
La película Wildwood: El bosque salvaje llegó a los cines mexicanos el pasado 29 de octubre, pero su doblaje al español latino terminó robándose buena parte de la conversación. La participación de la actriz Macarena García, la conductora Natalia Téllez y el creador de contenido Javier Ibarreche provocó críticas de espectadores que consideran que algunos personajes necesitaban voces con experiencia especializada.
El reclamo ya pasó de las redes sociales a Change.org: una petición dirigida a LAIKA Studios y a la distribuidora Imagem Films México solicita grabar nuevamente la película con actores profesionales de doblaje.
La discusión abrió otra pregunta para la industria: ¿qué se gana al contratar celebridades por su popularidad y qué se deja fuera cuando los papeles no llegan a quienes llevan años trabajando detrás del micrófono?
Mientras la campaña suma miles de firmas, Ibarreche reconoció que entiende parte de las críticas, mientras que actores profesionales del doblaje cuestionan cómo se eligen y dirigen estas voces.
La petición apareció en Change.org el mismo día del estreno de Wildwood en México. La iniciativa, creada por Stefanny Alanis, pide un nuevo doblaje latino con intérpretes profesionales y una dirección de voz especializada. Solo una semana después, la campaña ya reunía más de 6,300 firmas verificadas, según consultamos el 6 de noviembre de 2026.
El documento cuestiona principalmente la elección de los llamados ‘star talents’, es decir, figuras conocidas por su trabajo en televisión o internet que también prestan su voz a personajes animados. En esta película, Macarena García interpreta a Prue McKeel, Javier Ibarreche da voz a Brendan, el Rey Bandido, y Natalia Téllez participa como Alexandra Svik, mientras que Emilio Treviño forma parte del elenco como Curtis Mehlberg.
Los firmantes sostienen que algunas interpretaciones afectan la conexión con los personajes y que una producción de esta escala merece un doblaje a la altura de su trabajo visual.
La polémica no se queda solo en las firmas ni en la funa viral, pues el propio Javier Ibarreche habló del tema en una charla con la creadora digital Mili (@hipocondr1ac). Reconoció que entiende por qué parte del público cuestiona la contratación de celebridades para hacer doblaje.
“Entiendo perfecto la crítica o la resistencia, porque sí es cierto que cuando alguien es contratado más por su notoriedad que por su aptitud, cae mal”, explicó. Su respuesta puso sobre la mesa el argumento comercial detrás de los star talents: sumar reconocimiento y atraer público desde el anuncio de la película.
Sé que al ser conocido como creador de contenido, pareciera que me están contratando únicamente por la notoriedad. (… ) Sé que si hubiera sido únicamente actor de doblaje, posiblemente no hubiera conseguido este rol”, agregó Ibarreche.
La discusión alcanzó a otros profesionales del gremio. Lalo Garza, mejor conocido por dar voz a Krillin en Dragon Ball Z, reaccionó a las críticas con una parodia.
Por su parte, Jessica Ortiz, voz recurrente de Drew Barrymore, Jessica Alba y otras actrices señaló que la responsabilidad no recae únicamente en quien presta la voz: la dirección debe guiar, corregir y exigir el trabajo necesario, incluso cuando participa una figura famosa.
El debate de Wildwood va más allá de decidir si una voz gusta o no. También toca el espacio laboral de quienes se especializan en doblaje, una actividad que exige actuación, sincronía, dicción, manejo de intención y capacidad para interpretar sin apoyarse en el rostro o el cuerpo.
Cuando una producción reserva papeles principales para figuras conocidas, la oportunidad deja de llegar a intérpretes que han construido su carrera en cabina.
No hay cifras públicas que permitan calcular cuántos empleos desplazó esta decisión en Wildwood ni cuánto costaría grabar otra versión, pero sí existe un costo profesional: menos oportunidades para especialistas y una conversación pública que termina cuestionando el resultado.
Hasta ahora no hay un anuncio oficial de redoblaje y solo la taquilla dirá si se tomaron las decisiones correctas. La discusión no se resuelve enfrentando a creadortes de contenido contra actores profesionales, sino preguntando qué criterios usa la industria para elegir el elenco y quién responde por la calidad final.
