
Cuando Natalia Salcedo Franco recuerda el momento en que decidió fundar Pitz, vuelve a una escena muy precisa: un mecánico latinoamericano, hundido entre herramientas, intentando diagnosticar un auto “a oído”, igual que Ayrton Senna describía los sonidos de su Fórmula 1 para entender qué estaba fallando. Esa combinación —la intuición humana y la precisión tecnológica— fue el chispazo que la llevó a crear una de las startups más ambiciosas del sector automotriz en la región.
Hoy, Pitz busca digitalizar un mercado desatendido, fragmentado y enorme, donde más de 20 millones de familias dependen de los talleres mecánicos entre México y Brasil. Con una ronda pre-semilla de 2.1 millones de dólares, una de las más grandes para una fundadora en Latinoamérica, Natalia quiere resolver un problema global que por décadas ha permanecido sin innovación: el aftermarket automotriz.
El aftermarket automotriz es una industria global valuada en más de 1.1 billones de dólares, según McKinsey & Company. A pesar de su tamaño, es también una de las menos digitalizadas: el 60% de los diagnósticos automotrices en el mundo están mal hechos, de acuerdo con datos de IBISWorld y validaciones internas de Pitz. Esta combinación —relevancia económica y rezago tecnológico— fue la primera señal de oportunidad para Natalia.
Entre México y Brasil existen más de 750,000 talleres automotrices, según Statista. De ellos dependen alrededor de 20 millones de personas, muchas con ingresos que apenas alcanzan los 150,000 pesos mensuales, divididos entre hasta tres familias. Para Natalia, entender esta precariedad fue clave. No solo había ineficiencia: había vidas enteras dependiendo del automóvil que entraba o no al taller.
A diferencia del e-commerce, los bancos o el transporte, los talleres automotrices carecen de sistemas digitales, trazabilidad, historial de vehículos o diagnósticos precisos. “Traemos tecnología a los olvidados”, afirma Natalia. El objetivo de Pitz no es pequeño: convertirse en la plataforma que estandarice, profesionalice y modernice el servicio automotriz en toda la región.
La idea de Pitz surgió mientras Natalia trabajaba en un marketplace de autopartes. Entrevistó a 2,100 mecánicos y entendió que vender piezas solo resuelve el 10% del problema. Lo demás está en el diagnóstico, la operación y la desconfianza del usuario. El documental de Ayrton Senna, donde el piloto identifica fallas del coche solo por sonido, terminó de moldear la visión del “chalán digital”.
“Es traer tecnología a los olvidados, a una industria que vale más de trillón de dólares a nivel global y no tiene nada de tecnología”, dijo la fundadora a Emprendedor.com.
El corazón tecnológico de Pitz es Chalán, un modelo de inteligencia artificial capaz de analizar ruidos del coche, como silbidos, roces o vibraciones, y sugerir si una balata debe limpiarse o reemplazarse. Este tipo de precisión no solo mejora la calidad del servicio; también reduce costos para el usuario y aumenta los ingresos del taller.
A nivel global, el 60% de las reparaciones parte de un diagnóstico incorrecto, según IBISWorld.
Pitz quiere revertir esa tendencia con historial vehicular, compatibilidad exacta de piezas y asistencias IA desde el primer contacto.
“Si el diagnóstico está mal, todo lo demás también”, explica Natalia.
En septiembre, Pitz anunció una ronda pre-semilla de 2.1 millones de dólares, una de las más altas para una startup liderada por una mujer en Latinoamérica. El ecosistema de inversión en la región aún refleja grandes brechas: solo el 1% del capital llega a empresas fundadas por mujeres. Para Natalia, el logro reafirma que el problema es real y global.
Digitalizar una industria tan tradicional implicó resistencias. Muchos mecánicos desconfían de la tecnología o de la profesionalización. Pero Pitz encontró la fórmula: capacitación, herramientas simples, beneficios visibles y la posibilidad de acceder por primera vez a crédito, historial y mayor flujo de clientes.
La compañía planea cerrar 2026 con 5,000 talleres activos entre México y Brasil. Estos países concentran el 70% del mercado regional y representan el entorno perfecto para perfeccionar su tecnología antes de expandirse a Colombia, Perú y Chile.
La falta de confianza es uno de los mayores dolores del sector: la frase “me van a ver la cara” resume el sentimiento general. Pitz busca que, en cinco años, cuando una persona diga “voy al mecánico”, la siguiente pregunta sea: “¿Ya usan Pitz?”. La confianza es su propuesta de valor más poderosa.
Cuando le dijeron “esa industria no es para mujeres”, Natalia sintió el impulso contrario. Para ella, entre menos glamoroso es un problema, más la atrae. Su trayectoria en Rappi, liderando transformaciones digitales complejas, le dio claridad sobre cómo escalar y corregir operaciones desde cero.
“Entre más me dicen ‘una mujer en esta industria’, más quiero hacerlo. Entre más me dicen ‘es difícil’, más quiero estar allá”.
Sin embargo y, a diferencia de su yo de hace diez años, hoy Natalia acepta que no puede hacerlo todo sola. Apuesta por la terapia, el boxeo, su red de apoyo y una rutina saludable para mantener equilibrio. Para ella, el éxito también implica saber cuándo respirar.
El éxito, dice, sería ayudar a que “al menos el 30-40% de estas familias tripliquen sus ingresos”. Y también demostrar que una mujer latina puede llevar una empresa global y, por qué no, llegar a bolsa. Su misión final es dejar las puertas abiertas para todas las mujeres que vendrán después.
“Hoy en día, si podemos ayudar a esas 20 millones de familias a que su ingreso se triplique o se cuatriplique… eso para mí es el éxito”.””, señala.
La historia de Pitz es una mezcla de innovación tecnológica, sensibilidad humana y una convicción profunda por transformar una industria olvidada. Natalia Salcedo encontró una oportunidad donde pocos querían mirar y hoy lidera una de las apuestas más ambiciosas del ecosistema latinoamericano: digitalizar 750,000 talleres, mejorar los ingresos de millones de familias y elevar el estándar de confianza en el servicio automotriz.
“Cuando uno tiene la convicción, todo se puede. Definitivamente en esta vida todo es posible.”
Su camino recuerda que emprender no siempre ocurre en sectores glamorosos; a veces, las grandes revoluciones nacen en los lugares más inesperados.
