
Puedes tener acceso a las mismas herramientas, los mismos modelos de lenguaje, los mismos frameworks de startup. Y aun así quedarte muy lejos.
Emprendedor.com tuvo acceso a conversar con tres fundadores de empresas unicornio durante South South Summit Madrid 2026 organizado junto a la IE University en Madrid. En esas conversaciones dejaron ver, casi sin querer, por qué ellos llegaron donde llegaron —y la mayoría no.
Dmytro Voloshyn, cofundador y CTO de Preply —el marketplace de aprendizaje de idiomas más grande del mundo, unicornio desde enero de 2026 con una valuación de 1,200 millones de dólares— construyó la plataforma partiendo de una frustración personal: aprender inglés siendo ucraniano es difícil, caro y poco eficiente.
No partió de una tecnología en busca de un problema.
Partió de un problema en busca de la mejor solución.
Cuando llegó la IA, Preply ya sabía exactamente para qué usarla: automatizar lo tedioso para liberar lo humano. Las transcripciones, la tarea, el seguimiento gramatical; todo eso lo hace el algoritmo. La motivación, la conexión, el “yo creo en ti”; eso sigue siendo del maestro.
“¿Estás usando IA para resolver un problema real, o para parecer más innovador en tu pitch deck?”, Dmytro Voloshyn, cofundador de Preply en South Summit Madrid 2026.
La lección es incómoda porque contradice buena parte del discurso actual del ecosistema emprendedor. La tecnología no sustituye la claridad estratégica. La amplifica.
Si tu meta es el exit, ya perdiste
Joe Wilson, Chief Evangelist de Bunq, fue el más directo.
Bunq es el neobanco europeo que logró algo que nadie había conseguido en más de 35 años: obtener una nueva licencia bancaria completa en los Países Bajos, en un sector donde los mismos bancos de siempre habían dominado durante décadas.
Su mensaje en South Summit fue contundente: emprender con los ojos puestos en el IPO es una señal de que tus prioridades están invertidas.
No es filosofía barata.
Es estrategia.
Las empresas obsesionadas con su valuación toman decisiones para los inversionistas.
Las empresas obsesionadas con su usuario toman decisiones que generan valuación.
La diferencia se nota en el producto, en la cultura y, eventualmente, en los números.
Bunq no creció porque quería convertirse en unicornio.
Creció porque resolvió, mejor que nadie, el problema financiero de las personas que viven entre países.
“¿Tus decisiones de producto las toma tu usuario imaginario o tus inversionistas?”, Joe Wilson, Chief Evangelist de Bunq en South Summit Madrid 2026.
Joleen Liang cofundó Squirrel AI Learning hace doce años, cuando nadie hablaba de modelos adaptativos ni de inteligencia artificial aplicada a la educación.
Hoy tienen el primer modelo adaptativo multimodal de aprendizaje integrado en dispositivos físicos, con presencia en miles de centros de estudio en China.
Doce años de datos.
Doce años de iteración.
Doce años resolviendo el mismo problema con más profundidad cada vez.
Cuando el mercado explotó y aparecieron decenas de competidores con productos de “IA educativa”, Squirrel ya tenía una ventaja imposible de copiar en 18 meses.
Liang lo resumió con una advertencia que aplica prácticamente a cualquier industria:
“¿Estás construyendo algo que en cinco años sea más difícil de replicar, o más fácil?”, Joleen Liang, cofundadora de Squirrel AI en South Summit Madrid 2026.
El patrón que nadie menciona en los paneles de unicornios
Ninguno de los tres fundó su empresa pensando en el unicornio.
Los tres fundaron su empresa pensando en un usuario específico con un problema específico.
Los tres adoptaron la IA no cuando se puso de moda, sino cuando tenía sentido para su misión.
Y los tres siguen, años después, tan obsesionados con el problema original como el primer día.
Eso no se enseña en un bootcamp.
Pero sí se puede aprender, si sabes a quién escuchar.
Con información de José Luis Cachafeiro.

