
Por primera vez en la historia moderna, el número de multimillonarios en el mundo ha superado la barrera de las 3,000 personas, según el último informe de la organización internacional Oxfam. El fenómeno se produce en un contexto de aceleración inédita de la riqueza extrema, donde la fortuna colectiva de los más ricos alcanzó niveles récord mientras la pobreza y la inseguridad alimentaria permanecen o empeoran en gran parte del planeta. Esta disparidad ha generado alertas entre economistas, activistas y líderes de opinión sobre los efectos sociales, políticos y democráticos de una concentración tan profunda de recursos en manos de unos pocos.
Según el informe “Resisting the Rule of the Rich: Protecting Freedom from Billionaire Power” de Oxfam, la fortuna acumulada por los multimillonarios creció más de 16 % en 2025, alcanzando un total de 18.3 billones de dólares, un nivel sin precedentes. Ese ritmo de crecimiento fue tres veces más rápido que el promedio de los últimos cinco años, según el análisis presentado con motivo del Foro Económico Mundial en Davos.
Este aumento tan acelerado de la riqueza extrema ha impulsado el número de milmillonarios a más de 3,000 por primera vez en la historia, una cifra que contrasta radicalmente con las condiciones económicas de amplias mayorías de la población mundial que enfrentan pobreza, inseguridad alimentaria y limitado acceso a servicios básicos.
El mismo informe de Oxfam destaca que la reciente expansión de la riqueza multimillonaria no ha sido acompañada por mejoras significativas en las condiciones de vida de las grandes mayorías. Cerca de casi la mitad de la población mundial vive con menos de 8.30 dólares al día, y un 28% enfrenta inseguridad alimentaria en 2025, subrayando una brecha que continúa ampliándose pese a la prosperidad de los más adinerados.
Los criterios que han favorecido esta acumulación incluyen políticas fiscales favorables a los más ricos, reducciones de impuestos en varias economías clave y regulaciones suavizadas para grandes corporaciones, que, según Oxfam, han beneficiado de manera desproporcionada a las élites económicas.
Una de las advertencias más críticas del informe se refiere a la creciente influencia política y mediática de los multimillonarios. Oxfam destaca que las personas con fortunas extremas son 4,000 veces más probables de ocupar cargos públicos que el ciudadano promedio y que controlan una porción significativa de los grandes medios de comunicación globales. Esto, según los investigadores, puede moldear normas, leyes y políticas públicas en favor de intereses privados antes que del bien común.
Expertos y activistas señalan que ese poder concentrado no solo impacta la economía, sino también el proceso democrático y la confianza pública en las instituciones, alimentando críticas sobre el posible debilitamiento de la participación ciudadana frente a las élites económicas.
El auge de la riqueza extrema ha desencadenado reacciones sociales en diversas regiones del mundo. En África, Asia y América Latina, se han observado protestas impulsadas por jóvenes y comunidades afectadas por recortes en servicios públicos, desempleo y disparidades de ingreso, exigiendo mayor equidad y justicia económica.
Organizaciones como Oxfam y defensores de políticas progresivas llaman a implementar impuestos más altos sobre la riqueza extrema, mayores controles a monopolios y reformas estructurales que reduzcan las asimetrías económicas, con el argumento de que la actual trayectoria amplifica las desigualdades en lugar de mitigarlas.
