
Cuando una empresa hotelera dice que trabaja en sustentabilidad, es fácil imaginar focos LED, ahorro de agua, menos plásticos o paneles solares. Todo eso importa.
Pero un hotel puede reducir su consumo eléctrico y seguir dejando fuera del mercado laboral a personas con discapacidad. Puede eliminar el papel de las habitaciones y no tener políticas capaces de integrar a una persona trans. Puede publicar compromisos ambientales y mantener una relación prácticamente inexistente con la comunidad que vive alrededor.
Para Agustina Nadalini, líder del programa de sustentabilidad para América de Minor Hotels Europe & Americas, esa es precisamente la otra mitad de la conversación.
“Dentro de Minor Hotels no solamente le damos importancia al cuidado del medio ambiente, sino también a la responsabilidad social”, explica en entrevista con Emprendedor.com. La estrategia regional distingue dos grandes pilares: Up for Planet, enfocado en el componente ambiental, y Up for People, que trabaja sobre colaboradores, inclusión y comunidades.
Nadalini asumió formalmente el liderazgo regional de Up for People en 2026, con la misión de trasladar una estrategia global a realidades tan distintas como México, Colombia, Chile o Argentina.
Y ahí empieza el verdadero trabajo.
Porque una buena intención es fácil de copiar, pero una estrategia social que funcione en varios países, pueda medirse y sobreviva cuando termina la campaña de comunicación es bastante más difícil.
Nadalini marca una diferencia entre hacer filantropía y construir impacto social.
La primera puede consistir en una donación, una jornada de voluntariado o una actividad puntual.
La segunda necesita continuidad y datos.
“Todos los años tomamos nota y auditamos los resultados de los programas que llevamos adelante”, señala. Para ella, publicar esa información permite saber si una iniciativa está creciendo, si puede sostenerse y si realmente está produciendo cambios.
Los números más recientes muestran la dimensión.
El Informe Anual 2025 de Minor Hotels Europe & Americas reporta 62,636 beneficiarios de iniciativas sociales, frente a 17,625 en 2024. También registra 185 iniciativas, 2,720 voluntarios internos y 273 hoteles involucrados. El crecimiento de beneficiarios fue de 255.4% interanual.
Eso no demuestra por sí solo que cada programa haya transformado la vida de sus participantes.
Sí hace algo importante: permite dejar de hablar únicamente de intención.
Para una pyme, esa lógica se puede reducir a una pregunta mucho más sencilla:
Si dices que estás generando impacto, ¿qué número cambiaría si dejaras de hacerlo mañana?
No necesita ser una métrica sofisticada. Puede ser personas contratadas, horas de capacitación, permanencia laboral, beneficiarios, voluntarios o familias acompañadas. Lo importante es que exista una manera de distinguir una acción bonita de un programa que está funcionando.
Minor Hotels opera en mercados con legislaciones, culturas y necesidades distintas.
Por eso Nadalini rechaza una fórmula idéntica para todos.
“Los programas son los mismos, pero no dejamos de prestar atención y de adaptar el programa a la necesidad de cada una de las ciudades”, explica.
Una de las herramientas para hacerlo son las alianzas locales.
En los programas de inclusión laboral, las organizaciones especializadas ayudan a encontrar candidatos, acompañar su incorporación y preparar al equipo que va a recibirlos.
Ese punto importa porque contratar de forma inclusiva no consiste únicamente en abrir una vacante.
“Lo primero es que no hay que tener miedo”, dice Nadalini.
Uno de los programas más visibles de Minor Hotels en la región es DowNHstate, enfocado en incorporar laboralmente a personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual.
El proyecto comenzó en Argentina con apoyo de ASDRA y posteriormente se extendió a Chile, Colombia y México con organizaciones especializadas de cada mercado.
El objetivo, según Nadalini, va más allá de colocar a una persona dentro de un hotel.
Busca que pueda desarrollar autonomía económica y formar parte del equipo en condiciones reales de trabajo. El acompañamiento incluye también capacitación a sus compañeros.
La necesidad existe.
En México había 9.5 millones de personas con discapacidad en 2024, de acuerdo con INEGI. Los Censos Económicos identificaron 102,285 unidades económicas que declararon emplear al menos a una persona con discapacidad.
