
El intestino inflamado es una de las molestias digestivas más comunes e incómodas: esa sensación de hinchazón y tirantez en el abdomen que puede hacer que te aflojes la cintura del pantalón o incluso que decidas saltarte la cena por completo.
“Para algunas personas, la inflamación es leve y ocasional, pero para otras puede volverse crónica y afectar de forma importante su calidad de vida, además, no es un síntoma fácil de diagnosticar”, afirma la Dra. Feenalie Patel, gastroenteróloga del Hospital Houston Methodist.
Cuando la inflamación abdominal se prolonga o sigue apareciendo una y otra vez, puede ser una señal de una condición más seria. Entender qué está pasando realmente dentro de tu cuerpo cuando te sientes inflamado puede ayudarte a encontrar alivio y a saber cuándo buscar ayuda.
La inflamación abdominal es una sensación subjetiva de llenura, tirantez o presión en el abdomen que a menudo está relacionada con gas atrapado. Hay varios mecanismos biológicos clave que contribuyen a esta sensación.
Esto puede deberse a un aumento en la producción de gas por la fermentación de los alimentos o a un tránsito más lento del gas a través del tracto digestivo.
Si los nervios de tu intestino son demasiado sensibles, puedes percibir cantidades normales de gas o de llenura como dolorosas o como una inflamación excesiva.
Esto implica una coordinación alterada entre tu diafragma (el músculo que usas para respirar) y tus músculos abdominales, lo que puede hacer que el abdomen se distienda de forma visible.
Los cambios en el equilibrio de las bacterias intestinales pueden llevar a una mayor producción de gas.
Los niveles más altos de estrógeno antes y durante la menstruación hacen que el cuerpo de las mujeres retenga más agua y sal, lo que puede causar inflamación.
“Muchas personas que reportan inflamación tal vez en realidad no tienen más gas en los intestinos que otras”, dice la Dra. Patel.
“Más bien, sus cuerpos están reaccionando de forma diferente a cantidades normales de gas, lo que provoca sensaciones de presión o distensión”.
La inflamación rara vez es un problema aislado y con frecuencia es un síntoma clave de condiciones gastrointestinales de fondo. La asociación más común es con los trastornos gastrointestinales funcionales, como el síndrome del intestino irritable (IBS, por sus siglas en inglés), donde más del 90% de los pacientes reporta inflamación.
Otras condiciones gastrointestinales comunes que pueden causar inflamación crónica incluyen:
Sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO): Un exceso de bacterias en el intestino delgado, lo que lleva a una mayor producción de gas durante el proceso de digestión.
“Si la inflamación es frecuente y viene acompañada de otros síntomas digestivos, puede ser señal de un trastorno de fondo que necesita atención”, advierte la Dra. Patel.
Para la mayoría de las personas, la inflamación es un síntoma benigno relacionado con la alimentación o el estilo de vida. Sin embargo, es fundamental reconocer los síntomas de “alarma” que podrían señalar una condición subyacente más seria, como cáncer.
Tu médico va a querer saber si además de inflamación crónica estás presentando:
“Deberías considerar consultar a un gastroenterólogo para una evaluación más profunda si la inflamación está afectando tu vida diaria”, recomienda la Dra. Patel.
Si alguna vez has notado que tu estómago se altera antes de una gran presentación o durante una semana estresante, no te lo estás imaginando. El eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación de doble vía entre tu sistema digestivo y tu sistema nervioso, juega un papel importante en la inflamación.
“Está bien establecido que el estrés puede aumentar la hipersensibilidad visceral y alterar la motilidad intestinal”, explica la especialista en gastroenterlogía.
“Cuando estamos ansiosos o estresados, nuestro tracto digestivo puede volverse más reactivo, y podemos sentirnos inflamados incluso sin cambios en la alimentación”.
Controlar el estrés mediante ejercicio regular, atención plena o terapia cognitivo-conductual puede ayudar a calmar tanto el cerebro como el intestino.
La primera línea de defensa contra la inflamación frecuente es hacer ajustes sencillos e inteligentes en tu estilo de vida y en tu alimentación.
“Reducir el estrés es clave”, comenta la Dra. Patel. “La atención plena, el yoga y las técnicas de relajación pueden calmar la conexión entre el intestino y el cerebro”.
Aunque no existe una cura única que funcione para todo, varias opciones de venta libre pueden ayudar a aliviar los síntomas:
“Los suplementos de fibra pueden ayudar a regular las evacuaciones, pero úsalos con cuidado”, señala la Dra. Patel.
“En algunos pacientes, la fibra empeora la inflamación, especialmente si se añade demasiado rápido. Empieza con poca cantidad y aumenta poco a poco, tomando suficientes líquidos”.
Si te está costando trabajo controlar una inflamación persistente, un gastroenterólogo puede ser tu mejor aliado.
Un especialista va a empezar evaluando tus síntomas para descartar cualquier condición seria. Las pruebas podrían incluir pruebas de aliento para sobrecrecimiento bacteriano o intolerancias alimentarias, una endoscopia para detectar problemas estructurales o estudios de imagen para descartar otras causas.
“Muchos de los cambios de estilo de vida para aliviar la inflamación pueden ser difíciles de hacer por tu cuenta, y un gastroenterólogo puede ayudarte dándote orientación sobre tu alimentación o tus suplementos”, apunta la Dra. Patel.
La inflamación ocasional es común, pero no debería controlar tu vida. Si ya probaste cambios en la alimentación y manejo del estrés, pero sigues sintiéndote incómodo de forma persistente, es momento de buscar ayuda.
“La inflamación es un síntoma muy real y tratable. Con la evaluación y la atención adecuadas, la mayoría de las personas puede encontrar alivio y volver a sentirse como ellas mismas”, enfatiza la especialista del Hospital Houston Methodist.

