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Humanos para emprender, agentes para multiplicar.

La Secretaría de Turismo (Sectur) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) presentaron el primer Decálogo para la Inversión Turística Sustentable, una guía con la que el Gobierno federal busca alinear el crecimiento del sector con la protección de los ecosistemas y el bienestar de las comunidades receptoras.
El instrumento establece 10 principios relacionados con la planeación territorial, el turismo comunitario, el empleo formal, la gestión del agua, la transición energética y la economía circular. Su propósito es brindar una referencia común para autoridades, inversionistas y desarrolladores desde las primeras etapas de cada proyecto.
La iniciativa adquiere relevancia por el tamaño económico del sector. En 2024, el turismo aportó 8.7% de la economía mexicana y generó 2.9 millones de puestos de trabajo remunerados, equivalentes a 7.4% del total nacional, de acuerdo con el Inegi.
El Decálogo servirá como marco de referencia para la Cartera de Inversión Turística de México, integrada al primer cuatrimestre de 2026 por 773 proyectos distribuidos en las 32 entidades federativas.
En conjunto, estas iniciativas representan una inversión reportada superior a 42,452 millones de dólares. La cartera creció 10% en número de proyectos y 16% en monto frente al tercer cuatrimestre de 2025, según la Secretaría de Turismo.
La existencia de esta cartera no significa que todos los proyectos estén construidos, autorizados o en operación. Se trata de iniciativas en diferentes etapas de desarrollo y seguimiento, cuyos responsables todavía deben cumplir las disposiciones ambientales, urbanas, turísticas y territoriales que correspondan.
Sectur y Semarnat plantean que incorporar los criterios ambientales desde la planeación puede dar mayor viabilidad de largo plazo a las inversiones, al reducir conflictos territoriales, daños a ecosistemas y riesgos relacionados con la disponibilidad de recursos naturales.
El instrumento está organizado alrededor de los siguientes ejes:
Entre los ecosistemas que recibirán atención prioritaria se encuentran manglares, arrecifes, cenotes, playas y dunas, cuya conservación influye directamente en el atractivo y la resiliencia de numerosos destinos mexicanos.
La ejecución y el seguimiento del Decálogo estarán a cargo de una mesa de trabajo interinstitucional. No obstante, el anuncio todavía no detalla indicadores obligatorios, metas por proyecto, mecanismos de evaluación, presupuesto específico ni posibles consecuencias para las inversiones que no adopten sus principios.
Para un pequeño hotel, operador de recorridos, restaurante, cooperativa o empresa de experiencias, la sustentabilidad no debería limitarse a eliminar popotes o colocar mensajes para ahorrar agua.
El nuevo enfoque implica revisar desde el origen cómo se adquiere el terreno, quién participa en el negocio, de dónde provienen el agua y la energía, qué residuos se generan y qué parte del gasto turístico permanece en la comunidad.
ONU Turismo sostiene que, para ser sostenible, una actividad turística debe respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas y mantener operaciones económicas viables en el largo plazo. También señala que el turismo rural puede generar empleo, complementar otras actividades productivas y distribuir la demanda hacia territorios menos visitados.
Estas son algunas decisiones que pueden ayudar a construir una experiencia rentable sin desplazar a las comunidades ni deteriorar el entorno.
Informar a los habitantes cuando el proyecto ya está decidido no equivale a participación comunitaria.
Un emprendimiento puede involucrar a ejidos, cooperativas, artesanos, cocineras tradicionales, guías y autoridades locales en el diseño de la experiencia, la definición de capacidades máximas y la distribución de los ingresos.
La participación puede incluir propiedad compartida, pago por uso de espacios comunitarios, contratos con proveedores locales o mecanismos para financiar la conservación del patrimonio.
ONU Turismo advierte que, cuando el turismo no se gestiona correctamente, sus beneficios económicos pueden pasar de largo para quienes viven en los destinos.
Comprar un terreno atractivo no garantiza que pueda utilizarse para construir hospedaje, restaurantes, muelles o instalaciones recreativas.