Otro dato permite dimensionar mejor la brecha: la tasa de participación económica de las personas con discapacidad fue de 40.6% en 2023, frente a 68% entre quienes no presentaban discapacidad.
Es decir, la inclusión laboral no es simplemente un asunto de reputación corporativa. También es una discusión sobre talento que sigue fuera del mercado.
El proyecto DowNHstate obtuvo en 2024 una distinción en la categoría “Inclusión para un futuro” del Concurso de Hotelería Sustentable realizado en el marco de HOTELGA.
Pero el reconocimiento más importante sería otro: que contratar de esta manera dejara de ser noticia.
La estrategia también incluye alliNH, enfocada en inclusión de personas LGBTIQ+ y contratación de personas trans.
Minor Hotels la describe como un programa que combina sensibilización, capacitación y alianzas para crear espacios laborales seguros y libres de discriminación.
El contraste es útil para cualquier empresa porque publicar un arcoíris en redes sociales en junio es sencillo. Revisar procesos de contratación, capacitar a líderes, crear protocolos contra la discriminación y ofrecer oportunidades reales de desarrollo es lo complejo.
También dice mucho más sobre la cultura.
Los datos corporativos actualizados muestran que en 2025 las mujeres representaban 51.2% de la plantilla de Minor Hotels Europe & Americas y 46.3% de las posiciones directivas. La organización reportó además 168 nacionalidades entre 13,831 colaboradores; 29% trabajaba en un país distinto al de origen.
La diversidad, en este caso, no se limita a género u orientación sexual.
En hotelería, una industria donde personas de distintos países atienden a huéspedes de todo el mundo, también se convierte en una característica cotidiana de la operación.
Otra pieza de Up for People es Together With Love, un programa de voluntariado en el que los empleados participan en actividades comunitarias.
Nadalini insiste en una palabra que parece obvia pero no siempre lo es:
“Voluntario”.
“No obligamos a nadie a formar parte”, explica. “Cada vez hay más gente que quiere participar”.
Una de las acciones en América Latina es la Feria Circular.
Los colaboradores donan ropa en buen estado. Después, en lugar de venderse por dinero, las prendas se intercambian por alimentos no perecederos, que posteriormente son entregados —junto con la ropa restante— a organizaciones sociales.
El esquema conecta dos agendas que muchas compañías administran por separado: reducción de residuos e impacto comunitario.
También transforma al trabajador en participante. No recibe únicamente un correo explicándole los compromisos ESG de su empresa, sino que lo hace parte.
Y esa diferencia importa porque la sustentabilidad corporativa corre el riesgo de convertirse en un lenguaje que existe únicamente en presentaciones de PowerPoint y reportes anuales.
Quizá el programa que mejor explica la estrategia sea Hotels With a Heart.
Minor Hotels ofrece habitaciones sin costo a familias que deben viajar porque un niño o adolescente necesita tratamiento médico. En México estableció en 2026 una alianza con Dr. Sonrisas para proporcionar hospedaje durante esos traslados.
La compañía también trabaja globalmente con organizaciones como Make-A-Wish.
Nadalini recuerda historias de niños que querían conocer el mar, ver la nieve o viajar para encontrarse con su equipo favorito. El hotel deja entonces de ser solamente el lugar donde alguien duerme durante el viaje.
Se convierte en parte de la posibilidad de hacerlo.
Aquí aparece una lección empresarial interesante. Una estrategia social puede tener más sentido cuando utiliza aquello que la compañía ya sabe hacer:
La responsabilidad social no siempre necesita inventar una actividad completamente ajena al negocio.
A veces empieza preguntando qué activo ya tienes que para otra persona puede ser extraordinariamente valioso.
Nadalini tiene claro qué le gustaría encontrar si volviéramos a conversar dentro de cinco años.
Más personas empleadas.
Más beneficiarios.
Programas extendidos a más hoteles.
Pero, sobre todo, evidencia de que esas iniciativas siguieron creciendo.
“Lo importante no es solamente mantenerlos, sino que los resultados vayan evolucionando”, explica.
Ahí está probablemente la diferencia entre una campaña y un legado.
Una campaña puede terminar cuando cambia el presupuesto.
Un programa puede sobrevivir a quien lo anunció.
