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Humanos para emprender, agentes para multiplicar.

El gigante de la moda rápida Forever 21 cayó de nuevo: la marca se declaró en bancarrota por segunda vez en menos de cinco años. La cadena anunció el cierre de más de 200 tiendas en Estados Unidos. Este colapso no es casualidad, detrás hay una combinación de inflación, altos costos operativos y, sobre todo, la feroz competencia de Shein y Temu, que dominan el comercio electrónico con precios ultra bajos y envíos rápidos.
Esta no es la primera vez que Forever 21 enfrenta esta situación: ya en 2019 intentó reinventarse tras su primera quiebra. Sin embargo, la pandemia, los problemas de cadena de suministro y una deuda de $1,580 millones de dólares la llevaron al límite.
El golpe más duro para Forever 21 vino de Shein y Temu, plataformas chinas que revolucionaron la moda rápida con precios imposibles de igualar.
Su ventaja clave: el mecanismo “de minimis”. Se trata deuna exención arancelaria que les permitió importar productos a Estados Unidos sin pagar impuestos si su valor era menor a $800 dólares. Esto, sumado a una logística imbatible y algoritmos que anticipan tendencias, les dio una ventaja insuperable.
Forever 21, en cambio, debía pagar aranceles por sus importaciones, encareciendo sus costos. Incluso intentó una alianza con Shein en 2023, pero fue demasiado tarde.
“Shein y Temu trasladan sus ahorros a los clientes, mientras nosotros no podemos competir”, explicó Stephen Coulombe, director de reestructuración de Forever 21, en declaraciones recogidas por El Tiempo.
El consorcio que la rescató en 2020 —Authentic Brands Group, Simon Property Group y Brookfield— inyectó capital, pero el modelo de tiendas físicas ya no era viable. La pregunta ahora es si otras cadenas tradicionales seguirán el mismo destino en esta guerra desigual contra el e-commerce globalizado.
Los documentos judiciales revelan el descalabro financiero de Forever 21:
Aunque la marca generó $2,000 millones en ventas en 2021, la inflación y los costos de inventario la estrangularon. Para empeorar las cosas, se dice que hasta 350 tiendas en EU podrían cerrar, y aunque la empresa negoció recortes de 50% en rentas para ahorra unos $50 millones de dólares, no fue suficiente.
El consorcio que la rescató en 2020 —Authentic Brands Group, Simon Property Group y Brookfield— inyectó capital, pero el modelo de tiendas físicas ya no era viable. Analistas señalan que Forever 21 subestimó el poder del e-commerce y no adaptó su cadena de suministro a la velocidad de sus rivales.
Mientras, Shein y Temu facturan $30,000 millones anuales combinados, sin necesidad de tiendas físicas.
Aunque este capítulo parece el fin, Forever 21 no desaparecerá del todo. Mientras sus tiendas físicas desaparecen en Estados Unidos, la marca seguirá operando en línea y en mercados internacionales como México, donde funciona bajo el modelo de franquicias independientes.
En Estados Unidos, la marca busca compradores urgentes: más de 200 inversionistas fueron contactados, y 30 firmaron acuerdos de confidencialidad, pero aún no hay ofertas concretas.
La prioridad es liquidar activos (inventario, mobiliario) para pagar deudas. Mientras, la propiedad intelectual (el nombre y logo) no está en riesgo, lo que deja la puerta abierta a un relanzamiento digital.
Expertos sugieren que, para sobrevivir, la marca debe:
¿Fue solo cuestión de tiempo o hubo errores estratégicos? Lo cierto es que este caso refleja un cambio radical en el retail y Forever 21 deja 3 lecciones clave para el sector:
¿Otras cadenas seguirán el mismo camino? Analistas apuntan a Bath & Body Works, Gap y Victoria’s Secret como vulnerables. Mientras, el Congreso de EE.UU. debate eliminar el esquema “de minimis”, lo que podría equilibrar la competencia.
Para los consumidores, el cambio ya es realidad: la moda rápida ahora es digital, ultrabarata y desechable. Forever 21 fue un ícono, pero en la era de Shein, la nostalgia no paga deudas.
