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Delegación empresarial: por qué cambiar de gerente puede no resolver el problema

COLUMNA

Delegar una responsabilidad sin entregar autoridad suficiente puede convertir al gerente en responsable de resultados que realmente no controla.

Delegar responsabilidades sin entregar autoridad puede dejar al gerente atrapado entre las expectativas del equipo y las decisiones del dueño.
Delegar responsabilidades sin entregar autoridad puede dejar al gerente atrapado entre las expectativas del equipo y las decisiones del dueño. © Depositphotos.com

Puedes despedir al gerente. Lo difícil es despedirte de la versión de ti mismo que necesita tener siempre la última palabra.

Contratas a alguien para que dirija. Le pides iniciativa, criterio y resultados. Después corriges sus decisiones frente al equipo, autorizas excepciones a sus espaldas y atiendes directamente a quienes deberían resolver con él.

Meses más tarde concluyes que le falta autoridad. La gente aprendió perfectamente quién manda cuando ustedes piensan distinto.

Un gerente puede equivocarse, carecer de capacidad o incumplir sus responsabilidades. Eso debe comprobarse y atenderse. Pero cuando el mismo problema sobrevive a varios gerentes, conviene investigar qué permanece.

Entre otras cosas, permaneces tú: tus decisiones, tus omisiones y la forma en que necesitas ser reconocido.

Ahí entra la identidad: lo que crees que te hace valioso y que, por eso, defiendes incluso cuando sus consecuencias ya te perjudican.

Si durante años has sido el que rescata, resuelve y sabe, una empresa que funciona con mayor autonomía puede sentirse como una amenaza a tu lugar en ella. Puedes desear el descanso y seguir provocando las urgencias que justifican tu presencia.

Cuando resolver también desautoriza

Me ocurrió con un cliente de mi firma. Vi que no avanzaba e intervine con indicaciones que contradecían el trabajo de su coach.

Creí que estaba ayudando.

El cliente terminó con dos versiones de qué hacer y sin claridad sobre cuál seguir. Después entendí que el coach trabajaba con información y un proceso que yo desconocía. Mi cargo me permitía intervenir; entender la situación exigía escuchar primero.

En mi libro El problema no es tu negocio, el problema: ¡eres tú! desarrollo una idea que exige mirar la propia participación en lo que se repite.

Reconocerla permite encontrar decisiones que sí están en tus manos.

Cinco conductas que mantienen el problema

Rescatas cada problema antes de que el responsable termine de abordarlo. El equipo recibe alivio inmediato y pierde la oportunidad de hacerse cargo. Tú vuelves a demostrar que eres necesario. Antes del siguiente rescate, pregúntate: ¿qué me cuesta tolerar mientras otro aprende a resolver?

Delegas una responsabilidad y conservas todas las autorizaciones. Después exiges resultados a alguien que necesita tu permiso para producirlos. Revisa una decisión concreta: ¿qué puede resolver esa persona, dentro de qué límites y con qué información deberá rendir cuentas? La confianza necesita acuerdos que ambos puedan sostener.

Evitas una conversación porque temes perder el afecto de un familiar o la lealtad de un colaborador antiguo. El gerente termina administrando una excepción que tú proteges. Pregúntate qué acuerdo estás dejando de cumplir para conservar una relación cómoda y quién está pagando sus consecuencias.

Pides criterio propio, pero recibes el desacuerdo como una falta de respeto. La siguiente vez te presentan una versión más amable de lo que necesitas escuchar. Si quieres entender por qué dejaron de cuestionarte, recuerda cómo trataste a la última persona que lo hizo.

Por último, mides tu valor por cuánto trabajas. Una agenda menos saturada te produce culpa y vuelves a ocupar espacios que ya tenían responsable. Antes de llenarlos, necesitas responder qué quieres hacer posible con tu empresa: qué vida, qué relaciones y qué responsabilidades has pospuesto mientras todo dependía de ti.

Una identidad que pueda sostener el cambio

SER Dueño exige desarrollar criterio, integridad y capacidad para sostener decisiones cuyo costo también es personal.

Confiar puede exigir tolerar que otro proceda de una manera distinta. Poner un límite puede costarte aprobación. Gobernar requiere pedir cuentas y asumir las consecuencias de tus propios acuerdos.

Empieza con una conducta observable esta semana. Elige una decisión que ya delegaste, confirma sus límites y respeta al responsable frente al equipo.

Acuerda cuándo revisar resultados y qué situaciones requieren tu intervención.

Cuando aparezca la urgencia de recuperar el control, identifica qué ocurrió: ¿se incumplió un acuerdo o te incomodó dejar de decidir?

Cambiar de gerente puede ser necesario. También puede dejar intacta tu manera de ejercer el poder.

El nuevo gerente necesita saber qué puesto va a ocupar. Tú necesitas decidir quién vas a ser cuando él lo ocupe.

Esteban De Gyves es escritor y creador de la filosofía SER Dueño. Desde 2005 trabaja con empresarios sobre identidad, responsabilidad y ejercicio de la propiedad.

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autor Esteban De Gyves es escritor y creador de la filosofía SER Dueño. Desde 2005 trabaja con empresarios sobre identidad, responsabilidad y el ejercicio de la propiedad.