
Hay una escena que Patricia Florencia vio repetirse durante años mientras trabajaba en algunas de las instituciones financieras más importantes del mundo.
Familiares que querían empezar a invertir, pero no sabían cómo.
Amigos convencidos de que necesitaban millones de pesos para abrir una cartera.
Mujeres que delegaban por completo sus finanzas a sus parejas porque pensaban que las inversiones eran “demasiado complicadas”.
Después de más de tres décadas de experiencia acumulada entre ella y su socia en firmas como Credit Suisse, BlackRock y GBM, ambas llegaron a la misma conclusión: el problema no era la falta de productos financieros. Era que millones de latinoamericanos seguían sintiendo que el mundo de las inversiones simplemente no estaba hecho para ellos.
De esa inquietud nació Pilou, una plataforma de inversión que combina asesoría personalizada, educación financiera y tecnología para ayudar a las personas a construir patrimonio tanto en México como en Estados Unidos. La plataforma opera utilizando la infraestructura de instituciones reguladas como GBM en México e Interactive Brokers en Estados Unidos, mientras que Pilou actúa como asesor de inversión y acompaña al usuario durante todo el proceso.
Durante décadas, gran parte de la industria financiera concentró sus esfuerzos en clientes con alto patrimonio.
Florencia recuerda que, desde dentro del sector, resultaba evidente que la mayoría de las instituciones destinaban sus recursos a quienes ya tenían experiencia invirtiendo, mientras millones de personas quedaban fuera de la conversación.
“Nos dimos cuenta de que atendíamos a menos del 1% de la población. Veíamos que familiares, amigos y, en particular, muchas mujeres, no sabían cómo empezar, cuáles eran los riesgos ni dónde invertir”, explica.
Ese diagnóstico coincide con una realidad documentada por distintos organismos internacionales. La falta de educación financiera continúa siendo una de las principales barreras para que las personas construyan patrimonio, incluso entre quienes ya tienen acceso al sistema bancario. Estudios sobre inclusión financiera en América Latina muestran que ampliar el acceso no depende únicamente de ofrecer productos, sino de acompañar a los usuarios con herramientas comprensibles y generar confianza durante todo el proceso.
Por eso Pilou decidió simplificar un lenguaje que durante años pareció reservado para especialistas.
En lugar de hablar de asignación estratégica de activos o sofisticados modelos de inversión, la plataforma comienza con preguntas sencillas: cuánto gana una persona, cuáles son sus objetivos, cuándo necesitará ese dinero y qué tan cómoda se siente frente al riesgo.
Con esa información construye un perfil de inversión personalizado y propone un portafolio alineado con sus necesidades.
Uno de los hallazgos que más ha sorprendido a Florencia no tiene que ver con los mercados financieros.
Tiene que ver con los hábitos.
La mayoría de quienes llegan a Pilou nunca había invertido antes. De hecho, alrededor del 65% son inversionistas primerizos y cerca del 80% de los usuarios son mujeres.
Lo interesante, dice, es que el simple hecho de abrir una cuenta comienza a modificar la manera en que las personas administran sus ingresos.
“Antes recibían su sueldo y prácticamente se lo gastaban completo. Cuando empiezan a invertir generan el hábito de destinar entre 15% y 20% de sus ingresos a construir patrimonio”, explica.
Más que hablar de rendimientos, Florencia insiste en un cambio de mentalidad.
Invertir deja de verse como una actividad exclusiva para expertos y comienza a formar parte de la planeación financiera cotidiana.
Esa transformación cobra especial relevancia en un contexto donde el envejecimiento de la población, la presión sobre los sistemas de pensiones y la necesidad de generar ahorro de largo plazo obligan a que cada vez más personas asuman un papel activo en la construcción de su propio patrimonio, una tendencia que diversos especialistas consideran uno de los grandes retos financieros de América Latina durante la próxima década.
Levantar una startup nunca es sencillo. Hacerlo dentro de la industria financiera añade otra capa de complejidad. Y cuando las fundadoras son mujeres, el reto suele multiplicarse.
Florencia lo vivió desde antes de crear Pilou.
Durante su paso por Credit Suisse recuerda haber sido la única mujer dentro de un equipo de alrededor de 20 personas. Años después descubrió que esa realidad también se repetía cuando llegó el momento de buscar inversionistas.
“Menos del 3% del capital de venture capital termina en startups fundadas exclusivamente por mujeres. Eso hizo que el levantamiento de capital fuera uno de nuestros mayores retos, pero también nos obligó a ser mucho más eficientes con los recursos”, explica.
Las cifras respaldan esa percepción. De acuerdo con el informe Female Founders in the VC Ecosystem de PitchBook, las startups fundadas únicamente por mujeres siguen captando una fracción muy pequeña del capital de riesgo mundial, pese al crecimiento del emprendimiento femenino.
Para Florencia, esa limitación terminó convirtiéndose en una ventaja competitiva.
Al contar con menos recursos desde el inicio, Pilou tuvo que construir procesos altamente automatizados, incorporar inteligencia artificial en distintas etapas de la operación y priorizar aquellas herramientas tecnológicas que realmente generaran impacto para el usuario.
Cuando se habla de fintech suele pensarse primero en algoritmos o inteligencia artificial.
Florencia propone cambiar el enfoque.
Para ella, la tecnología no es el producto; es el vehículo que permite democratizar un servicio que antes estaba reservado para personas con grandes patrimonios.
Desde el proceso de incorporación de nuevos usuarios hasta la administración de portafolios y la generación de reportes personalizados, Pilou utiliza automatización e inteligencia artificial para atender a un mayor número de personas sin perder el acompañamiento humano.