Antes de comprometer capital, los emprendedores deben revisar el uso de suelo, la propiedad del predio, los ordenamientos ecológicos y turísticos, la disponibilidad de servicios y las autorizaciones ambientales aplicables.
El Decálogo no sustituye estos procesos. Funciona como una orientación para que la inversión turística y la legislación ambiental se consideren conjuntamente desde la etapa de planeación.
Una experiencia turística puede incrementar la presión sobre acuíferos, redes municipales y sistemas comunitarios, especialmente en destinos costeros o rurales.
El modelo de negocio debe estimar el consumo de habitaciones, albercas, cocinas, lavanderías y áreas verdes. También puede incorporar captación de lluvia, dispositivos ahorradores, tratamiento y reúso de aguas residuales.
El principio central es evitar que la llegada de visitantes reduzca el acceso de la población local al agua, uno de los puntos expresamente incorporados en el Decálogo.
La transición energética puede representar una inversión inicial, pero también disminuir costos operativos en hospedajes, restaurantes y centros recreativos.
Paneles solares, calentadores solares, iluminación eficiente, ventilación pasiva y equipos de bajo consumo pueden reducir la dependencia de combustibles y electricidad convencional.
Para que la decisión sea rentable, cada negocio debe comparar el ahorro esperado, el mantenimiento, la vida útil de los equipos y el periodo necesario para recuperar la inversión.
Comprar alimentos, textiles, muebles, artesanías y servicios dentro de la región puede hacer que una mayor proporción del gasto turístico permanezca en el destino.
Esto exige trabajar con proveedores que puedan mantener calidad, entregas y precios sostenibles, además de evitar que los productos culturales se conviertan en mercancías genéricas sin reconocimiento ni compensación para sus creadores.
El turismo comunitario tiene mayor capacidad para generar desarrollo cuando se conecta con la agricultura, la gastronomía, las artesanías y otros sistemas productivos locales.
Atraer al mayor número posible de personas no siempre es la estrategia más rentable.
En ecosistemas sensibles, un grupo reducido que paga por una experiencia especializada puede generar mayores márgenes y menor impacto que un turismo masivo con precios bajos.
Los límites pueden definirse según la disponibilidad de agua, la capacidad de los senderos, la generación de residuos, la movilidad y la fragilidad del ecosistema.
Los emprendimientos pueden registrar cuántos empleos formales generan, qué porcentaje de sus compras se realiza localmente, cuánta agua consumen por visitante y qué volumen de residuos recuperan o reciclan.
La medición permite demostrar resultados ante clientes, autoridades e inversionistas. También ayuda a distinguir una estrategia ambiental verificable de mensajes publicitarios sin evidencia.
ONU Turismo trabaja en marcos ESG para que las empresas turísticas puedan reportar impactos económicos, ambientales y sociales con mayor credibilidad ante inversionistas y consumidores.
Los destinos dependen de sus playas, bosques, arrecifes, paisajes, gastronomía y patrimonio cultural. Deteriorar estos activos puede reducir su atractivo, elevar los costos de operación y generar conflictos con las comunidades.
El Programa Sectorial de Turismo 2025-2030 establece entre sus objetivos promover el desarrollo regional, atraer inversiones, mejorar la competitividad e impulsar la sustentabilidad de destinos y productos turísticos.
Para los pequeños negocios, adoptar estos principios puede facilitar el acceso a viajeros que buscan experiencias responsables, alianzas con operadores especializados y posibles fuentes de financiamiento verde.
Sin embargo, el Decálogo solo tendrá efectos concretos si sus principios se traducen en criterios claros, coordinación entre autoridades, seguimiento público y proyectos que distribuyan de manera comprobable sus beneficios.
La oportunidad para los emprendedores consiste en demostrar que la rentabilidad no depende de construir más, recibir visitantes sin límite o extraer recursos hasta agotarlos. También puede surgir de conservar aquello que hace único al destino y convertir a la comunidad en participante del negocio, no solamente en espectadora.


