perspectivas y dirección.
Liderar con éxito significa reconocer que mi perspectiva es limitada y que el feedback no es una crítica a mi persona, sino un regalo de información que me permite ver los puntos ciegos que mi propia posición me impide notar. La retroalimentación debe verse como una ventaja competitiva, porque aquel que escucha más rápido, corrige más rápido.
Como lo menciono en mi libro Felicidad Activa, el liderazgo consciente requiere una apertura mental que el ego simplemente no permite:
“Para escalar un negocio, el líder debe estar más enamorado de la solución y del aprendizaje que de sus propias ideas iniciales. El feedback es el espejo que el ego intenta romper”.
Muchos fundadores temen al feedback, por temor a que los haga ver débiles, pero es todo lo contrario: la humildad estratégica es la máxima expresión de seguridad. No se trata de hacer lo que todos dicen, sino de recolectar todos los datos posibles para tomar la decisión final con la mayor claridad.
Para combatir el ego en nuestro día a día, te invito a adoptar prácticas de liderazgo consciente:
El liderazgo no se trata de ti, se trata de lo que puedes lograr a través de los demás. El mundo real es complejo y lleno de matices que una sola persona no puede captar en su totalidad. La próxima vez que alguien te dé feedback, antes de tomarlo personal, recuerda que esa información podría ser la pieza que falta para llevar tu empresa al siguiente nivel.
Después de todo, el éxito no se trata de tener la última palabra, sino de construir una organización resiliente.

