
Cuando le pregunto a Salvador Villaseñor qué distingue a Zapopan de otras ciudades mexicanas en materia de innovación, no me habla primero de tecnología, fondos de inversión o inteligencia artificial. Habla de personas. De emprendedores. De ciudadanos que exigen más. De gobiernos que escuchan. Y, sobre todo, de una ciudad que decidió apostar por las ideas cuando todavía muchos veían el emprendimiento como un lujo y no como una política pública.
Quizá ahí está la verdadera historia detrás de Reto Zapopan. Lo que comenzó hace más de una década como una iniciativa municipal para impulsar proyectos innovadores hoy se ha convertido en una de las aceleradoras públicas más grandes de América Latina, con más de 900 startups apoyadas, miles de emprendedores atendidos y una cifra que llama especialmente la atención: más de 50 mil empleos generados.
En un país donde la mayoría de los programas de emprendimiento suelen depender de universidades, aceleradoras privadas o fondos de inversión, Reto Zapopan tomó una ruta distinta.
“Somos la única aceleradora e incubadora gratuita a nivel nacional”, asegura Villaseñor durante la conversación.
La afirmación no es menor. Desde su creación, el programa impulsado por el Gobierno de Zapopan ha buscado democratizar el acceso a herramientas de incubación, mentorías, vinculación comercial y acceso a capital para emprendedores de México y América Latina.
Hoy, la iniciativa llega a su generación número 15 y mantiene una premisa que pocas veces aparece en las conversaciones sobre startups: el emprendimiento también puede ser una herramienta para combatir la desigualdad.
En el ecosistema emprendedor existe una estadística que suele repetirse constantemente: la mayoría de las startups fracasan.
Por eso resulta particularmente interesante el dato que comparte Villaseñor.
“Tenemos alrededor de 900 empresas aceleradas o incubadas y el 85% siguen activas”, afirma.
Si bien cada ecosistema mide la supervivencia empresarial de forma distinta, la cifra refleja algo importante: la apuesta de Reto Zapopan no consiste únicamente en seleccionar proyectos innovadores, sino en acompañarlos durante el proceso de crecimiento mediante mentorías, capacitación, acceso a inversionistas y conexiones estratégicas.
Los datos oficiales del programa muestran una evolución consistente: más de 13 mil registros acumulados, 906 proyectos impulsados y más de 50 mil empleos generados a lo largo de sus distintas generaciones.
Hace una década, las startups mexicanas se concentraban principalmente en comercio electrónico, aplicaciones móviles y servicios digitales básicos.
Hoy el panorama es radicalmente distinto.
“Hace diez años no estábamos hablando de inteligencia artificial, agritech, cleantech o industria 4.0 como lo hacemos ahora”, explica Villaseñor.
La evolución coincide con las tendencias globales. Según el informe Global Startup Ecosystem Report de Startup Genome, sectores como inteligencia artificial, salud digital, sostenibilidad, automatización industrial y tecnología agrícola concentran buena parte de la nueva inversión de riesgo a nivel internacional.
Por eso la convocatoria actual de Reto Zapopan está enfocada en startups tecnológicas de alto impacto, particularmente aquellas vinculadas con inteligencia artificial, fintech, sostenibilidad, salud, tecnologías de información y sectores estratégicos para la economía regional.
Cuando se habla de emprendimiento en México, la conversación suele girar alrededor de Ciudad de México. Sin embargo, Guadalajara y particularmente Zapopan llevan años construyendo una narrativa distinta.
“Somos una ciudad de creativos, innovadores y emprendedores”, señala Villaseñor.
La afirmación tiene sustento. Jalisco concentra algunos de los principales clústeres tecnológicos del país, incluyendo manufactura avanzada, industrias creativas, tecnología médica y desarrollo de software. Empresas globales como Intel, Oracle, HP, IBM y Wizeline han contribuido a consolidar el llamado Silicon Valley mexicano.
En ese contexto, Reto Zapopan funciona como una especie de puente entre talento, academia, empresas e instituciones públicas.
Por qué importa: mientras muchos gobiernos se concentran en atraer inversiones, Zapopan ha apostado por fortalecer primero el talento local y después construir alrededor de él.
Quizá uno de los momentos más interesantes de la entrevista aparece cuando le pregunto cómo evitar que el emprendimiento se convierta en una oportunidad reservada para quienes ya tienen ventajas económicas.
La respuesta de Villaseñor es inmediata.
“El emprendimiento es para todas las personas”, afirma.
Su argumento resulta particularmente relevante en un país donde millones de personas emprenden por necesidad antes que por oportunidad.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las micro, pequeñas y medianas empresas representan más del 99% de los negocios del país y generan alrededor del 70% del empleo formal.
Bajo esa lógica, programas públicos gratuitos como Reto Zapopan buscan reducir algunas de las barreras tradicionales de entrada: capacitación, contactos, mentoría, financiamiento y acceso a ecosistemas especializados.
La edición 2026 llega con una bolsa de apoyo de 825 mil pesos, dividida entre etapas de incubación y aceleración, además de mentorías especializadas y acceso a inversionistas.
Pero para Villaseñor el verdadero reto no está únicamente en el financiamiento.
“Hay que compartir las recetas”, insiste.
La frase resume una visión poco común en el ecosistema emprendedor: la innovación no como una competencia permanente, sino como una construcción colectiva entre gobiernos, universidades, empresas y emprendedores.
Después de 15 generaciones, Reto Zapopan se ha convertido en algo más que una incubadora. Es una prueba de que las políticas públicas también pueden generar innovación, empleo y empresas escalables cuando existe continuidad, visión de largo plazo y una lectura clara de las tendencias tecnológicas.
Y quizá la reflexión más interesante de Salvador Villaseñor no tenga que ver con startups ni con inversión. Tiene que ver con las personas. Con entender que detrás de cada emprendimiento existe alguien intentando resolver un problema. Porque, como él mismo sugiere, los emprendedores más resilientes muchas veces son quienes han tenido que resolver dificultades toda su vida.

