
Cuando Arturo Garcés lanzó lo que hoy conocemos como Edutory, no estaba pensando en revolucionar el sector educativo. Estaba tratando de resolver una pregunta simple —y angustiante— que miles de padres se hacen cada año: “¿Dónde inscribo a mi hijo?”. Lo que comenzó en 2016 como BuscandoEscuela.com terminó convirtiéndose en Edutory México, una plataforma que hoy conecta a familias con escuelas privadas en más de 10 ciudades del país. “Si no apareciéramos en la primera página de Google, no tendríamos negocio”, me dijo sin rodeos. Y en esa frase se resume tanto su modelo de negocio como su obsesión por el posicionamiento, la tecnología y la eficiencia.
Edutory nació en 2016 con otro nombre: BuscandoEscuela.com. El objetivo era resolver la falta de información estructurada sobre colegios privados: ubicaciones, horarios, niveles, certificaciones y costos.
En ese momento, la penetración digital del sector educativo era limitada. Aunque el acceso a internet en México ha crecido significativamente —según el INEGI, más del 81% de la población es usuaria de internet—, hace una década muchas escuelas no contaban con estrategias digitales sólidas.
“Queríamos que las familias pudieran encontrar escuelas y que las escuelas pudieran encontrar familias”, explica Garcés.
Edutory opera bajo un modelo de membresías anuales que las escuelas pagan para aparecer en el directorio. Aunque algunos lo consideran un marketplace o una SaaS, Garcés lo define como un servicio de posicionamiento y generación de leads.
El mercado no es menor. De acuerdo con datos de la SEP, millones de estudiantes asisten a instituciones privadas en México, particularmente en educación básica y media superior. Cada ciclo escolar implica decisiones de alto impacto financiero y emocional para las familias.
“El tráfico es la piedra angular”, afirma Garcés.
Cuando un padre busca “primarias privadas en Coyoacán” o “colegios en Zapopan”, Edutory aparece en los primeros resultados. En un entorno donde el 75% de los usuarios no pasa de la primera página de Google —según estudios de comportamiento digital citados por HubSpot—, esa visibilidad es crítica.
Además, la plataforma ha logrado posicionarse incluso en los resúmenes generados por IA en buscadores, consolidándose como fuente confiable.
A diferencia de otros directorios, Edutory apuesta por fichas amplias y específicas: horarios extendidos, horas de inglés o francés, certificaciones, costos y actividades extracurriculares.
“Es una decisión comparable a comprar un refrigerador: comparas, revisas reseñas, analizas opciones”, explica Garcés.
La inteligencia artificial se ha convertido en una nueva frontera para la empresa. Garcés señala que muchos clientes reportan que, al buscar en ChatGPT o Gemini, la información proviene de los textos cargados en Edutory.
La estrategia es clara: convertirse en fuente estructurada para modelos de lenguaje que consumen datos educativos.
El mercado edtech en América Latina está en expansión. Según HolonIQ, la inversión en tecnología educativa ha crecido sostenidamente en la región, impulsada por digitalización postpandemia.
“Cuando una escuela renueva, sabemos que está satisfecha”, dice Garcés.
La retención anual es su KPI más relevante, junto con crecimiento de membresías y generación de leads. En modelos de suscripción, la retención suele ser más significativa que la adquisición, porque refleja valor real percibido.
Uno de los mayores desafíos ha sido la penetración regional. Edutory opera en alrededor de 10 ciudades y busca expandirse a mercados medianos en los próximos tres a cinco años.
El fenómeno FOMO juega un papel clave: cuando una escuela ve que su competencia ya está en la plataforma, la decisión de sumarse es más rápida.
Entre las tendencias que marcarán la próxima década, Garcés destaca el enfoque STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics), que ya domina currículos globales.
También subraya el papel de la IA como complemento docente: generación de contenido, optimización de procesos repetitivos y personalización del aprendizaje.
“La IA es un complemento, no un sustituto”, afirma.
La gamificación, por su parte, incrementa el engagement en niveles iniciales, impulsando el aprendizaje a través de dinámicas lúdicas.
Para Garcés, tecnología y progreso son casi sinónimos.
En un país con profundas desigualdades educativas, la digitalización puede ser una herramienta para democratizar acceso a información y recursos. Aunque reconoce que las brechas no desaparecerán por completo, cree que la tecnología es indispensable para reducirlas.
No todo ha sido crecimiento. Garcés recuerda un episodio oscuro al lanzar una expo educativa paralela al directorio. La iniciativa generó deudas significativas y despidos.
“Fue un aprendizaje muy caro, pero nos hizo evolucionar”, reconoce.
Esa crisis redefinió su estilo de liderazgo: probar rápido, medir con números y equivocarse con aprendizaje.
Garcés se define como un líder que delega y fomenta estructuras horizontales. “Contrato a alguien porque sabe más que yo en ese tema”, explica.
Su vena emprendedora nació desde joven: vendía dulces en secundaria y rentaba audio en fiestas antes de fundar Edutory.
Más allá de facturación, su métrica personal es clara: “¿A cuántas familias ayudamos a elegir correctamente?”.
Si Edutory logra que más alumnos estén en la escuela adecuada, su impacto trasciende el negocio.
Arturo Garcés no planeó convertirse en referente del sector educativo digital. Fue un proceso de prueba y error, de SEO obsesivo y decisiones arriesgadas. Hoy, Edutory busca consolidarse como el puente entre escuelas privadas y familias en México, en un entorno donde la información, la tecnología y la personalización definen el futuro educativo. Su historia es la de un emprendedor que aprendió —a veces a golpes— que la innovación no está solo en el producto, sino en la capacidad de adaptarse y evolucionar.
