
La comunidad empresarial mexicana se encuentra de luto tras el fallecimiento de David Garza Lagüera, destacado empresario, filántropo y figura clave del desarrollo social y ambiental en el norte del país. Hijo de Eugenio Garza Sada, uno de los fundadores del Tecnológico de Monterrey y pilar del crecimiento industrial de Nuevo León, Garza Lagüera murió a los 91 años dejando atrás una trayectoria marcada por el impulso de proyectos empresariales estratégicos, iniciativas filantrópicas y una visión orientada al bienestar colectivo.
David Garza Lagüera nació en 1934 en el seno de una de las familias más emblemáticas del empresariado mexicano. Hijo de Eugenio Garza Sada, fundador del Tecnológico de Monterrey y figura central en la expansión de empresas como Cervecería Cuauhtémoc y FEMSA, Garza Lagüera creció bajo la influencia de una tradición empresarial con enfoque social.
A diferencia de algunos de sus hermanos e integrantes de la familia con roles más visibles en los consejos corporativos, él optó por un perfil más discreto pero igualmente significativo. Su enfoque combinó estrategia empresarial con causas sociales y ambientales, lo que le ganó reconocimiento en distintos ámbitos.
La trayectoria profesional de Garza Lagüera se caracterizó por su participación en sectores clave de la economía regiomontana y nacional. Entre sus roles más destacados estuvo su liderazgo como presidente de Madisa y Grupo Delta, empresas vinculadas al desarrollo industrial e inmobiliario en Nuevo León.
Su visión también impulsó proyectos urbanos relevantes, como la consolidación de zonas estratégicas en Monterrey que hoy son parte del desarrollo moderno de la ciudad. Aunque mantuvo un bajo perfil mediático, su influencia fue palpable en diversas decisiones estratégicas dentro del grupo empresarial familiar.
Más allá del mundo corporativo, Garza Lagüera destacó por su compromiso social. Fundó la fundación ADMIC Nacional A.C., una organización que durante más de tres décadas ofreció capacitación, asesoría financiera y créditos a microempresas y familias sin acceso a la banca tradicional, contribuyendo al desarrollo económico de comunidades marginadas.
Su interés por la conservación ambiental lo llevó a colaborar con el Departamento de New Mexico Wildlife para la reintroducción del ciervo canadiense en México, así como a apoyar investigaciones sobre la conservación del oso negro mexicano, reforzando su legado en la protección de la biodiversidad.
La educación fue un eje constante en la vida de Garza Lagüera. Al igual que su padre, promovió activamente el desarrollo del Tecnológico de Monterrey, institución que ha marcado la formación de generaciones de profesionales en México.
Además, su labor en la preservación del legado de la familia incluyó apoyo a iniciativas culturales y humanistas que buscaron mantener vivos los valores éticos e institucionales que caracterizaron a la dinastía Garza Sada.
