
El costo de ignorar la agenda climática y el cambio climático impacta ingresos y acceso a capital. Para muchas empresas en América Latina, reducir emisiones o destinar presupuesto para infraestructura circular dejó de responder únicamente a criterios ambientales; la presión ahora llega desde los costos operativos, los fondos de inversión y las cadenas de suministro globales.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que la inversión mundial en tecnologías limpias alcanzó los 3.3 billones de dólares en 2025. Este crecimiento responde al avance de energías renovables, almacenamiento y eficiencia industrial, sectores donde las compañías encuentran ahorros operativos.
Ese cambio de enfoque marcó una de las conversaciones centrales de la tercera edición del LatAm Climate Innovation Summit 2026, organizado por Dalus Capital con Deloitte como sponsor principal en Ciudad de México, donde actores del ecosistema abordaron cómo las estrategias climáticas impactan directamente en indicadores financieros y decisiones de expansión.
Con 236 participantes, speakers de primer nivel activos en la agenda, nueve startups compartiendo su pitch en el escenario, tres reverse pitches donde instituciones como Gunderson Dettmer, British Embassy México y Fondo de Fondos presentaron sus estrategias y oportunidades de colaboración, así como cuatro breakout rooms en paralelo, el encuentro demostró que el ecosistema climático de la región ha madurado: ya no busca convencer, busca escalar.
Además, reunió a una red de actores que hoy aceleran el ecosistema climático en la región. Deloitte participó como patrocinador en la categoría Climate Leader y Gunderson Dettmer como Sustainable Champion, mientras que organizaciones como JICA, BID Lab, FOCIR, Tecnológico de Monterrey, UNAM, Watershed, México Circular Hub, ProColombia, ProChile, CATAL1.5°T, GIZ y México por el Clima se integraron como aliados estratégicos del summit.
Como media partners, Apolo 25, Ecoosfera e Impact Alpha acompañaron una conversación donde capital, innovación y transición climática dejaron de discutirse por separado para empezar a operar como parte de una misma agenda de negocio en América Latina.
Infraestructura hídrica, plantas de reciclaje y eficiencia energética fueron algunos de los temas abordados durante el encuentro. La discusión dejó claro que las compañías evalúan sus inversiones bajo métricas de retorno y acceso a capital.
En Estados Unidos, por ejemplo, Select Water Solutions y Occidental Petroleum reciclaron recientemente millones de barriles de agua en una instalación industrial de Nuevo México, proyecto diseñado para reducir el consumo de agua dulce y los costos asociados a extracción y transporte.
La conversación mostró cómo la agenda climática está migrando de una lógica de cumplimiento hacia una visión enfocada en productividad, eficiencia y competitividad.
En Latinoamérica, el interés también crece alrededor de modelos de economía circular capaces de recuperar materiales y reducir la dependencia de materias primas.
Para fondos de inversión y corporativos este tipo de enfoques abre oportunidades en sectores históricamente asociados únicamente al cumplimiento regulatorio.
“El capital climático dejó de concentrarse solamente en iniciativas experimentales; hoy busca soluciones capaces de operar a escala y resolver problemas industriales y ambientales concretos”, explica Mili Romano.
Otro de los temas abordados fue el acceso a financiamiento. Fondos internacionales incrementan la presión sobre proveedores y socios comerciales para demostrar métricas ambientales claras, desde consumo de agua hasta emisiones de carbono. Esta exigencia empieza a definir qué empresas acceden a contratos y cuáles quedan fuera de cadenas de valor estratégicas.
El Fondo Monetario Internacional señala que las empresas latinoamericanas con altas emisiones enfrentan un mayor riesgo financiero, particularmente después de anuncios relacionados con política climática.
No existe una ‘bala de plata’ contra la crisis climática; la respuesta está en el esfuerzo conjunto de todo el ecosistema: startups, empresas, sector público y académicos.
El Climate Summit cumplió su objetivo de activar ese campo fértil de conexiones indispensables para acelerar la transición.