Ese modelo coincide con una tendencia que está redefiniendo la industria financiera. Estudios de McKinsey & Company estiman que la inteligencia artificial generativa podría transformar de manera significativa áreas como la asesoría financiera, la atención al cliente y la personalización de productos, reduciendo costos operativos y ampliando el acceso a servicios especializados.
Sin embargo, Florencia insiste en que la tecnología, por sí sola, no resuelve el problema.
“La comunicación tiene que ser sencilla. Durante muchos años las finanzas hablaron un lenguaje demasiado complejo. Si queremos que cualquier persona pueda invertir, primero tenemos que explicar las cosas de forma simple y cercana”.
Esa filosofía atraviesa toda la plataforma.
Los perfiles de inversión reciben nombres amigables; los instrumentos financieros se explican “con peras y manzanas”, como ella misma los describe, y cada usuario puede consultar reportes personalizados para entender qué está ocurriendo con su dinero y por qué.
Uno de los conceptos que Florencia cuestiona es la forma en que normalmente se mide la inclusión financiera.
Con frecuencia, explica, el debate se centra en cuántas personas tienen una cuenta bancaria.
Pero considera que esa métrica es insuficiente.
“Podemos hablar de bancarización, pero todavía menos del 1% de las mujeres en América Latina tiene una cuenta de inversión. Mientras exista esa brecha, todavía hay mucho trabajo por hacer”, señala.
La propia OCDE ha insistido en que la verdadera inclusión financiera implica no solo acceso a productos, sino la capacidad de utilizarlos de manera informada para mejorar el bienestar económico de las personas.
Desde esa perspectiva, invertir deja de ser únicamente una decisión financiera.
También se convierte en una herramienta para ampliar la autonomía económica, reducir vulnerabilidades y ofrecer mayor libertad para tomar decisiones personales y profesionales.
Cuando la conversación deja los mercados financieros y se centra en Patricia Florencia como emprendedora, aparece el verdadero motor detrás de Pilou.
Ni los algoritmos, inversiones o siquiera la tecnología.
Lo que la llevó a dejar una carrera consolidada en algunas de las instituciones financieras más importantes del mundo fue una convicción sencilla: demasiadas personas seguían creyendo que invertir era un tema exclusivo para especialistas.
“Durante demasiados años vimos el mismo problema. Familiares, amigos y, sobre todo, mujeres que no sabían cómo empezar. Había una necesidad enorme y sentimos que era el momento de construir algo para resolverla”, recuerda.
Con el tiempo, esa decisión terminó confirmando que el impacto de una fintech no siempre puede medirse únicamente en usuarios o activos administrados.
Florencia habla con especial emoción de las historias que recibe de quienes comenzaron invirtiendo cantidades pequeñas y terminaron desarrollando un hábito que transformó su relación con el dinero.
Recuerda, por ejemplo, a una clienta que llegó convencida de que los 50 mil pesos que tenía ahorrados eran insuficientes para invertir. Años después, gracias a la constancia y a la disciplina, ese patrimonio ya superaba el millón de pesos. También menciona el caso de una mujer que encontró en sus inversiones la independencia económica necesaria para salir de una relación que ya no quería mantener.
Para Florencia, esas historias resumen el verdadero propósito de la empresa.
Porque hablar de patrimonio no significa únicamente acumular dinero.
También significa ampliar las posibilidades de elegir, ya sea emprender, cambiar de trabajo, estudiar, quedarse o irse.
Elegir sin depender económicamente de otra persona.
Cinco años después de fundar Pilou, Patricia Florencia reconoce que emprender también le obligó a aprender algo que pocas veces aparece en los planes de negocio: cuidar su propia salud mental.
El crecimiento de una startup, explica, puede ser profundamente solitario.
Por eso convirtió el bienestar en parte de su rutina.
Meditación, yoga, ejercicio, lectura, procesos de coaching y una red de mentores forman parte de una disciplina que considera tan importante como cualquier estrategia financiera.
“Primero tengo que cuidarme yo para poder presentarme de la mejor manera ante el equipo, los clientes y la empresa”, afirma.
Ese enfoque coincide con una tendencia creciente dentro del ecosistema emprendedor. Organizaciones como la OCDE y diversos estudios sobre liderazgo coinciden en que las habilidades emocionales, la capacidad de construir equipos resilientes y el aprendizaje continuo serán tan determinantes para las empresas como la innovación tecnológica durante los próximos años.
Cuando se le pregunta cómo definiría el mayor éxito de Pilou, Florencia no menciona valuaciones, rondas de inversión ni expansión internacional.
Su respuesta va en otra dirección.
“Que millones de latinos y latinas encuentren su autonomía financiera. Ese sería el mayor logro de Pilou”.
Quizá esa sea también la idea que mejor resume el momento que vive la industria fintech.
Durante años el debate giró alrededor de abrir más cuentas, digitalizar procesos o incorporar inteligencia artificial.
Hoy la conversación comienza a desplazarse hacia una pregunta distinta: ¿cómo lograr que más personas utilicen esas herramientas para mejorar realmente su vida?
La historia de Patricia Florencia sugiere que la respuesta no pasa únicamente por desarrollar mejor tecnología.
Pasa por construir confianza.
Por traducir conceptos complejos a un lenguaje cotidiano.
Y por recordar que la inclusión financiera no termina cuando alguien abre una cuenta de inversión, sino cuando ese conocimiento se convierte en una herramienta para decidir con mayor libertad sobre su propio futuro.

